DESDE EL CÓSMICO UMBRAL DE LA MEMORIA
FRANCISCO HENRÍQUEZ
ANTOLOGÍA DE SONETOS
Poesía
© Francisco Henríquez, 2021
© de esta edición: Ediciones Deslinde
Edición y maquetación: Francis Sánchez
Diseño de cubierta: Manuel Iznaga
Corrección: Ileana Álvarez y Rosa Luna Martínez
Primera edición
Colección: Poesía
ISBN: xxx
Depósito Legal: xxx
http://www.edicionesdeslinde.com/
Impreso en Madrid, España, 2021
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Ediciones Deslinde
Apartado Postal: 20008
28027, Madrid, España
Autor: carta_lirica@yahoo.com
Casi 500 sonetos concebidos a través de muchos días y noches, meses y años; con todos sus defectos, no pretende sentar ejemplo de perfección en el soneto. Solo intenta agrupar en un tomo casi medio millar de sonetos ya publicados en libros y cuadernos desde el primer libro, Reflejos, publicado en Nueva York en 1973. Tomadlos pues, con indulgencia y benevolencia.
El autor
Buenos Días, Adiós, Hasta Mañana
Verso endecasílabo de Eugenio Florit
PRESENTACIÓN
Un libro no presume en su conjunto
resumir la visión de quien lo escribe,
su quehacer es del alma si describe
de lo malo o lo bueno cada punto.
Por lo tanto no quiero ni es mi asunto
pregonar en su esencia lo que exhibe;
solamente el lector es quien concibe
si ha de darlo por vivo o por difunto.
No temo ni a las flores ni a los cardos:
A mi alforja sin fondo van los dardos
que pudiera lanzarme el vulgo hiriente.
Que piense cada cual como le guste.
Nada habrá que de veras me disguste.
¡Si los hice pensar ya es suficiente!
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EN LA VETUSTA CASA DEL PLANETA
I
El huésped de la Casa de la Tierra
(se pudiera decir, estirpe humana)
se debate entre ayer, hoy y mañana
y vive de la paz estando en guerra.
Cuando a la casa temporal le cierra
la puerta que conduce a la fontana,
se limita a observar por la ventana
los postreros fulgores de la sierra.
Se muere su existir sin más salida
y, faltándole el hálito a la vida,
reduce su expresión a la mitad.
Se rodea de túmulos sin lumbre
y al tornarse obsoleta muchedumbre
maldice de su propia humanidad.
16
II
A partir del absurdo hacinamiento
ya no ve más allá de lo que toca;
nada nuevo sus ánimos provoca
ni se sustrae del enclaustramiento.
Sigue el mundo su ruta, raudo, lento,
tal vez en marcha de existencia loca,
y el mejor día, sin saberlo, choca
contra la piedra de su sentimiento.
La humanidad entera es un ser loco
que se está destruyendo poco a poco
con las armas monótonas que inventa.
Cada vez el incendio es más voraz,
pues el hombre presume de una paz
que en su fuero interior no representa.
17
III
La humanidad (el hombre) toma, lleva,
con orgullo la antorcha del progreso,
y al mismo tiempo se le nubla el seso
con las vagas neblinas de la cueva.
Cuanto más en su torpe afán se eleva
más parece estancarse en retroceso,
como si fuera insostenible el peso
que el duro sino que asumió conlleva.
Así, cargado va de incertidumbres
y si cree que es el dueño de las cumbres
lo sacude, de pronto, airado sismo...
Porque siempre la altura de la cima
está sólo a unos pasos de la sima
que viste con sinónimo de abismo.
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IV
Esta Casa, además del ser humano,
la habitan el volcán y el remolino;
la oveja, la paloma y el felino
y las fauces violentas del oceano.
La habitan la lechuza y el milano
y la hiena de diente de asesino;
el perro con sus hambres de canino
que el hombre reconoce por hermano.
Esta casa vetusta del planeta
la habitan el prosaico y el poeta,
la habitan el tahúr y el indigente.
Y en medio del estruendo y el barullo
se apagan con las risas del murmullo
los gritos de socorro de la gente.
19
V
La adornan majestuosos robledales,
los ríos, las praderas, las montañas...
y conserva en sus íntimas entrañas
las minas de petróleos ancestrales.
El oro —superior en minerales—
que lo falso y sin luz de brillo baña,
deslumbra y a la vez tuerce y engaña
la sensible visión de los mortales.
Con el oro se compran las conciencias
y se doblegan las inteligencias
cual débiles arbustos ante el viento...
Ese mal es tan viejo y tan profundo
que cubre las esencias de este mundo
como un manto de vil encubrimiento
.20
VI
Esta casa, mitad de paraíso
y mitad de covacha tenebrosa,
alberga los encantos de la diosa
rubricada en alado compromiso.
Es un fuego de amor en el hechizo
de la tarde serena y luminosa,
y la gracia del cielo la desposa
con el halo solemne del bautizo.
Se acicala con tintes de arrebol
y pretende que sube al mismo sol
a bañarse de luz en su reflejo.
Se mira en el espejo del crepúsculo
y Adán le muestra su rosado músculo
desde el lado invisible del espejo.
21
VII
Si brillara algún rayo de esperanza
más allá de los valles y colinas,
y arroyuelos con aguas cristalinas
trajeran la ilusión y la bonanza...
Si se viera asomar por lontananza
sobre paños de nubes blanquecinas
bandadas de radiantes golondrinas
con cantos de amorosa remembranza...
Entonces de la fe volviera el grito,
como voz que surgió del infinito
para darle al que sufre su consuelo,
deshacer de la tierra el signo malo,
haciendo que fulgure como un halo
de perenne alegría, todo el cielo.
22
VIII
Parece que el Amor que el Niño puso
para fértil semilla en la llanura,
no pudo hacer de la pradera oscura
jardín florido y de fulgor profuso.
Quizá su mano, sin saber, dispuso
contra la gracia de otra luz más pura,
y en vez de un huerto de mejor ventura
cavó un abismo, y se marchó confuso.
Tras hablarnos de bíblica conciencia,
se fue deprisa y nos dejó la urgencia
de vivir con las almas en tropel...
Veremos si es verdad o si es mentira,
pero es claro que el gesto hurgó en la ira
del gran Dios que reinaba antes que Él.
23
IX
Desde entonces al hombre lo vigila
la mirada secreta de un dios alto,
que dormido en su casa de cobalto
tiene un vidrio de azogue en la pupila.
Baja a la tierra por la tarde lila
y toma las praderas por asalto,
para ver cómo crece el sobresalto
del rebaño que al verlo se encandila.
Cuando vuelve a su casa con su luz
seguida por el signo de la cruz
la diosa de la sombra se divierte
y en hálitos de gloria transfigura
las tinieblas que invaden la llanura
con presagios miríficos de suerte.
24
X
Se espera que una mano salvadora
levante del abismo la pobreza
y que reine en el globo la nobleza
del triste, del que sufre, del que llora...
Se espera que una voz liberadora
libere al desvalido. La tristeza
ya no cabe en el vaso. La pereza
se debe disipar ante una aurora
que despunta, rosada, por Oriente
con fulgores de un astro permanente
que se ve cada día más cercano...
Así corre este mundo del profeta.
Así existe la “casa del planeta”
y vive, sin vivir, el ser humano.
Sonetos de fe
Glosa por un soneto de la poeta
Marisol de la Caridad García, de Tamarindo, Cuba.
I
Marisol es de allá, de Tamarindo,
pueblo con nombre y con olor a fruta
que lo alcanza, cualquiera, por la ruta
que Dios le hizo en el paisaje lindo.
De torpe sueño y vanidad prescindo;
lo que tuvo el pasado no me inmuta,
porque yo sé que el corazón disfruta
cuando ante el alma de su voz me rindo.
Me encontré a Marisol una mañana
de un junio no reciente: por cubana
me recibió feliz; agradecida...
Lo más hermoso de la vida es eso:
de nada vale el temporal regreso
si te quitan lo bello de la vida.
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II
Si te sientes morir a cada instante,
y notas que tu espíritu flaquea
dale dosis de alientos a la idea
y revive la vida agonizante.
Lo pasado pasó, queda delante
de nosotros un cielo que flamea,
hay un futuro que relampaguea
y una estrella fugaz pero constante.
Si el horror te persigue y te tortura
derrama tu pasión y tu ternura,
que con ello se alivia el sufrimiento.
Y aunque todo te falle en la intención,
no dejes que fenezca tu ilusión:
sobrevive en lo digno del intento.
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III
Hemos llegado al existir sin nada
y después el Señor nos lo da todo:
nos da el agua sin lodo y la del lodo;
del río hondo y la sutil cañada.
Nos presta vida ruda y vida holgada
para que analicemos, de ese modo,
si vamos a la vuelta de un recodo,
donde vive la fiera agazapada.
Mientras más alcanzamos, más queremos
y nos desorbitamos en extremos
que llegan a una forma desmedida.
Mas si naciste sin comida y paz
¿por qué sientes un miedo pertinaz
si te quitan la paz y la comida?
30
IV
Ama la vida material, la gente...
porque no sabe que el materialismo
le conduce a la orilla del abismo
donde sucumbe irremediablemente.
Rechaza la humildad; el subconsciente
se le nubla de nieblas de egoísmo.
Para vivir a bien con uno mismo
la bondad debe ser omnipresente.
Toma lo material como una prenda
que te da bienestar, no de prebenda
ni para construirte un monumento,
aunque llegues a ser dueño del mundo,
porque el amor es algo más profundo...
no le restes grandeza al sentimiento.
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V
La libertad del mundo actual peligra,
dondequiera se opaca su ejercicio.
De una parte se queda el beneficio,
pero otra parte de su tierra emigra.
El hombre libre con la luz transmigra
huyéndole al injusto sacrificio,
y espera en la distancia por el juicio
contra aquel que lo acosa y lo denigra.
En pasiva actitud pasa los años
cuando las nieves de los desengaños
lo cubren en un mundo de aislamiento.
Rebélate y reclama tu igualdad,
pues tendrás que morir sin libertad
si te quitan lo libre del aliento.
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VI
Donde la libertad es de unos cuantos
absoluto y sagrado patrimonio,
mandan a los más pobres al demonio
y envuelven en sus dogmas a otros tantos.
De sombras y penurias y quebrantos
dan las muertes y abusos, testimonio,
y queda sin castigo el matrimonio
que celebran heréticos y santos.
La justicia en las manos de unos pocos
solo aumenta el rebaño de los locos
con una humanidad más dividida.
No gozará de amor el mundo entero
hasta que no mantenga en su alto fuero,
la verdad, la justicia compartida.
33
VII
Como hiciera Jesús con sus verdugos
después de la primera bofetada,
vira tu rostro y deja tu mirada
que se asombre de látigos y yugos.
Si te niegan los fiambres y los jugos
de manera constante y racionada,
conforme los recoge la manada
recoge, sin protesta, los mendrugos
que te ofrece quien lleva el rifle al hombro.
No sufras ni protestes; ni un asombro
debe, en tus labios, encontrar salida.
Y aunque sientas arder tu vida entera
en tu angustia más dura y lastimera
haz un verso de amor por cada herida.
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VIII
Repartir de lo mucho que nos sobra
no tiene gracia a mi entender; yo creo
que si dar es lo noble del deseo
aun sin que nos sobre, dar es obra
que el filántropo cumple. La zozobra
se adueña de la idea del ateo:
cuando da, su tamaño es de pigmeo
¡y parece un gigante cuando cobra!
En amor y en la mesa, parte el pan
lejos y libre del mezquino afán
de esperar recompensa en el momento.
Comparte lo que puedas, que es hermoso.
Cuando todo se agote: sé copioso
y reparte bondad como alimento..
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IX
¡Cuántos seres nos quitan los bribones
que hacen las guerras y comercializan!
Constructores de bombas que idealizan
con rezos de ternura sus acciones.
Criminales de todas las regiones
que en las altas esferas socializan,
que sin ser religiosos simpatizan
con ciertas respetables religiones.
Luego de bombardear tiemblan de miedo
y piensan que si dicen cualquier credo
ya se libran del crimen y el pecado.
¿No pondrías tu credo en otras creencias
que marchen a la par de ocultas ciencias
si te quitan los seres que has amado?
36
X
Hay veces que nos quitan hasta el aire
y en el agua nos ponen aditivos,
para que no sintamos los motivos
que nos crece en el íntimo donaire.
Y con la anatomía de un desaire
nos infligen conceptos punitivos
que, aunque tengan efectos negativos,
son efectos que ocurren al desgaire.
Si te quitan de todo lo que tienes
una mínima parte, te sostienes
con la parte que guardas todavía.
Pero nunca podrás vivir contento
donde nace la luz y su elemento
si te quitan la fuerza y la alegría.
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XI
Hay veces que es mejor llorar a mares
en plena soledad y en sitio oculto,
que sufrir el sarcasmo del tumulto
que quiere dar alivio a tus pesares
pero vegeta tras lejanos mares
donde reinan el vago y el estulto.
Un dolor vivirá siempre insepulto
por encima de sombras y avatares.
Pero si una tristeza te sepulta
para toda la vida en esa oculta
covacha que el amor no ha transitado,
no olvides tus recuerdos más hermosos
ni los sitios del alma, misteriosos,
esconde algún recuerdo, el más preciado.
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XII
El átomo y la brisa no se ven:
son algo de tan fina transparencia
que no exponen la esencia por su esencia
sino que surgen por la voz del bien.
De la misma manera Dios también
se hace un eco a través de la conciencia,
y aunque no se le palpe su presencia
rige en todos los predios del Edén.
Decir que Dios no está, que Dios existe,
porque nunca lo has visto ni lo oíste,
me parece liviano. Siempre insisto
que regreses a ti y a tu reencuentro,
y en la parroquia de tu más adentro
ama a Dios aunque nunca lo hayas visto.
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XIII
Detrás de un sabio pobre otro más pobre
va recogiendo míseros rastrojos
y descienden, voraces, de sus ojos,
lágrimas de la pena más salobre.
Va descalzo y raído; vaga sobre
pedregales floridos en abrojos
y tinieblas; no tienen sus despojos,
si los quiere vender, valor de cobre.
Sin embargo el mendigo substituye
la sombra por la estrella porque intuye
que un día va seguido de otro día.
Si contemplas la vida en derredor
habrá muchos que cargan más horror,
y verás que al horror de una agonía.
40
XIV
Siempre acude una mano misteriosa
que alienta al cojo, le da luz al ciego,
y cubre con un manto de sosiego
la paz espiritual donde reposa.
Detiene la tormenta que lo acosa,
obedece el turbión al sacro ruego,
y una lámpara azul de claro fuego
resplandece en un asta luminosa.
Es que Dios está aquí: sólo se ve
a través de los ojos de la fe
—la virtud que no tiene el anticristo—.
No pretendas buscar la salvación
de tu ser en un mar de confusión...
sólo puede salvarte la fe en Cristo.
Octubre, 2000
Romance entre patos
43
EN EL PATIO FLORIDANO DE ANA Y FRANK.
BAJO EL TECHO DE LA TARDE
Junto a un lago sereno, cristalino, profundo,
un pato y una pata de un patio muy florido,
buscaban afanosos dónde formar un nido
distante del bullicio perturbador del mundo.
Vino el pato primero y, casi en un segundo,
consiguió dónde hacer el hogar preferido;
después vino la pata y dio su buen sentido,
fijando el dulce nido bajo el sol rubicundo.
El viviente común no hubiera imaginado
que la plúmea familia pusiese allí su amado
nidal, y en siete días multiplicara en siete.
En aquel ornamento, como una chimenea,
la pareja de patos con orgullo procrea
y navega la tarde, sobre el lago, al garete.
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LA COSECHA
Aquí está la vitrina que exhibe la cosecha
producto del amor, del tiempo, la constancia,
y los dueños del patio que, con su tolerancia,
han hecho ya posible completar esta endecha.
Si sigue este proyecto por la ruta derecha
vendrán días de vuelo, de brisa y de fragancia,
de patitos siguiendo junto al lago y la estancia
la que pudo haber sido blanco vil de una flecha.
Siempre hay almas que cuidan las cosas naturales
las que sobre el asfalto pueden crear un monte
y darle a sus riberas color de matorrales;
hacer que un gajo pueda serle nido a un sinsonte,
que dan calor al nido, confort a sus nidales
y pintarle una rosa de sol al horizonte.
45
EN EL SÉPTIMO DÍA
En el séptimo día la séptima postura
terminó de poner la mamá, suavemente,
y dispuso su cuerpo con la sangre caliente
a dar vida a los huevos con su temperatura.
Tras las cuatro semanas de fija cobertura,
unos plúmeos pichones brotarán de repente
como fruto sagrado de aquella diligente
pata-madre criadora de tal empolladura.
Hacia el día vigésimo octavo, esta pareja
ha de ver como cada patito rompe y deja
los estrechos estuches de aquellos cascarones.
Y después de haber sido por natura entrenados,
siguiendo con los hábitos de sus padres plumados,
por la orilla del lago volarán los pichones.
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EL PROCESO
Cuatro cuartos de luna que toma el empollado
atraviesa por riesgos que Natura ha previsto:
––Natura siempre tiene para ese riesgo, listo
el remedio preciso y además adecuado––.
Ante el riesgo presente la “madre” ha preparado,
de su propio plumaje, lo que aquí ya hemos visto:
una manta que cubre los huevos…¡Hasta Cristo,
si lo viera, muriese de asombro inusitado!
Sucede que la madre de vez en cuando sale
a cumplir exigencias de la fisiología
y cuida no dejar a la intemperie hostil
aquello que va a ser su más preciada cría.
Sin mucha extravagancia para hacerlo se vale
del amor más sublime y el valor más sutil.
47
SIGUE EL PROCESO
Rodeada de esa manta de plumas, pensativa,
como si en el futuro pensara, en el presente,
aquí vemos la madre del futuro, silente
cual si del sacrificio fuera la estampa viva.
¿Qué misterio profundo del arcano motiva
que se aleje tranquila de la suave corriente
del lago donde puede nadar plácidamente
con el bando de amigos que fue su comitiva?
Solamente una madre se sacrifica tanto,
solamente una madre soporta el sufrimiento
y no conoce un límite la pena de su llanto.
Aquí de cuerpo y alma, con todo el ser sediento,
va ganando la gloria del cariño más santo
y ella misma se erige su mejor monumento.
48
EL PARTO
Fueron largos los días, los días de la espera
pues fueron veintiocho los días que esperamos.
Fue la luna completa. Pero al fin aquí estamos
con los recién nacidos; es la familia entera.
¡Qué si valió esperar!, pues no de otra manera
mostrarían los rostros el placer que gozamos.
De ahora en adelante veremos qué inventamos
para que el entusiasmo que sentimos no muera.
Hay que buscarles nombres a los siete patitos,
sugiero Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes
y Sábado y Domingo… ¡Qué mejor que los días
de la semana en nombres para siete angelitos!
Y serán grandes patos los patitos en ciernes:
¡sin contarse los sueños y algunas fantasías!
49
PARIENDO
Dos de los nuevos críos murieron al nacer,
no sé si por asfixia, si por algún infarto…
Sólo cinco de siete rebasaron el parto;
ya Sábado y Domingo han dejado de ser.
Al menos ya estos cinco se empiezan a mover
y pronto los veremos vagar por el reparto
en forma de bandada, mientras versos yo ensarto
bajo las suaves brisas del tibio atardecer.
He aquí la prueba viva con estos cascarones
donde incubó Natura cinco formas de vuelo
en un nido de piedra. ¡La cosa no fue fácil!
Ya el parto llega al fin y, a saltar, los pichones
se alistan con la madre vigilante en el suelo,
todos con un plumaje de la hechura más grácil.
50
EL PRIMER AVENTURERO
Como todo en la vida siempre el más atrevido
es el que se aventura y el terreno examina,
aquí el primer patito con cuidado camina
después de haber dejado la ternura del nido.
Tras este aventurero de pronto lo han seguido
los otros adornados de pluma diamantina
y hacia el lago de un agua serena y cristalina
a darse un chapuzón el quinteto ha corrido.
Unas horas de vida sólo cuentan los nuevos
personajes que habitan esta parte del mundo
y ya tienen más fuerza que un muchacho de trece
primaveras cumplidas… Atrás quedan los huevos
y la angustia del parto, pues segundo a segundo
ya cada uno de ellos con vida propia crece.
51
LA PRIMERA EXPERIENCIA
Aquí juntos los cinco con su madre y maestra
comienzan a tomar lecciones que, aprendidas
conforme a la Natura, pudieran salvar vidas
en los casos más graves de sequía siniestra.
La madre profesora, con esta noble muestra,
sólo imparte conductas por ella conocidas
y con estas virtudes, con bondad repartidas,
la gran sabiduría de su estirpe demuestra.
Ya con estas premisas la evolución se plasma
y es un hecho feliz para un nuevo escenario
en donde ha sucedido. Según dicen los dueños
(y lo dicen de un modo que al oído entusiasma)
la familia emplumada recorre el vecindario…
¡Y aunque no se sonrían, ya se ven muy risueños!
55
Erotismo vegetal
PAPAYO
Papayos hembras-machos reflorecen
en los huertos fecundos del planeta;
el macho airoso en la heredad vegeta
donde sus flores las lloviznas mecen.
Tienen el polen que después ofrecen
a las hembras de al lado. Se completa
el coito vegetal cuando en la meta
las papayas, del tallo, airosas crecen.
Así es como este amor un dios realiza
cuando a la hembra el macho poliniza
sin lo cual no encintasen las papayas.
De este erotismo vegetal se inunda
la brisa entera con la que fecunda
la rica flora desde tiempos mayas.
56
EVOLUCIÓN VEGETAL
Las abejas trabajan en labores
de refinado y hacendoso estilo;
cruzan la flora de albahaca y tilo
y juntan mieles, sales y colores.
Regresan presurosas a las flores,
se posan sobre el rojo verticilo,
y en la herida sedienta del pistilo
depositan su esperma de sabores.
En las colonias de la orilla ajena,
son parte necesaria de la escena
aves, ardillas, grillos y lagartos…
De luces bellas la estación se pinta,
¡pues acaba de ser natura encinta
y Diana espera frutecidos partos!
57
EROTISMO DE LA PIEDRA
Andando el bosque de mi lar un día,
donde natura encantadora medra,
y la ventisca del turbión no arredra
los follajes de inmensa lozanía…
encontréme una hiedra que subía
la pendiente porosa de la piedra
y viví la pasión con que la hiedra
los besos en la piedra repartía.
No creo raro que la flora envuelva
de amor florido y vegetal la selva,
sin que nadie lo haya descubierto.
Yo no dudo que salga a medianoche
un ceibo, y que derrame su derroche
de erotismo en la ceiba de su huerto.
58
LA ENREDADERA
El bejuco que sube por la cerca,
aun siendo del uvero o del ubí,
de pasiones lo toca un frenesí
y a cierto goce genital lo acerca.
La pasión del bejuco, firme, terca,
del madero al alambre tiende allí
sus brazos de erotismo, y para sí
abraza el dulce género que alterca.
La bejuqueda hasta parece haber
convertido a la cerca en su mujer
por la erótica forma en que la abraza.
En la noche, al cruzar los asteroides,
hay un rocío de espermatozoides
que tenue surco en la dehesa traza.
59
EL MUSGO
El musgo no florece ni da fruto,
pero vive abrazado a la humedad
de los brocales y en la oscuridad
de pedregales de color hirsuto.
Y goza, al parecer, cada minuto
de aquel abrazo con la soledad…
al pie del muro de la eternidad
se convierte en mural de lo poluto.
Y está todo el erial humedecido
por las múltiples veces que ha caído
su lluvia seminal en las paredes…
Cualquier aeda recreado en Eros
podría concluir que sus arqueros
obedecen a eróticas mercedes.
60
EL MAÍZ
Aunque crezca frondoso, de raíz
exuberante, en hojas y buen tallo,
no alimenta la casa del vasallo
si no llega a mazorca con maíz.
Así muere la planta que, infeliz,
no produjo rollones para el gallo,
ni alimento vital para el caballo,
para los hombres y la codorniz.
Pero creciendo con las otras, junto,
recibe el polen fecundante ¡y punto!:
Poliniza la planta, y en mazorca
regala el oro del maíz que adoro,
esa riqueza de gramínea. ¡El oro:
digno de hacerse codiciada ajorca!
61
LOS JAGÜEYES
He visto a los jagüeyes cuyos brazos
se abrazan de los árboles vecinos,
los abrazan con gestos masculinos
y se vuelven eternos esos lazos.
Los he visto en laderas y ribazos,
a la orilla de arroyos y caminos,
dominar a los cedros y a los pinos
con la fuerza vital de sus abrazos.
Los he visto soltar sus abundantes
leches de las cortezas excitantes,
sobre las otras plantas femeninas…
Y he visto en singular metamorfosis
las leches que, siguiendo la simbiosis,
transformaron las leches en resinas.
62
EL CACTO
Preso en el hábitat que lo rodea
sobre la arena del desierto hostil
surge en pareja de pasión febril
y allí se nutre del amor que crea.
Asimismo del agua que gotea
a manera del semen más sutil,
del útero arenoso hace pensil
donde, erótico, el ojo se recrea.
Canta el dios Eros por el regocijo
de ver el cacto con un nuevo hijo
del erotismo que produjo el acto.
El desierto ha parido un niño rubio
con sangre vegetal por el connubio
que sostuvo la arena con el cacto.
63
GESTACIÓN
Echa el hombre de campo la simiente
sobre el surco —vagina de la tierra—,
como espermatozoide que se aferra
y se enraíza en la humedad caliente.
Es verano y la luna está en creciente,
soplan húmedos vientos de la sierra,
la ventana del día Febo cierra
y se tiñe de rojo el Occidente.
Transcurren los minutos y las horas;
se impacienta el vergel con las demoras
del reloj, de los días y la fecha…
El huerto, exuberante, ha florecido
y se apresta el gañán agradecido
para el goce frutal de la cosecha.
64
LA CHAYOTERA
Sube los empalados a manera
de bejuco. Su rama muy coposa,
reproduce una fruta voluptuosa
que grácil baja de la enredadera.
Se le conoce por la chayotera:
y su chayote como un seno posa,
o semeja su carne a la pulposa
cosa de la mujer que desespera.
Abajo húmedo suco, yuca, cangre,
junto a la clorofila de la sangre
tornan el huerto en sol y papalote…
En una voz sexual se yuxtaponen
chayotera y yucal… Juntos exponen
las virtudes sexuales del chayote.
67
EROTISMO SENIL
Después de uno envejecer, la llama
del erotismo erecto se amortigua;
entonces arde como llama antigua
donde se goza lo que más inflama.
En este punto el sexo no reclama
nada más que la parte más exigua
de la carne que yace más contigua
a la esencia que el género derrama.
Lo que fuera delito en otra edad
deja los miedos de la pubertad
e inventa idealidades del delito.
Es otra forma de erotismo ardiente
y atrevido, que pasa por la mente
y goza con entrar en lo inaudito.
68
RAPTO
¡Vamos! —le dije y la trepé en el anca
de mi potranca, que se hinchó de brío,
y nos fuimos cantando hacia el bajío
donde empieza a elevarse la barranca—.
La desnudé sobre la yerba, blanca
de neblinas, de luna y de rocío,
junto al recodo donde duerme el río
y la corriente del pudor se estanca.
¡Nada turba la escena!: ni un rumor.
Las vírgenes del sexo y del amor
hacen de brújulas y de astrolabios.
Ella, con su pasión y mi locura…,
mientras yo recorría con premura
el mapa de su cuerpo con mis labios.
69
EN EL BAÑO
Para darte este baño de ternura
con mi lluvia de besos te cubrí,
y fue tan fuerte el erotismo en ti
que fui marcado por tu calentura.
En tu boca, tus senos, tu cintura…
todo ardía en un mismo frenesí;
igual temblor se apoderó de mí
y fui una parte de la quemadura.
Luego pusimos la pasión a arder,
y fue infinito el goce del placer;
como el deseo de la carne, extraño.
El amor del placer no se consume:
es así, como un frasco de perfume
que sobrevive más allá del baño.
70
UN NIDO
Posé mis labios en tu tibio cuello
para que el cisne del amor un nido
te hiciera, sobre el árbol florecido
y perfumado, de su talle bello.
Tu erótica mirada fue un destello
que jamás otro cisne ha conocido,
y anidó… ¡Primavera había venido
para ser un fulgor de todo aquello!
Urgido de insaciables fantasías
el cisne de tus ansias y las mías
entre eróticas alas se acurruca.
Al calor de tu sangre y de tu pecho
jamás antes un cisne como lecho
tuvo un nido de nácar en tu nuca.
71
VIOLADO
¡No me toques! —me dijo— y la miré
con un vacío corto de por medio.
Esta —me dije— debe ser el tedio
que vino a verme pero ya se fue.
Me tomó de la mano y la dejé
que fuese ella su mejor remedio.
Acortó la distancia en el asedio
y con locas pasiones la besé.
Entre mis brazos se rindió lo mismo
que las princesas del romanticismo…
Tócame —dijo— donde quieras, toca:
toca mis manos, mi cintura y entre
lo que te veda mi corpiño. ¡El vientre
se deshizo en panal para mi boca!
72
AVENTURA
Era poca la miel y la sed mucha:
Pensamos en buscar otro destino,
donde el amor signara nuestro sino
y el intento no fuera insana lucha.
Hicimos noche en la primer casucha
que, olvidada a la orilla del camino,
se caía a pedazos junto a un pino
que la crudeza natural serrucha.
Una vela alumbraba un catre viejo.
Desnudamos la lumbre del reflejo
y el candil fue señal para los dos…
Al otro día, entre hechizados nudos,
la luz del sol nos encontró desnudos
¡conforme al mundo nos trajera Dios!
73
INMATERIAL
Era un poeta de la edad confusa
—de los tantos que viven de la rosa—
que quiso hacer una adorable diosa
de lo que sólo fue su pobre musa.
Le dio belleza de la más profusa;
vírgenes labios, tez de mariposa
y la besaba como aquella cosa
que de verdad el erotismo abusa.
Enloquecido con el “ser” fantasma
—invento suyo— tanto se entusiasma
que se invade de idílicos veranos.
Y corre como un loco por la calle
sin la blanca materia de aquel talle
¡y dos senos quemándole las manos!
74
NOCTURNAL
En el lago de linfa azul violeta,
bajo el amplio reflejo de la luna,
recostada en un ceibo yace una
ninfa rosada de vestal silueta.
A los ojos lascivos de un poeta,
la limpia cabellera lacia y bruna
resalta la belleza y la embetuna
de cierto misticismo de paleta.
El poeta le canta un himno al lago,
un lente que retrata como un mago
los senos en las aguas cristalinas.
Las aguas, a manera de un espejo,
bajo el palio lunar son un reflejo
que se tiñe de gracias femeninas.
75
RECUERDO
Siempre recuerdo la mujer aquella
que me dijo su “no” una y mil veces,
multiplicándose como los “peces,
como los panes”, mi pasión por ella.
La vi distante como azul estrella
en mis más ardorosas desnudeces,
pero la amaba y le canté mis preces
que la elevaron cada vez más bella.
Amor platónico otros llaman a esto,
pero el impulso del amor y el gesto
cuando dejan de ser romanticismo,
aun sin tener la carne y sin tocarla,
puede darnos motivos para amarla
hasta donde nos quema el erotismo.
76
BÚSQUEDA
Busco a quien todo mi deseo sepa
—como todas las cosas del delirio—
frondoso huerto del otoño. Un lirio
que por el cuerpo del hechizo trepa.
Una muchacha que en mi cuarto quepa
y sepa hacer connubio del martirio;
que sepa en la alta noche ser un cirio
para alumbrar mi desolada estepa…
Unos oídos que el clamor recogen;
unas pupilas que el deseo acogen
cuando los senos erizados tremen…
Rumor que fije donde el árbol ronda
y crezca como un nido en una fronda
para los tibios pájaros del semen.
77
CAMINO DE BELÉN
Cuando una diosa mi lugar visita:
primeramente a sus ojazos miro;
de sus mejillas en el mar me tiro
y remo con las cruces de mi ermita.
Todo mi corazón se desorbita...
me rebajo a sus pies donde deliro
y por sus formas nacaradas giro
como quien un loquero necesita.
De sus muslos de mármol y marfil
formo peldaños de ilusión febril...
y en ese mismo luminoso edén
comienzo mi ascensión hacia su talle
por el bello camino de ese valle
que conduce a la entrada de Belén.
78
SUBLIMACIÓN
Por tus valles de carne, bajé ardido
como un río que corre y desemboca
donde el alma del tiempo se disloca...
El ayer ya es un sueño revivido.
La suerte del amor, pájaro herido,
dejó su nido en la distante roca,
y en la tibia azucena de tu boca
reconstruyó, con ilusión, un nido.
El nido creció en alas y voló
hacia otras tierras; desapareció
por las riberas de países bellos.
Y ahora mi pájaro sin nido y nada,
hace un nido nostálgico en almohada
que entibiaron tus cálidos cabellos.
79
ÉXTASIS DE MEDIANOCHE
Por cada estrella de esta noche mía
brilla la sangre del amor ardiente;
yo ya sé que tu cielo es diferente,
más limpio, más sereno. La pedrería
que asoma de las linfas de tu ría
tiene más luces que mi sol naciente:
Tu cielo es un collar fosforescente
que cuelga de tu cuello. ¡Cómo ansía
deleitarse mi boca en tu blancura,
ser náufrago en el mar de tu cintura,
beber del pozo que tu miel derrama,
y ser, en fin, tan ciego como un niño
que piensa que si pierde tu cariño
pierde la luna, el sol, el panorama...!
80
PRIMOROSA
Por ti, diosa, mi verso se hace rosa
que enjardina los valles de tu sueño,
junto a un río de miel donde despeño
las aguas de la sed más ardorosa.
Contigo fue la noche primorosa,
y el día más soleado y más risueño,
me sentí como rey: quizás el dueño
de los vergeles de tu mariposa.
¡Ah, qué mieles había en tus panales!
y de cuántos aromas tus rosales
circundaron mi antigua rosaleda.
Tus erectos jazmines eran dos
palomas que volaban hacia Dios
con plumaje de nácar, oro y seda.
81
AFIEBRADO BESO
Después del beso que afiebrado hería
los contornos del nácar de tu cuello,
fue una llama sublime tu cabello
y en tus ojos un huerto florecía.
No sé qué néctar sin cesar fluía
de la fontana de tu talle bello,
y supe que en el ala del destello
mi pájaro de amor me renacía.
Te quedaste suspensa, delirante,
sobre blanco algodón alucinante,
junto al sueño de amor por ti tejido...
y ya no quise abandonar el lecho
de un árbol que creció desde tu pecho
para que un pájaro tuviera un nido.
82
EX PROFESO
Si el amor de la carne es el exceso
que vuelve a los espíritus felices,
vale un mundo besar las cicatrices
de la mordida que dejara el beso.
Ese amor delirante que ex profeso
se ha dejado llevar por los deslices
siempre viene cubierto de matices,
de erotismos, ardores y embeleso.
No lo apaga ni el cierzo ni el relente
porque el fuego fulgura permanente
como una combustión en la ceniza.
Al choque de dos cuerpos ese imán
se convierte en el magma del volcán
que erupciona la carne y la erotiza.
83
¡ESTA DAMA...!
Si con su gracia a mi burdel baja,
primeramente le desrizo el pelo,
y en sus mejillas desarraigo un celo
libre de polvo, de penumbra y paja.
Mi enjuto corazón se desencaja,
se olvida de las prédicas del cielo,
y deshielan mis labios todo el hielo
que por las venas del deseo viaja.
La beso desde el pelo a la cintura;
sigo ese norte que me configura
la más perfecta estampa del vergel
donde Eva y Adán, solos, desnudos,
se ataron para siempre con los nudos
que tejieron las manos de Ella y de Él.
84
SEXO
El amor no es aquel arrobamiento
que a impúdicas pasiones nos empuja,
ni la fuerza diabólica que embruja
los goces pasajeros de un momento.
Debe ser un profundo sentimiento
que nos toma, nos quiere y apretuja;
la flor eterna, que si más se estruja
mejor satura su perfume el viento.
La pasión de la carne, amor sexual,
puede ser inexacta; amor vacío,
si no viene hermanada a un ideal.
Y el amor idealista es inconexo,
inaceptable, incomprensible y frío,
si no viene hermanado con el sexo.
85
Sonetos de la Buena Muerte
87
Breve prólogo a Sonetos de la Buena Muerte
A
Si hay una Muerte Buena y una mala
¿por qué no decidirse por la buena?
¿qué misterio ancestral nos encadena
y por mundos sin sol nos acanala?
La Muerte mala es esa que nos hala
y nos tira en la sombra de la arena;
la Muerte buena de fulgor nos llena
donde el suspiro posterior se exhala.
Uno debe saber cuándo se muere
(cuando piensa morir) para si quiere
su círculo de amigos, pues que asista
a su fiesta mejor: la de su Muerte.
¡No todos han gozado de la suerte
de vivir una Muerte a toda vista!
88
B
La Muerte debe ser como una fiesta
de amistades, familias y vecinos,
entre bailes y chiste y buenos vinos,
con el ritmo sonoro de una orquesta.
Ni el llanto del adiós ni la protesta,
ni los mustios laureles ni los pinos
desgajándose tristes, mortecinos,
han de estar desluciendo la floresta.
Una palabra “fúnebre”, que enluta,
no ha de ser una sombra es esta ruta,
que jamás otra Muerte ha transitado.
Cuando la gente aprenda esto de cuna
todos aquí ––sin excepción alguna ––
¡querrán montarse en su corcel alado!
89
90
C
La sangre derramada de la herida
como el podre que fluye de la llaga
es la deuda caduca que uno paga
por habernos burlado de la vida.
Y lo mismo sucede, en gran medida,
con el óxido antiguo de la daga,
o el aumento continuo de la plaga
que deja la cosecha consumida.89
Vivimos a merced del cuento sacro
que, a manera de burdo simulacro,
en el prisma del tiempo luce bien…
Tras la Muerte se va quien ha creído
que vive por la Muerte perseguido,
y el que no lo creyó se va también.
90
D
Muchos se escalofrían de la Muerte
porque la pintan fea en noche oscura
mostrando ensangrentada dentadura
de chuparle la sangre al cuerpo inerte.
Pero esa no es la muerte que divierte
o que nos saca de esta vida impura;
yo le he dado a la Muerte otra figura
que nos puede llevar a mejor suerte.
Imagino una Muerte que ha montado
sobre las ancas de un corcel alado:
que se siente feliz de su partida…
¿De qué sirve una Muerte inesperada?
Yo pienso en una muerte celebrada:
¡la Muerte en que uno sea quien decida!
91
I
Morirse lentamente a edad madura
no puede ser glorioso ni importante;
morirse por un dardo de diamante
nos da la Muerte que mejor perdura.
Ninguno aquí, para morir, se apura,
y en vez de recibir muerte elegante,
con lo más deprimido del instante
muere de escalofrío o calentura.
Morirse de un puñal o de una bala
después de todo no es de suerte mala…
––por el contrario marca buena suerte ––.
Yo pienso en un flechazo de zafiro
que venga acompañado de buen tiro
¡y con la gracia de la buena Muerte!
Junio 17, 2011
92
II
Morirse siempre ha sido una aventura
que mucha gente desvelada espera,
y la espera el gentil como si fuera
grandiosa fiesta de inmortal ventura.
Pero es triste morirse frente a un cura
que exhibe el crucifijo en la collera
y pensando en la viuda que él quisiera
ser dueño de su herencia y su cintura.
Cuando “uno” no sube ya ni baja,
su lecho más precioso es una caja,
y su muerte más lógica es un tiro.
Morirse de una muerte apaciguada
es irse lentamente hacia la Nada,
sin honor que contar y sin retiro.
93
III
Cuando un caballo ya no tiene cura
y tropieza a menudo en el ribazo,
duele menos la muerte de un balazo
que estar viviendo con la matadura.
Yo no hablo de mí, pues en mí dura
todavía de tiempo un gran pedazo,
y soy capaz aún en fuerte abrazo
marcar con indeleble quemadura.
Por lo tanto la fiesta del mortuorio
demora mucho tiempo. Mi velorio
queda pospuesto indefinidamente.
La bala guardo junto a mi cuchillo:
esperaré feliz sobre un banquillo
por la Parca que venga de repente.
94
IV
Si el Clero se ha metido con el mundo,
¿por qué no defendernos de ese Clero
que se revuelca en el revolcadero
de ese infinito lodazal inmundo?
¿Acaso no se ve a cada segundo
caer al más sagrado y más austero?
¡Pedir permiso a Dios es lo que quiero
y su permiso me ha de dar, rotundo!
A cierta edad la gente es un estorbo.
¿Por qué tendría yo que oír al morbo
una vez que yo tenga mi permiso?
La religión, de Dios vive muy lejos
(bien apartes de sí), con sus consejos
jamás han de ensuciar mi Paraíso
.95
V
¡Si a mí me hubieran un velorio dado
cada vez que he caído en esta vida,
ya no hubiese un vacío: una cabida
donde poner un muerto amontonado!
De mil entierros me han desenterrado
para ofrecerme el vino y la comida
en una fiesta que no fue investida
con el estilo que yo había esperado.
Cuando vuelva a morir, moriré a gusto,
¡—a gusto mío—! ¡¿Qué más da el disgusto
que en otros cause; qué más da la furia?!
Mi derecho es morir como yo quiera,
no como quiere la guadaña fiera
que simboliza la ¡sagrada curia!
96
VI
Si Dios abandonó a su hijo en la cruz,
cuando más esperaba de su ayuda,
¿cómo van a esperar que ahora acuda
a traerte, en sus manos, pan y luz?
Si seguimos a modo de avestruz
hundiendo la cabeza en playa ruda
moriremos llevándonos la duda
cubiertos por su mísero capuz...
Una cosa es amar, sentir, creer...
y otra pensar que del supremo Ser
siempre llegan los hálitos mejores.
Si de Dios son la tromba, sismo, trueno,
sin saber qué es lo malo y qué es lo bueno,
más vale no esperar por sus favores.
97
VII
Una amiga gentil, que siempre aboga
contra mi voluntad de darme un tiro,
con un susurro, que es mitad suspiro,
trata de convencerme ¡y me dialoga!
¿Un tiro no es mejor? El que se ahoga
tirándose en los mares, da otro giro,
y la guásima hiere a aquel que miro
colgarse de sus ramas con la soga.
Si queremos morir con elegancia
debemos entender qué diferencia
distingue cada Muerte. La distancia
puede ser saludable a la conciencia.
¡Una Muerte con propia tolerancia
nos salva de morir en la demencia!
98
VIII
La Muerte aquí no dio señal de vida,
temprano se asomó, pero con miedo,
al fin ya la he sacado de este ruedo
y nadie me ha servido una bebida.
Conciencia despertó medio dormida,
pero fue recobrando su denuedo;
de la Parca sombría siempre quedo
en espera de mesa bien servida.
Esperaba escribir mis cien poemas
sin entrar en confusos anatemas,
pero traigo cincuenta solamente.
En vista de la grave soledad
me asusta la divina cristiandad
y mi despido ¡religiosamente!
99
IX
No quiero que la Parca me sorprenda;
yo soy quien debo sorprender la Parca
entrando a media noche a su comarca;
quitándole del rostro su gris venda.
La Muerte mía no estará en su agenda
ni en todo ese dominio que ella abarca,
no le permito que en su inmunda charca
trate de ahogarme con el agua horrenda.
Ya yo tengo a la Muerte acorralada
y la apuñalo con argenta espada…
¿¡No la han visto en el suelo ya caída!?
No ha de quitarme lo que no me dio;
mi hacienda es mía y la manejo yo,
yo soy quien debo terminar mi vida.
100
X
Esa loca, la Muerte, no me asigna
ni el sitio, ni la hora ni la fecha
en que se debe disparar la flecha
para matarme de manera digna.
Yo tengo mi designio. La consigna
la repito a menudo en una endecha.
—Yo sé que mi proclama no está hecha
para el que arrodillado se persigna—.
Aquí la idea no es vivir del lloro
sino saber marcharse con decoro,
no cuando uno ya llegó a guiñapo.
¿Qué gana el hombre si fallece viejo
cuando ya la osamenta y el pellejo
lo desalojan de su edad de guapo?
101
XI
Si la ilusión de un viaje está tomada
por acuerdo, consciente y decidida,
¿qué importa que se dé fin a la vida
por medio de la acción premeditada?
Toda muerte debiera ser planeada
como desea quien la lleva uncida,
no dejar que un extraño lo decida
que de nosotros no conoce nada.
Ni siquiera al Señor le admitiría
que decidiera con la Muerte mía;
si la quiero con danza, son o rumba...
Lo que me van a dar que me lo den
ahora, en este día, antes que el tren
departa con destino hacia la tumba.
102
XII
A la Muerte la pintan de fantasma
con estómago virgen y de abstemia,
no sufre de diabetes o de anemia
pues la sangre bien roja la entusiasma.
Cuando la gente en soledad se pasma,
hace su ronda nocturna, bohemia,
y estornuda regando su epidemia
sobre los débiles que acosa el asma.
Pero a mí no me engaña entre los blancos
mármoles, donde ocupa sendos bancos
y a los que ancianos, al azar, espera.
La sorprendo en su estado de abandono,
la increpo, la remato y la amontono
junto a otros huesos de su calavera.
103
XIII
No concibo la Muerte en esa forma
que la concibe la sagrada iglesia,
que cree que la Muerte es anestesia
que, para así morir, nos cloroforma.
Que trasmutamos pero en la reforma
hay altísimas dosis de una amnesia
con rasgos de una fábula milesia
que en nada configura ni conforma.
¿Entonces para qué tanto misterio,
por qué tomar la idea tan en serio
cuando se piensa en la divina Parca?
Pues a mí, si me llega en alta noche,
me subiera sin susto al negro coche
que en la tiniebla de la vida aparca.
104
XIV
Yo pienso en una Muerte transitoria
—Muerte que se realice con licencia—
a ver cómo es la vida —la existencia—
en donde habita la supuesta gloria.
Una vez que me grabe de memoria
cómo es la vida allende la conciencia,
entonces a mi antigua residencia
volvería a contar la exacta historia.
Sin duda esta ha de ser una salida
y una buena razón para que en vida
tengamos la visión del otro lado.
Esos que yo conozco que se han ido
no han vuelto para darnos un sentido
.105
XV
En el patio, detrás de la alta cerca
que se viste de hiedras y de espinas,
la Muerte, con sus garras asesinas
y sus dedos de púas, se me acerca.
Sacude las paredes de mi alberca
y envenena mis aguas cristalinas
con su pus y su tos y sus neblinas;
persistente, atorrante, sucia, terca…
Por eso siempre lo repito: en cuanto
pueda, a sus intentos me adelanto:
no puedo permitir que Ella, la Muerte,
me remate en su predio a sangre fría…
Nadie puede ordenar la Muerte mía;
¡con mi sangre, ni el Diablo se divierte!
106
XVI
Con mi sangre vital no te alimentas
tú, que apareces por la noche oscura;
mi sangre roja es demasiado impura
para darse en sustancias suculentas.
Pues guarda tus filosas herramientas:
la guadaña, y el pico y la herradura,
para que entres en otra sepultura
donde sólo se pudren osamentas.
Voy esta noche a vigilar tu ronda
para lanzarte la candente onda
que ha rato carga la fulgente flecha…
Cuando te vea inerte, derrumbada,
sobre tu sombra de nocturna helada
voy a prender mi luminosa mecha.
107
XVII
Nunca antes la Muerte se me había
presentado con tanta donosura,
tan esbelta, tan blanca… su figura,
de este mundo carnal me parecía.
La tuve entre mis brazos, le cogía
las manos y los senos… la cintura;
no sé cómo de aquella calentura
pude sobrevivir…Yo, por hombría,
no quise desnudarla… para asombro
mío, lagrimeaba sobre mi hombro
como una colegiala-Magdalena…
¡No la beso! —me dije—, ¡no la estrujo!,
y todo el gran incendio se redujo
a consumirse con la Muerte buena.
108
XVIII
Siempre en su traje de erizada ropa,
la Muerte ahora quiere ser mi amiga,
y en vez de darme la erizada ortiga
me ofrece vino de la vid de Europa.
Los dos bebemos en la misma copa,
los dos comemos de la suave miga,
y, cuando la impaciencia nos fatiga,
los dos tomamos de la misma sopa.
Pero no me confío porque venga
tan agradable y en sus manos tenga
la rosa del amor, medio escondida.
Al fin yo sé lo que su afán persigue:
hacer que me desgaste, me fatigue
y entonces adueñarse de mi vida.
109
XIX
Una Muerte que venga como arma
que por su parecer nos intimida,
es un arma con rasgo de homicida
que de las voluntades nos desarma.
Aquí precisa despertar la alarma
a ver si la espantamos enseguida
y no nos roba esa preciosa vida
que no le pertenece. Por el karma
suyo, ya van a pronunciarte muerto,
en medio de la selva o del desierto,
por seguir el sagrado fanatismo…
Pero será una Muerte muy barata.
¿Es la Muerte, no tú, la que te mata?,
¡pierdes el gozo de morir tú mismo!
110
XX
Muerte: yo me divierto a carcajadas
cuando visito tu jardín de cráneos
donde crecen claveles instantáneos
que alternan margaritas mutiladas.
Rosas y clavellinas claveteadas
sobre filas de huesos simultáneos
y gardenias de otoños espontáneos
con sangre del pasado lloviznadas.
De un antiguo esqueleto vibra un piano
que hicieron de la cama de un anciano,
y afinaron ex prófugos —ex presos—…
El tiempo se me ha ido: la hora muerta
me acaba de cerrar la última puerta…
¡he de pasar la noche entre los huesos!
111
XXI
Insisto que la Muerte que le cuesta
menos al mundo y a su sociedad,
es aquella que en plena oscuridad
se realiza sin miedo ni protesta.
Deberíamos ver como una fiesta
al que se vaya por su voluntad
y no se muera de calamidad
en un asilo donde todo apesta.
Quien espere a morir en un asilo
no muere con orgullo ni tranquilo,
pues es matado con la lentitud
de una Muerte caída en lenta gota...
Luego lo meten con el alma rota
en un cofre cuadrado: ¡El ataúd!
112
XXII
Esos que escogen el morirse a plazo,
se mueren de los pies por la mañana,
se suicidan de un ojo en la ventana,
un brazo muere ya, luego otro brazo.
Dejan que se les muera el espinazo
con la débil tristeza de una cana,
y se les muere la ilusión temprana,
por cada amanecer, otro pedazo.
Yo no quiero morirme una pulgada
ahora y la otra luego, donde nada
garantice que habrá fijo remedio…
No vale prolongar tanto la esencia
de la vida, y más tarde la impaciencia
nos obligue a matar, a plazo, el tedio.
113
XXIII
El fuego del amor nunca se apaga,
y lo mismo se quiere con la rosa
tan de poeta como de preciosa,
que cuando padecemos una llaga.
El río del amor no se encenaga
en ninguna pradera cenagosa
sino que vuela como mariposa
que con la miel del ideal halaga.
Por beber en las aguas de tu ría
yo puedo posponer la Muerte mía
por el momento, todavía ausente.
Puedo dejar en blanco sitio y fecha
hasta que te decidas satisfecha
y nos muramos ¡paralelamente!
114
XXIV
Las leyes de esta Muerte necesitan
que todas de inmediato se suspendan,
es eso lo que aquí nos recomiendan
los nuevos dioses que el solar habitan.
Ya los antiguos dioses no gravitan,
y es necesario que la vida entiendan,
que traigan otras leyes donde vendan
las que nos matan y nos resucitan.
Yo pienso en serio que la Creación
marcha en proceso de renovación…
Por eso para el próximo Congreso,
donde reúnan al Señor y al Diablo
deben tratar la cosa... ¡Si yo hablo
sólo sería para hablar sobre eso!
15
XXV
No quiero que ni sátiros ni brujas,
cuando ya los suspiros se me caigan,
que como cálidos consuelos traigan
la idea de aguantarlos con agujas.
No me acerquen a templos ni cartujas
que de la realidad me desarraigan;
quiero que los suspiros me distraigan
y creer que me voy entre burbujas.
Si aparecieran por ahí las ninfas
para ofrecerme las doradas linfas
con el único afán de que envejezca…
en su propósito no habrá cabida,
porque no pienso permutar la vida
por nada que la Muerte no merezca.
116
XXVI
Supongamos que al huerto de la vida
le cuelga una manzana verde y dura,
puede esperar hasta que esté madura,
mas no esperemos a que esté podrida.
Cuando llega a este punto está perdida
para el humano que en su gusto apura
de su huerto esa miel sabrosa y pura
que más tarde al gusano da comida.
Todo tiene su tiempo: cuando llega
esa Muerte, y se juntan en la vega
la verde primavera y el verano…
a esperar por otoño y por invierno,
y todo lo que fue fragante y tierno
muere: se acaba con dolor huma
117
XXVII
Si me halaran la alfombra de mi piso
y de bruces me mato en duro suelo,
que no le vengan a ofrecer consuelo
a los deudos llorosos del occiso.
Las condolencias por el compromiso
de sólo quedar bien, son puro velo,
que en nada van a remediar el duelo
aunque manden al muerto al Paraíso.
Así que dejen de mover mi alfombra;
––la de la claridad o de la sombra;
de la vida de carne o la ficticia—…
Perdonen al que muere; al que se mata;
pero no si es matado, pues se trata
de una Muerte causada por malicia.
118
XXVIII
Yo no quiero morirme de una hartura,
de lo que más me gusta y que no debo
degustar; lo que como y lo que bebo
requieren que los mande a la basura…
Los excesos de vino, pan, fritura…
que ingería en los años de mancebo,
hoy me dicen que son parte del sebo
que no dejan que baje la gordura.
Así que de esta Muerte nos advierte
la ciencia, ya con datos. Es la Muerte
que evitar debe uno a toda costa…
Y no quiere decir que olvide el vino,
el cordero, la vaca, el langostino,
el queso, el bacalao y la langosta…
119
XXIX
La vida, como efímera paloma,
revolotea por el sur del huerto;
en la rama del pino casi muerto
una mirada del espacio toma.
La vida nace de cualquier maroma:
de la vida del padre es un injerto;
pobre grano de arena del desierto
o residuo de un huevo de carcoma.
Para hacerla creer que sigue moza
recargan de floreros la carroza
en su último viaje al camposanto.
La gente no lo sabe y yo tampoco,
por qué la vida durará tan poco;
ni por qué durará la Muerte tanto.
120
XXX
La vida es un paréntesis de piedra
detenida entre el antes y el después;
la vida es hueco de un engaño y es
profundo pozo donde nada medra.
Por su pared la trepadora yedra
sube con manos y ligeros pies,
abracando el brocal sigue a través
como verde tentáculo que arredra.
Aquí es donde la Muerte se solaza
la vida que es dos veces perseguida:
la persigue la Muerte con guadaña
y la vida que siempre la acompaña:
¡la Muerte vive aliada con la vida!
121
XXXI
No le llamo a la Muerte despiadada
sé que ha de acogerme compungida
al pie del resplandor de la alborada.
No importa que la pinten desgreñada,
harapienta, indigente o mal vestida;
la Muerte será siempre la escogida
cuando la vida ya no ofrece nada.
¡Que no os asuste si su dentadura
presenta de la Muerte esa premura
por la sangre que roba: su alimento.
¡Ni os asuste su rostro de alabastro;
ni su pisada gris que deja un rastro
con brillo de color sanguinolento!
122
XXXII
No conozco el minuto ni la hora
que vendrá de visita al bosque mío,
pero yo he esperar junto a este río
la dulce y peregrina arrobadora.
Si adelanta su tiempo o lo demora,
ella puede encantarse a su albedrío,
pero yo guardo un tiempo y un vacío
que es necesario que se llene ahora.
Su tiempo de llegada se avecina,
y aunque tiene su fama de asesina
lo cubre con la gracia de su plectro.
Así que la sorpresa no trasciende
más allá de la llama que se prende
al choque de la vida con su espectro
.123
XXXIII
No imagino tortura de más lloro
que la Muerte infligida por el asta
del toro que en la hora más nefasta
mata al torero sin ningún decoro.
De angustia delirante gime el coro
que forma la exquisita y pura casta,
pero aplaude gloriosa y entusiasta
cuando el ágil torero mata al toro.
Con la Muerte del toro —que perturba—
se siente complacida aquella turba
que en alegre balcón su codo empotra…
Y mientras toda dignidad se extingue,
la morbosa conciencia no distingue
la Muerte de aquel toro ¡de la otra!…
124
XXXIV
En una bella gran ciudad de Europa:
creo que Roma, no París ni Atenas,
mataban a los presos en escenas
para el disfrute de la injusta tropa.
Leones entrenados, cuerpo y ropa
les comían del pelo hasta las venas,
donde reyes con almas nazarenas
brindaban vinos de abundante copa.
¿A quién culpar de la violenta Muerte?
¿Al león que mató siendo más fuerte?
¡A lo mejor si al preso hubiese sido
preguntado qué Muerte él prefería…
hoy fuera muerto igual, pero tendría
el honor de un deseo complacido
125
XXXV
Hay otra Muerte que entender no hallo:
y es esa que entre el polvo y el serrín
las espuelas de un gallo han puesto fin
a la vida del otro… ¡Ha muerto un gallo!
Por la breve milésima de un fallo
se ha perdido y ganado un lance ruin;
ya uno muestra triunfante el espadín
y el otro se desangra… ¡Yo me callo!
¿Merece el triunfador toda la gloria?
¡Y la Muerte!: ¿no tiene una victoria
con irse apresurada de este abismo?
Lo injusto es que el occiso no pidió
morirse de esta forma en que murió,
¡sin la alegría de matarse él mismo!
126
XXXVI
La Muerte no persigue ni desvela
la vida que he vivido como quiero;
si decido morirme, yo me muero
con frío, con el agua o la candela.
No quiero que me pongan una vela
que un pabilo sin nada fue primero,
ni pido que me pongan un florero
con rosas que a rosales ya no huela.
Si quieren en la piedra de mi losa
escribirme un soneto, ya la cosa
me pudiera invocar algo profundo.
Con velas y con rosas no deliro,
pues la rosa se muere en un suspiro
y la vela se gasta en un segundo.
127
XXXVII
Una Muerte que atónitos nos deja
es la Muerte de un árbol por un rayo
que le cae en la copa en pleno mayo
y su verde armazón se desmadeja.
El árbol no ha emitido ni una queja,
pero por su tristeza y su desmayo
luce que de la Muerte viste el sayo
y de su bosque el festival se aleja.
El árbol —ya sin pelo y sin pupila—
su sangre natural —la clorofila—
a raudales derrama en las llanuras.
Viéndolos en contraste mortecino
ya ceibo, ya laurel, ya palma o pino,
semejan esqueletos sus figuras.
128
XXXVIII
Repugnan, de verdad, esas camillas
de los hospicios, como crucigrama,
donde cuidan al muerto por su fama
reviviendo sus últimas bombillas.
Para que no se escape en zancadillas
de aquella burda imitación de cama,
lo sujetan muy bien con su pijama
y suben, de nivel, las barandillas.
Este muerto no puede escapar ya
pero quieren que siga por acá…
¿quién envidia vivir la Muerte suya?
La experiencia me dice que la vida
no merece alargarla tan sufrida…
¡que me traigan el sebo y la cabuya!
129
XXXIX
El costo de la Muerte está en subida:
las cruces, los floreros, y el osario;
el sermón que da el cura y el rosario,
cuestan un ojo del que da la vida.
También hay que pagar la despedida,
y el costo de ese arreglo funerario
requiere que en expreso itinerario
los guardias tracen hora de salida.
¡Nada!, que en este mundo conflictivo
cuesta tanto morir como estar vivo…
Así que seguir vivo no es un ahorro.
Los que no mueran, por economía,
que no esperen tampoco hasta ese día
a que se mueran con la edad del Morro
130
XL
A través del placer o de la pena
del fuego destructor o luz bengala,
se reconoce que la Muerte mala
no lleva el eco de la Muerte buena.
La Muerte mala irrumpe y enajena
si lentamente la existencia escala,
pero la Muerte buena es azul ala
para un vuelo delirio y azucena.
Cuando cada pensante por sí escoja
su modo de morir, no ha de ser coja
la Muerte que nos toque: ni peluda,
ni ciega, ni temida… ni a destiempo,
por la vida vendrá, pues a su tiempo
quitaremos la sombra de la duda.
131
XLI
Para no tener susto de lo muerto
es preciso, primero, haber estado
con hambre, sed y frío, en desolado
sitio donde perece todo huerto.
Es haber de un sahárico desierto
el inhóspito imperio atravesado,
y haber, sin un rescate, naufragado
a mil leguas de orillas y de puerto.
Una vez que la idea se aclimate,
la Muerte no será la que te mate,
que a su vez tu memoria mataría.
Si uno va por sí mismo, va a la gloria,
pues se lleva consigo la memoria
que la Muerte —al matarte— mataría.
132
XLII
Mi Muerte es cosa de mi propiedad
y yo soy quien la velo y la administro,
¿por qué debiera ser algún Ministro
—inmundo instigador de sociedad—?
¿Por qué del hambre y la calamidad
ha de verse mi Muerte en el registro
para ser de alimento o suministro
en festines de infausto y vanidad?
¡A mí que no me cuenten ese cuento
para tenerme en el “hacer” contento
y obligarme a morir con lentitud.
No creo que haya rosas sin espinas
ni que pueden volver las golondrinas
con los inciensos de la juventud…
133
XLIII
Aquí todo se altera o se pospone,
se le pega una tira o se apuntala;
se le duerme con éter, se acicala,
y esperan a que no se desmorone.
Si todo se imagina o se supone…
¿qué medida tomamos por escala?
¡El mundo se derrumba o destartala!
¿y el remedio?: ¡mañana se le pone!
Un hombre es esqueleto apuntalado
si toda su osamenta han claveteado
con puntas afiladas y amarillas…
el día que esta intrusa se lo trague,
la misma dama puede ser que pague
tragándose una cuba de puntillas.
134
XLIV
Mi padre —campesino y carretero—
les decía a sus bueyes como halago:
“a mí ese buey que no me sale vago,
jamás he de mandarlo al matadero”.
Así que, cuando tuvo Marinero
cierta edad de retiro, como pago
pastaba libremente junto al lago
y nadie lo acosaba en el potrero.
Pero, a pesar de sus bonitas obras,
seguía su sostén de puras sobras
a través de su vida ya caduca…
Simplemente su premio fue migaja:
¡pudo haberlo premiado con la alhaja
de una bala de oro en plena nuca!
135
XLV
De la vida en el áspero paseo,
la Muerte es silenciosa y solapada,
pero, a veces, en quieta madrugada
nos idiotiza con su chachareo.
Por el ojo de vidrio que la veo,
me parece la efigie de una espada
que encima de mi tumba fue clavada
para darle esplendor al mausoleo.
Con tinta de esta pluma —tinta roja—
ha escrito no sé quién en una hoja
de cartulina ingenua, un epitafio…
Pero a la tumba aquella, en su vacía
desolación, no han dicho todavía
qué occiso ha de ocupar el cenotafio.
136
XLVI
La casa de la Muerte es una gruta
que, con sus lámparas de estalactitas,
abrillanta sus noches y sus cuitas
y sus días también. La dama astuta
se reparte la sombra y la disfruta,
si se trata de otros. De exquisitas
bellezas hace gala. Estalagmitas
de mármoles pulidos son su ruta.
El vivo la contempla con envidia
y la maltrata con bestial perfidia:
¡sabe que afronta un enemigo duro!
Al saber que la Muerte luz derrama,
se hace enemigo de su propia llama
y, por irle en su contra, muere oscuro.
137
XLVII
La Muerte se ilumina, se engalana
con las perlas y túnicas que roba
a las víctimas muertas en la alcoba
con pisos de chinesca porcelana.
Cuando viste a manera de sultana,
no enseña su emblemática joroba;
rechaza su quehacer de fiera loba
y se vuelve la oveja más cristiana.
Ya no tiene el mirar de la enemiga
y parece más dulce que una hormiga
que puede custodiar la miel de abeja.
A una muerta con tanta galanura
la podemos tomar por la cintura
y vivirla por siempre de pareja.1
138
XLVIII
La Muerte, que llegaba decidida
a sumirme en el mar de la derrota,
huye de mí con la cabeza rota
y su pata de palo toda herida.
Espero que se vaya convencida
que conmigo no gana ni una nota:
ni un pelo, ni una uña: ni una gota
de sangre me quitó. ¡Tengo mi vida!
La nocturna del antro fronterizo
yo sé que ha volver con el hechizo
que en su ronda fatídica amalgama.
Pero no me confunde su requiebro:
en el fondo inmortal de mi cerebro
¡el esplendor ha devenido en llama!
139
XLIX
La Muerte ya no llega ni me habla,
ni me intimida con ningún contagio;
todo su paripé no es más que plagio
de parecerse al Ángel siendo Diabla.
Ya conmigo la insípida no entabla
una conversación con el presagio
de quien, en la agonía del naufragio
nos tire, por piedad, la última tabla.
Ni vamos a esperar que Dios la tire,
nos salve por un tiempo y se retire
a ver si naufragamos de otro sismo.
Que la Muerte y el Diablo, sus asuntos
con el Ángel trabajan siempre juntos:
¡todo es obra infinita de Dios mismo!
140
L
Adiós, Muerte fatal: en tu velorio
me voy a divertir mucho esta noche;
te llevaré mañana en negro coche
a darte entierro con tu vejestorio.
Purgarás en insomne purgatorio
tus culpas por haber, en un derroche,
demorado, paciente y sin reproche,
la fecha del consciente velatorio.
Me glorío de haberte aniquilado
con cuchillo de acero niquelado;
con navajas de filo de azucena.
Tú fuiste por ti misma condenada;
yo, como no comparto con tu Nada,
¡aquí me quedo con la Muerte Buena!
Julio 10, 2011
141
La Conquista de América
Primer Premio V Centenario (1492-1992)
143
I
América se inclina en reverencia:
Se descubre ante España y la saluda.
Resulta natural que un hijo acuda
donde la madre que le dio su esencia.
Por la misma razón de la existencia
que en un lazo de sangre nos anuda,
y por esa intuición que nos ayuda,
volvemos al lugar de procedencia.
Por la exacta verdad que relaciona
los nacidos hispanos de esta zona
con los hijos de Iberia la Inmortal,
celebremos el Quinto Centenario
y que conste en el nuevo calendario
como fiesta de gloria universal.
144
II
Aquellos domadores de los mares
salieron con un sueño desde España,
y realizaron la más grande hazaña
que recuerdan los tiempos seculares.
Marinos que sufrieron los azares
de las olas, el viento y la cizaña,
hasta que vieron una tierra extraña
muy lejos del calor de sus hogares.
En el principio, en su ideal, Colón,
no pensaba encontrar esa región
sino nuevos caminos hacia Oriente.
Y fue un aliento de valor profundo
descubrir el vergel del Nuevo Mundo
sobre el mapa del vasto continente.
145
III
Cuando quiso partir del patio ibero,
muchos problemas por salvar había,
de barcos, provisiones ni dinero.
Visitó más de un trono aquel viajero,
recabando recurso y compañía,
y la reina Isabel, que en él confía,
le dio su ayuda contra todo fuero.
Una vez que consigue los avíos
reorganiza su gente y sus navíos
y una mañana venturosa, parte...
¿Qué persigue Colón? Una esperanza,
que se pierde cual luz en lontananza,
¡con la voz de Castilla y su estandarte
146
IV
Navegaron las noches y los días
por un mar infinito y proceloso,
seguidos por la sombra y el acoso
de las fieras del mar, y las bravías
tormentas que producen averías
en los frágiles barcos, y el borroso
confín de la distancia, tenebroso,
por esos bosques de las lejanías.
Un barco tras el otro; rumbo cierto
mas sin saber si encontraría puerto;
ni siquiera el amparo de una rada...
El fin que procuraba era impreciso:
fuera de todo necesario aviso
nadie tenía certitud de nada.
147
V
Pero la fe que los mantuvo alertas
nunca a su gente le llegó a faltar
y continuaron frente al restallar
del destino y sus ráfagas inciertas.
Tocaron muchas nebulosas puertas
en la casa marina, en alta mar,
hasta que un día, casi por azar,
vieron las abras de la gloria abiertas.
¡Tierra!, gritaron los exhaustos hombres,
y aquellas islas recibieron nombres
de princesas, de príncipes y reyes...
En los valles, al pie de las montañas,
se elevaban las frágiles cabañas
de los taínos y los siboneyes.
148
VI
Sobre el rigor de las inmensas millas
llegaban los valientes navegantes
a unas islas situadas muy distantes
del calor de la patria y sus orillas.
Llegaron hasta el mar de Las Antillas
en luchas contra vientos y menguantes,
y encontraron un suelo de abundantes
arroyuelos, cascadas y avecillas.
Al ver cercano el litoral verdoso,
sintieron en los ánimos reposo
y bajaron las velas de improviso...
Admiraron, estáticos, las tierras
en cuyos valles y elevadas sierras
el cielo cobijaba el Paraíso.
149
VII
Rielaban sin cesar por las estelas
de un mar a todas horas intranquilo,
siguiendo el rumbo sin perder el hilo,
de acuerdo con los palos y las velas.
Usaban las más rígidas cautelas
y obraban con el máximo sigilo.
Solían guarecerse en el asilo
costeño y proteger sus carabelas.
Por aquellos inhóspitos rompientes
vadeaban la presión de las corrientes
que formaban vorágines horribles.
Mas los hombres penurias resistieron
y fuerzas poderosas se impusieron
contra tantos obstáculos visibles.
150
VIII
Como si hubiera sido cartomántico,
su intuición visionaria le decía
que un mundo nuevo para él yacía
más allá del misterio del Atlántico.
Aquel divino amanecer un cántico
de esperanza a la hueste repartía,
para hacer la gloriosa travesía
que casi semejaba lo romántico.
Bajo el tibio fulgor de las estrellas
las tres naves flotaban por aquellas
interminables líquidas llanuras
y los líquidos montes del oleaje,
como si tras la realidad del viaje
viajara el genio de las aventuras.
151
IX
América brilló en el derrotero
que trazara Colón al Occidente.
Caminos para un mundo diferente
se abrían como mágico astillero.
Y este jardín de tropical venero
fue soplo grato para aquella gente,
pues al hallar la prodigiosa fuente
se colmaron la sed y el resistero.
Colón quedaba de poder provisto...
“Es la tierra más bella que hayan visto
ojos humanos”, ¡murmuró la tropa!
La historia tuvo su mejor segundo:
al saberse el hallazgo de otro mundo,
sufrió tremenda conmoción Europa.
152
X
Habían descubierto a Cuba o Juana,
como el Gran Almirante la nombró,
mas la flota, impaciente, continuó
viajando al grito alentador de Triana.
Después llegaron a Dominicana,
que Hispaniola la tropa la llamó,
donde tiempo más tarde se erigió
la primera ciudad americana.
La bravura y la fe se dieron cita
cuando erigieron la primera ermita
de la nueva región de la Corona.
Y es triste recordar el sufrimiento
de los nativos, tras el ahorcamiento
de su joven princesa, Anacaona.
153
XI
Esta tierra de inciensos tropicales;
esta tierra de sueños: la Hispaniola,
le bastó al almirante, por sí sola,
para tener las bendiciones reales.
Bartolomé Colón, con sus iguales,
exhibe de los triunfos la corola,
coronando la isla con la aureola
de todos los valores coloniales.
El férreo y triste Nicolás Ovando,
gobernó dicha isla con nefando
pensamiento de gente sin virtud.
Destruyó los santísimos orígenes
al darles a los pobres aborígenes
el tratamiento de la esclavitud.
154
XII
Llevados por las olas y el vaivén
del undoso Caribe y de la brisa,
la hora señalaba con más prisa
la presencia cercana de otro edén.
Con esas esperanzas en la sien
le aflora la ilusión en la sonrisa
cuando bañada en arrebol divisa,
como diosa de sol, a Borinquén.
Y penetra los montes cuyas faldas
parecen cordilleras de esmeraldas
que acollaran la magia de su sueño.
La bella isla de esplendor y canto
le brindaba a sus ojos el encanto
de aquel vasto paisaje caribeño.
155
XIII
Descubren a la vez islas hermosas
en ruta de Jamaica a Gran Caimán,
mientras tanto pasaba un huracán
por aquellas regiones borrascosas.
Por noches desoladas y lluviosas
navegan sin un débil ademán;
están urgidos por el noble afán
de aclararles las rutas a las cosas.
Al pasar la tormenta huracanada,
la suave brisa de la tarde alada
la blanca arena de las playas peina.
Y aquellas islas de exquisitas flores,
conjunto de cadencias y colores,
las bautizan: Jardines de la Reina.
156
XIV
Pero antes de seguir hacia adelante,
debe quedar en la mejor constancia,
lo que fue de muchísima importancia
para el viaje del ínclito Almirante.
Fue el hecho de llegar al fascinante
suelo canario, de cordial estancia,
que es la bella región, una distancia
del destino final menos distante.
Tuvo calor allí más que de amigo,
porque tuvo el afecto y el abrigo
de un pueblo laborioso y abnegado.
Tras de irse de aquellos territorios,
los cantos por Colón eran notorios
y aquel pueblo bendijo su legado.
157
XV
Las Islas fueron los divinos puentes
para unir a dos tierras muy lejanas;
las almas de las voces castellanas,
por ellas alcanzaron nuevas gentes.
Los marinos —históricos videntes—
dejaron las costumbres cotidianas,
y se fueron al mar en sus chalanas
en busca de horizontes diferentes.
En Canarias tomaron provisiones,
y con la ayuda de sus oraciones
surcaron el indómito elemento.
Fue Canarias ayuda que el destino
colocaba a Colón en el camino
de realizar el perdurable evento.
158
XVI
Hasta el nuevo jardín americano
los canarios llegaron con su gracia,
y con el rico aroma de su audacia
vertieron de su amor y de su grano.
Las tierras cultivaron con la mano
bajo el techo del pino y de la acacia
y siguieron su marcha siempre hacia
las altas metas del sentir humano.
Estos maestros de la agricultura,
sembraron de su mágica ternura
las tierras de la América sonora.
Y, con la fuerza de una luz divina,
las aguas de la lengua cervantina
regaron, cual prodigio, por la flora.
159
XVII
Bajo el Sol, por el valle y la colina,
la simiente del Gran Descubridor
puso un noble canario sembrador
sobre cada parcela campesina.
Y fue un huerto la América Latina
—campiñas cultivadas con amor—
donde cada pequeño agricultor
rellenaba de fiambres su cocina.
La América se siente satisfecha
con haber recibido la cosecha
de manos del benévolo canario...
Y agradece también con noble tino
la asistencia que fue para el marino,
Canarias, en el tenso itinerario.
160
XVIII
A cinco siglos del grandioso evento,
por el mundo de estirpe castellana,
como grandeza de virtud humana,
le erigen a Colón un monumento
los seres de preclaro pensamiento
que están unidos a la fe cristiana,
con rasgos de una fecha tan lejana
como la misma del descubrimiento.
Pues el evento resultó tan grande
que por un ámbito sutil se expande
como una inextinguible claridad.
Y la voz del planeta agradecido
le rinde el homenaje merecido
por orden de la justa humanidad.
161
XIX
La fuerza colosal de aquel suceso
no tiene paralelos en la historia...
Los astros infinitos de la gloria
coronaron a España en el proceso.
Los nuevos moradores fueron eso:
guardianes de la tierra promisoria,
y entonaron cantares de victoria
por los valles uncidos al progreso.
Con la ayuda Divina y la del Trono,
se impuso la destreza del colono
floreciendo en la faz continental.
El dominio de España se extendió:
la nueva realidad la transformó
de nación a potencia universal.
162
XX
La conquista del suelo ultramontano
fue labor persistente de titanes
que llevaban consigo los afanes
del esfuerzo tenaz y sobrehumano,
más allá del ardor del resolano
y sufriendo ventiscas y huracanes;
a las tierras de bellos flamboyanes
llegaron bajo el sol del meridiano.
Penetraron las fértiles llanuras
y gozaron las verdes espesuras
exóticas en cantos y en belleza.
Tomó forma la nueva geografía:
la plétora de hechizos que ofrecía
su rústica y feraz naturaleza.
163
XXI
Tras haber conocido las regiones
por distintos sistemas rutinarios,
los decididos expedicionarios
organizaron las expediciones.
No había suficientes condiciones
para ver los distantes escenarios,
pero fueron haciendo itinerarios
y estableciendo comunicaciones.
Al Norte, al Sur, al Este y al Oeste,
sobre mar agitado o suelo agreste,
dio comienzo la acción exploradora.
Los indios atacados se ofendían
y sus fértiles tierras defendían
contra aquella misión renovadora.
164
XXII
Lucharon contra muchas inclemencias
de enfermedades, fieras y ciclones,
muy propios de las tórridas regiones
en tiempos de lluviosas persistencias.
Padecieron horribles experiencias
en las más miserables condiciones.
Se les perdían las embarcaciones
por motivos de varias procedencias.
No todo fue de brillo donde el oro
se esperaba que fuera ese tesoro
que persigue el marino aventurero.
Pero fue la grandeza del destino
que Dios iluminara ese camino
y otro mapa trazase aquel viajero.
165
XXIII
Al entrar los primeros efectivos
en las islas boscosas del Caribe,
la indiada resentida los recibe
con piedras y flechazos agresivos.
Si venían por medios muy pasivos
—según en las memorias se describe—,
la cuadrilla invasora no concibe
la iracunda actitud de los nativos.
Perecieron, allí, los españoles,
al perder, en el sitio, los controles
tomados por los indios y sus lanzas.
Es famoso el pasaje que se cuenta
de una matanza de verdad violenta
sobre la zona de la actual Matanzas..
166
XXIV
Luego, la burla vil contra el indiano
por encomienda a los encomenderos,
que hacían el papel de ganaderos
pastoreadores del vacuno-humano.
¡Cinco indios irán a don Marciano!
¡Cuatro negros irán a don Mederos!
¡Se venden más esclavos! Los potreros
tenían indios desde el monte al llano.
La trata de los indios se acentúa,
la esclavitud del negro continúa...
La conquista era lucha necesaria.
Y detrás de los pobres barracones
la tierra de los viejos callejones
lloraba a gritos la miseria agraria.
167
XXV
Cuentan que los caballos y los perros
fueron la estampa del terror al trote,
con la persecución que fue el azote
más allá del vibrar de los cencerros.
Aquellas marcas de candentes hierros
y otros hierros prendidos al cogote
que debían llevar como un lingote
por el trillo escarpado de los cerros.
El rastro que dejaron las cadenas,
todavía es un llanto en las arenas
de las playas de México, Brasil,
Colombia, Venezuela, Guatemala...
¡cual el brillo de azufre de una bala
cuando brilla en la boca de un fusil!
168
XXVI
Aquellos que tuvieron, por Colón,
los triunfos obtenidos y las famas,
quisieron abrasarlo con las llamas
del odio, de la envidia y la traición.
(El hombre, cuando tiene la visión
recubierta de espinas y de escamas,
de nublar los ajenos panoramas
no puede resistir la tentación).
Lo circundaba mucha gente pobre
—pobres del alma y corazón salobre—
como aquel corazón de Bobadilla,
que detiene a Colón y lo encadena;
lo juzga injustamente y lo condena
devuelto sin honores a Castilla.
169
XXVII
Bobadilla —señor de manos crudas—
gustaba cometer actos atroces;
quiso callar las disidentes voces
con represiones de miradas rudas.
Y con el mismo proceder de Judas
gritaba ofensas y tiraba coces...
Las mentiras volaban tan veloces
que despertaron reservadas dudas.
No fue por orden de los reyes todo,
pero la gente se revuelca en lodo
si subvierte los límites del mando...
Servidor o lacayo ¡lo que fuese!,
mas nadie le creía que lo hiciese
por orden de Isabel o de Fernando.
170
XXVIII
Repuesto del ultraje inverecundo,
siendo ya por el rey exonerado,
reorganiza Colón, más alentado,
la cuarta travesía al Nuevo Mundo.
Pero, devuelto a España, furibundo
el rey, no quiso verlo, y desolado
se fue a Valladolid; casi obligado
por la suerte, se viste de errabundo.
Y murió en el olvido y sin honor;
con título de Gran Descubridor
y muerte con pobreza de bohemio.
Se marchaba sombrío el Almirante:
genial conquistador del más brillante
camino para el Trono, ¡vaya gloria!
171
XXIX
Pero el mundo seguía su carrera:
Mandados por ajenos gladiadores
los indios se volvieron sembradores
y despojados de su propia esfera.
Conquistados y frente a la bandera
de los nuevos altivos mandadores,
tuvieron que sumarse a las labores
de la vasta y salvaje sementera.
Protegía el lindero el mayoral,
con el látigo en mano y la señal
del temido reflejo del machete.
Se diría que estaban ante un diablo
que engañaba a la oveja del establo
con atuendos de bíblico jinete.
172
XXX
Juan Ponce de León, por la avenida
de los mares, al Norte se adelanta:
Salió de Borinquén y sentó planta
sobre tierra soleada y prometida.
Nuevo hallazgo lo eleva y enseguida
su nombre en la Corona se levanta,
y nombra al suelo donde el aire canta
con un nombre de sueños: La Florida.
Juan Ponce de León, según se cuenta,
procuraba un tesoro en la tormenta
de los tiempos cargados de inquietud.
Y en las costas del nuevo continente
descubrió los milagros de una fuente:
¡La fuente de la eterna juventud!
173
XXXI
Mas Ponce de León dejó los lares:
Pánfilo de Narváez llega luego
por la tierra del agua, del sosiego
y las grandes llanuras y pinares.
En el húmedo suelo de manglares
—vastas regiones de perenne riego—
y en elevados sitios, rojo fuego
de trópico encendía los lugares.
Narváez descubrió la maravilla
que soñara la reina de Castilla
para hacer un castillo de verano.
¡Era tarde, muy tarde! Ya Su Alteza
dormía el esplendor de su belleza
junto al regio castillo del Arcano.
174
XXXII
Velázquez, ingenioso Capitán,
ordenador de eximia inteligencia,
Adelantado fiel de Su Excelencia,
fue a la virgen región de Yucatán.
En todas las misiones que le dan
demuestra refinada consistencia.
Sobre Cuba labora con paciencia
y sale victorioso en cada plan.
Le ordena al Capitán Hernán Cortés
que fuera de los mares a través
al territorio de los mayas bravos.
Pero estuvo en difíciles momentos,
pues en la zona de los monumentos
los indios no querían ser esclavos.
175
XXXIII
Cortés redescubrió el país azteca
desde la maravilla de sus playas,
y vio que los aztecas y los mayas
eran gentes de templo y biblioteca.
Tenochtitlán representó La Meca:
pirámides, palacios y atalayas...
donde brillaban las ideas gayas
de la cultura y la visión tolteca.
La incógnita redime a Moctezuma:
que deja que el ayuno lo consuma
tras el flechazo de Guatimozín...
Aún perduran los días del misterio:
la majestad del portentoso imperio
tiene una historia de valor sin fin.
176
XXXIV
Navegaron ansiosos anchos ríos:
el Orinoco, el Magdalena, el Plata,
y el Amazonas... donde se desata
la corriente por ámbitos bravíos.
Bajo el cálido sol de los estíos,
entre el bullicio de la cabalgata,
donde el agua profunda se dilata,
se mecían, precarios, los navíos.
Es Hernando de Soto quien encuentra
destino lamentable, cuando entra
del Padre de las Aguas, por la ría,
porque sufre la muerte en el intento,
y su cadáver, desde aquel momento,
descansa inerme bajo el agua fría.
177
XXXV
Merece destacarse en esta loa
por marino gentil como genial,
intrépido y preclaro, sin igual,
Vasco Núñez Balboa (de Balboa).
Con un gesto grandioso puso proa
rumbo al lado de América Central,
y llegó hasta el inmenso litoral
llevando una ilusión en su canoa.
Cruza el istmo boscoso y elevado
y descubre ese mar azul dorado:
del Pacífico vio lo inmensurable...
Su hazaña portentosa quedó escrita
con la tinta más bella, que, suscrita,
se queda en el recuerdo, perdurable.
178
XXXVI
Escalaron las cumbres más enhiestas:
desde el salto del regio Tequendama
vislumbraron el ancho panorama
de montañas, de valles y florestas.
Caminantes perennes de las crestas,
fueron en busca de fortuna y fama,
pero también los consumía el drama
de caminar con el recuerdo a cuestas.
El Aconcagua se asomó imponente:
desde el punto elevado, el contingente
se acercaba al palacio celestial...
Y el inmenso Iguazú y el Chimborazo
fundieron las distancias en un lazo
bajo el fuego del sol meridional.
179
XXXVII
Recorrieron montañas y llanuras
de la rica región, y dondequiera
se hallaba la fulgente primavera
con frutas abundantes y maduras.
Arroyuelos crecidos de aguas puras
pasaban por los pies de la palmera,
y de un mar a otro mar el suelo era
como un huerto de nuevas aventuras.
Se formaron ciudades en las costas,
en la fértil campiña, en las angostas
salidas de los ríos, y hasta el monte
poblaron los valientes inmigrantes...
y fue mundo de pueblos fascinantes
¡hasta donde llegara el horizonte!
180
XXXVIII
Los nativos de América lloraron
frente al arma rival del extranjero,
y sucumbieron bajo el rudo acero
de los poderes que los dominaron.
Aunque mentes oscuras criticaron,
España no perdió su porte entero,
y como un incontable semillero
los habitantes se multiplicaron.
Tras la llama divina de la hoguera,
renació la esperanza de otra era
bajo el tibio rescoldo de las brasas.
Y logró su designio la concordia
con la santísima misericordia
legada por el Padre de Las Casas.
181
XXXIX
No temáis a la muerte: Le decía
Las Casas, con sermones, a la grey,
en tanto, dolorido, el jefe Hatuey
en la llama infernal se consumía.
La gente conquistada no entendía
si era santa o maldita aquella ley:
La orden nunca vino ni del Rey
ni de la Reina. ¿Quién lo disponía?
(La gente, como tenga cierto mando,
nada en la tierra la detiene cuando
quiere echar al vencido en el averno
poniéndolo a vagar por el abismo,
y usando como excusa el ateísmo,
niega la entrada en el Edén Eterno).
182
XL
En aquellos momentos de tortura,
para Hatuey era ilógico el bautizo.
¿Por qué la iglesia del advenedizo
cambiarle, urgiera, su creencia pura?
(Dios igual sabe oír allá en la altura
que en la pradera de terreno hechizo,
y lee lo mismo el español castizo
que la lengua vulgar de la incultura).
(Luego de recibir los santos óleos,
sin haber depurado los petróleos
del diabólico lastre mundanal,
el hombre se libera de ser brujo).
La materia se queda sin más lujo
y el alma implora su mejor sitial.
183
XLI
En la cumbre elevada del Turquino
la angustia se deshizo gota a gota,
y como una acuarela medio rota
se cayó sobre el Cauto cristalino.
De Cuba el cielo se volvió cetrino;
su mar compuso su más triste nota
y en un lugar de la región remota
se oyó el asombro del dolor taíno.
Se plasma la primera rebeldía
con un indio rebelde que moría
sin temer a la furia del flagelo...
Prefirió consumirse en holocausto
y no tomar el catequismo fausto
con cuya infamia llegaría al cielo.
184
XLII
La conquista de América cambió
la forma de vivir hasta estos días.
España, con sus nuevas energías,
el comercio del mundo dominó.
La tierra de este suelo floreció
tornando fuertes las economías;
el tráfico mundial, por varias vías,
los productos de América vendió.
Las ciudades crecieron una a una
por medio del trabajo y la fortuna
que trajo la riqueza bienhechora.
Debido a la misión de los cantones
llegaron a formarse esas naciones
que son ejemplo de unidad ahora.
185
XLIII
Las razas existentes, por la falta
de amigos en sectores comarcanos,
dejaron sus terrenos en los llanos
y se ubicaron en región más alta.
Temerosos del mal que los asalta
resisten con las flechas en las manos.
Sólo el dios de los indios araucanos
les ofrece su ayuda y los exalta.
(La historia debe ir con la verdad
del principio hasta el fin. En realidad
la historia que se dice muchas veces,
en vez de ser verdad es puro cuento:
La historia verdadera es un recuento
de las grandezas y las pequeñeces).
186
XLIV
En Perú se fundieron sangre y barro
para hacer de la cumbre sitio fuerte,
y fueron como un hálito de suerte
los hombres aguerridos de Pizarro.
Pero luego el desmán y el despilfarro
fulgieron como un látigo de muerte...
¡La opulencia en la altura se divierte
sin que importe la pena del guijarro!
Y Atahualpa moría como un ciervo
por las garras mortíferas del cuervo.
Pagó Almagro, el deseo, con su vida.
Pero el hijo de Almagro allí volvió
y el crimen contra el padre vindicó,
¡la muerte de su padre no la olvida!
187
XLV
Almagro, padre, que por Chile había
ganado tierras para el patrio suelo,
se fue sin glorias ni poder al cielo
por orden de Pizarro, ¡qué ironía!,
pues tiempos antes la amistad unía
a los dos hombres con igual desvelo.
¡Si el alma se rellena de oro y celo
se enloquece de infamia y cobardía!
Pero la historia no se acaba allí:
con la muerte del pueblo guaraní
¡lloraba tristemente el Paraná!
Y América volvióse una colonia
desde los llanos de la Patagonia
hasta el último valle en Canadá.
188
XLVI
Un cacique araucano sucumbió
flagelado por bárbaro tormento,
pero bajo el brutal hostigamiento
ni siquiera un quejido profirió.
Mas el sordo reproche se escuchó
sonoro como ritmo de alto acento,
y desde su corona hasta su asiento
la voz del Aconcagua retumbó.
La leyenda relata que el Quindío
no cupo de tristeza en el vacío...
¡Y si notan ahora que un volcán
despierta y erupciona en el reposo,
los indios imaginan que el coloso
siente la angustia de Caupolicán!
189
XLVII
Por el ancho dominio de Araucania,
después de los terribles estertores,
con ayes de dolor, desgarradores,
los indios perecieron en la insania.
Caupolicán, de condición titania,
tenía sus valientes seguidores,
pero no soportaron los rigores
de una era de crimen y vesania.
Cundidos de mortal desbarajuste,
la mano fuerte que llevaba el fuste
les negó todo acceso a sus aldeas
hasta el mero dominio de los incas,
y en las aldeas levantaron fincas
para usarlos en múltiples tareas.
190
XLVIII
Tras la huida fatal de los cobrizos,
se hicieron necesarios replanteos,
con negros africanos, pobres reos,
descalzos, temerosos y rollizos.
Y las sirvientas de los raros rizos
quisieron a los blancos europeos,
de cuyos posteriores devaneos
nacieron los mulatos o mestizos.
(Al entrar una raza en otra raza
la sangre más potente se adelgaza
y entonces la epidermis se refina).
Por eso lo mestizo no es foráneo,
sino bello producto extemporáneo
de un acto de ternura repentina.
191
XLIX
Ayudó la afluencia de otras razas,
en sus labores, a los cosecheros;
las cosechas llenaban los graneros,
las bodegas, los muelles y las plazas.
Pero siempre existían amenazas
de los corsarios y los bucaneros,
que tomaban los fáciles esteros
con su gente, navíos y barcazas.
La conquista fue dura, quienes digan
una cosa contraria es porque instigan
contrarios a fulgencias como el sol,
o viven con el alma sorda, inerme,
y se olvidan que el águila no duerme
donde duerme, sombrío, el caracol.
192
L
Al final del glorioso recorrido
resulta tonto censurar a España,
ni se debe decir que la campaña
no debió realizar so cometido.
Lo correcto pasó, ¿qué habría sido
de los iberos si en la hostil montaña
no hubiesen dominado y con su saña
los indios los hubieran perseguido?
Los indios, victoriosos, con su tropa
quizás hubieran invadido a Europa...
¡Viviría la América entre escombros,
manipulada por desdichas grandes,
donde se viera caminar Los Andes
sin estrellas gloriosas en los hombros
!193
LI
El Amazonas se hundiría sobre
las verdes dimensiones donde viaja,
y bajaría como un ser que baja
con la triste certeza de ser pobre.
Y en sus joyeles sobraría el cobre
sin anillos de sol; sin una alhaja,
tendría como albergue su mortaja
la negra tumba de la mar salobre.
Por mucho de ese desafuero rancio
mostraría a los siglos el cansancio
que recorre los viejos laberintos.
Ah, pero en cambio lo foráneo halló
más amplios horizontes y encontró
cauces abiertos, mejores y distintos
194
LII
Una mezcla de esencias eslabona
la cultura de aquellos moradores;
los industriales, los agricultores,
celebran el progreso de la zona.
La situación benigna proporciona
los frutos abundantes y mejores.
A nadie mortifican los rencores
que primero asediaban la Corona.
Por la nueva unidad tañen los bronces,
que lo pasado fue rencor de entonces.
Perdonan al verdugo de Atahualpa,
y hay voces de románticos donaires
desde el alto fulgor de Buenos Aires
hasta las calles de Tegucigalpa.
195
LIII
Los mediocres de turno han preferido
colocarle historietas a la historia,
pero no logran marchitar la gloria
de un evento de hermoso colorido.
Jamás los detractores han podido
sostener la insolencia acusatoria,
y dando vueltas a la misma noria
van cayendo en la noche del olvido.
Los que cundidos de mortal desidia
se alimentan del odio y la perfidia,
logran, apenas, rebasar el cieno...
Son Bobadillas de inmoral entraña
que, siendo hijos de la noble España,
desprecian las bondades de su seno.
196
LIV
Demos gracias al cielo por la etapa
que trajo la vital transformación,
con la rica amplitud de la región
que Castilla coloca al nuevo mapa.
La verdad de la gloria se le escapa
solamente a los pobres de visión,
porque a los seres de imaginación
la vivencia más fuerte los atrapa.
Las ideas que mueven al progreso,
muchas veces proceden con exceso
que, aunque sea brutal, es necesario.
Por eso la invasión, o la conquista,
fue el sublime ideal de un altruista
con profundo sentido visionario.
197
LV
El Niágara, imponente y colosal,
como un piano colgaba del paisaje,
y entonaba rumores de homenaje
por la voz de la América triunfal.
En el ancho escenario occidental
y por todo el inmenso balconaje,
se notan en la esencia del lenguaje
consensos de calor excepcional.
Nos unió la inquietud del español,
que tiende puentes bajo el mismo sol
y atraviesa los mismo meridianos.
Así nos abrazó la patria ibera
cual río de ternura verdadera
que riega a todos los americanos.
198
LVI
No quedaron ni sombras ni rivales:
sólo quedan palacios y avenidas
de suntuosas ciudades construidas
con rasgos de recuerdos coloniales.
Queda la magia de las catedrales
por voces españolas bendecidas,
y pequeñas parroquias concebidas
para los pobres de los arrabales.
Queda el romance de los malecones,
las marcas que dejaron los galeones
que llegaban en busca de fortuna.
Y quedan los paseos y glorietas
en donde recitaban los poetas
bajo el áureo reflejo de la luna.
199
LVII
Nos quedan los bucólicos jardines
que circundan históricas plazuelas,
y angostas y adornadas callejuelas
construidas con rojos adoquines.
Nos quedan los antiguos cafetines
a donde frecuentaban las mozuelas
y mozuelos del barrio, y las abuelas
traídas por sus coches o quitrines.
Y nos quedan costumbres: las tertulias
que nos salvan las horas —las abulias
de los mismos quehaceres y rutinas—
y amamos la guitarra y el flamenco
que acompañan con música el elenco
que alegran las parrandas pueblerinas.
200
LVIII
¡Que la historia relate lo que quiera!
¡Que la gente discrepe, qué más da!
Si la gloria se queda o si se va,
no cambia nuestro ser, ni degenera
la verdad o el querer, ni nos altera
la forma de sentir con Dios acá...
Pero es hora que el mundo sepa ya
que tuvo que pasar de esa manera.
Se padece mirando las desgracias,
pero gozamos si las democracias
reducen a ceniza a los tiranos.
El destino no es nada de misterio,
ni es preciso tomarlo por lo serio
ni debemos buscarlo en los arcanos.
201
LIX
El presente es un triunfo que rebasa
lo pasado, el esfuerzo y las penurias.
Cosiendo heridas, olvidando injurias
a una vida mejor el mundo pasa.
Si la gesta sin odios se repasa,
veremos que las faltas son espurias.
Llevamos sin rencor cinco centurias
cual dos familias en la misma casa.
Desde el Ártico frío al Cabo de Hornos,
para darles cadencia a los contornos
vibra un canto de gloria por América.
Y, para que el fulgor no se limite,
la canción de alabanza se repite
rindiendo culto a la nación ibérica.
202
LX
En lo más prominente de mi laudo,
donde el alma conserva sus diamantes,
la lengua que heredara de Cervantes
mantengo muy celoso, ¡a buen recaudo!
De aquella gente, con delirio aplaudo
las obras de sus vidas importantes.
La historia los recoge en sus estantes
donde no los arrastra el sino raudo.
De España recibí como diploma
la bella idiosincrasia de su idioma
¡digna de alzar el corazón del hombre!
Sus verbos no serán para mi abuso,
y merezco un castigo si los uso
para herir la nobleza de su nombre
.203
A JOSÉ SANTOS CHOCANO.
AUTÓCTONO CANTOR DE AMÉRICA”
Juglar excelentísimo de América,
con tu lira de sol, de monte y río,
cantan la fuente, el llano y el estío
una canción de claridad homérica.
La sangre virgen de tu voz ibérica,
con su influjo de incaico poderío,
sigue siendo un soberbio desafío
contra las voces de la edad histérica.
“Autóctono cantor” de un Continente
que se mece al vaivén intermitente
del fragor que genera el Iguazú.
Hoy vives inmortal entre los grandes
por ese monumento que los Andes
te erigen para siempre en el Perú.
204
Adioses a personajes y cosas caídos
207
A PABLO NERUDA
En el 31 aniversario de su muerte, el
11 de septiembre de 1973
Inmenso como el hondo Pacifico rugiente,
sueña Pablo Neruda bajo su losa fría:
La Isla será negra, mas su tumba es la vía
que cruza todo el orbe con puntos en Oriente.
Hasta el Sol necesita del índice fulgente
que señala su meta de luz y poesía.
En su barco de sueños Matilde dirigía
—su mejor consonante–– desde el alado puente.
Tú, Neruda, caíste bajo huracanes fieros,
por radas y bahías cruzaron tus veleros.
Caminaste la ruta cabal del hombre humilde.
Pero siempre tu barco —que las olas alegra—
carenaba en su isla: la preciosa Isla Negra
donde duermen su gloria tu musa, tú y Matilde.
Miami, 2004
208
A JUAN PABLO II
(1920-2005)
Sin Juan Pablo (Segundo) el cristianismo
se queda a la deriva en mar profundo:
pareciera que al irse, en un segundo,
tras su paso dejara un hondo abismo.
Patriarca del amor y el humanismo,
sirvió de faro orientador al mundo;
contra abuso y pobreza fue rotundo
—males que tuvo que sufrir Él mismo—.
Presumo que dirán que con su ida
perdió su timonel la fe cristiana...
Con los ojos del alma —ya sin vida—
se asoma de la Gloria a la ventana
para ver ¡hasta cuándo, desunida,
se debate sin luz la estirpe humana!
Miami, 2005
209
A OCTAVIO PAZ
La Parca, lentamente, por él vino:
En un monte de rosas y laureles
lo miro con sus versos y sus mieles;
con su luz, con su pan y su destino.
La Parca siempre llega con su sino,
que acompañan tormentas y lebreles,
y al igual que al infiel, a los más fieles
se los lleva en su inmenso remolino.
Para el alma del Verbo, que fue Paz,
la muerte debe ser como un voraz
incendio que consume y diviniza.
O, más bien, yo diría que es incendio
que reduce la vida en un compendio
de gloria y de fulgor ¡en la ceniza!
Miami, 1998
210
A LIBERTAD LAMARQUE
Novia de América y del mundo eres
porque no se termina lo que fuiste.
Dejas la tierra que habitabas triste,
y en un hechizo, de alegría, mueres.
Lo que soñaste ayer y ahora quieres
lo tendrás a tu lado. Lo que hiciste
fue mudarte de sitio. (Lo tuviste
que hacer así, ¡fugaz! Con eso adquieres
dimensión de elevada jerarquía.
Si estuviera en mis ámbitos, haría
de la tierra y el cielo un solo parque
de enjardinados surcos y canteros,
con techumbre de soles y luceros
para tu estancia, Libertad Lamarque.
Miami, 2000
211
A RAFAELA CHACÓN NARDI
(1926-2001)
Pierde el Parnaso la mejor estrella:
¡Cómo el adiós aceptará el Parnaso!
Dejaba chispa celestial su paso
¡y se queda la ruta gris, sin ella!
Sobre su paso quedará la huella
del albo trote de su azul Pegaso.
Cuando deje la puerta del ocaso
será en el cielo simplemente bella.
Para el brindis glorioso tengo el vaso
y tengo el vino que la historia sella
y que con sello de blancor, envaso.
Fue divina y poética doncella...
“¡Si la estrella mejor pierde el Parnaso
gana el empíreo la mejor estrella!”
Miami, 2001
212
A HEBERTO PADILLA
(1932-2000)
Ante la muerte de un poeta ilustre
las plumas de la tierra vierten luz,
y donde queda la materia en cruz
buscan el alma para ver su lustre.
Alto en el verso, de palabra erguida,
sigue el poeta un luminoso rastro;
sobre rutas de mármol y alabastro
se marcha con su antorcha definida.
Su verbo fácil trascendió la altura
de la gloria, y le deja su cultura
con su más indeleble permanencia.
Adiós cubano: portador del hombre
que iluminó el idioma y le dio nombre:
¡La historia brilla con tu rica herencia!
Miami, 2000
213
A LAS TORRES GEMELAS
(La caída de las torres)
I
Para decir la pena el verbo mío,
bajo la sombra del viciado duelo,
no sabe si buscar alas y vuelo
o disfrazarse de apacible río.
Para oponer el reto, el desafío
debe tener inmensidad de cielo,
y no sé si el enojo del flagelo
será la cura para el hecho frío.
Pedir que el cielo se desplome es pío;
querer que la palabra quiebre el suelo
me parece un remoto desvarío...
¡Por lo pronto me quedo con el río;
dejare que !a multa la dé el cielo
y más tarde lo apruebe el verbo mío!
214
II
La gente no se sale del asombro,
por eso no comprende todavía
¡cómo pudo del hombre la osadía
volver arcilla de guijarro un hombro!
El nombre lo silencio; no lo nombro,
pues es un gasto inútil de energía;
pero lo nombra el grito de agonía
de la voz de ceniza del escombro.
Como en una sangrienta letanía
me saco el corazón; ¡me lo descombro!
y doy con él la reticencia mía,
pues yo mismo hasta ahora todavía
no he podido salirme del asombro
¡ni creo que me salga ningún día!
215
III
De la piedra, del vidrio y del acero,
rebajados al temple de la acera,
sale el humo letal, como si hubiera
sucumbido la gloria. En desespero
se quedó la ciudad. El golpe artero
es más agudo cuando no se espera.
¡Se tornó su fulgor ingente hoguera
y la hoguera en oscuro cenicero!
Pero el tiempo será la noble obrera
que torne realidad una quimera...
Y el Señor ha de ser el jardinero
que baje por su mística escalera
y recoja los polvos de la acera
para hacer un jardín del cenicero.
Miami, 2001
216
FÁBULAS
No tomemos las fábulas en serio,
la fábula es mentira disfrazada.
A la gente que está fanatizada
le turba la razón con el misterio.
Quien quede dominado por su imperio
ya no puede jamás regir en nada.
Se queda a su merced la voz clavada
cual si fuera en terrible cautiverio.
El libro de las sabias conjeturas
está lleno de tantas chifladuras
que el necio las repite en un susurro...
El burro que tañó la flauta aquella
se extasió de una música tan bella
que soñó con ser sabio siendo burro.
217
POETAS LOCALES
Ese trovero que tan sólo canta
al pobre predio que lo vio nacer,
por vivir del monótono quehacer,
jamás su voz de lo pueril levanta.
La pasión infantil que lo amamanta
al pecho virgen que le diera el ser,
le niega la ascensión para entender
que entre logros efímeros se achanta.
El poeta moderno —el modernista—
no ha de ser comarcano o localista,
ni eterno soñador del mismo puerto.
¡cántale a tu rincón de vez en cuando,
sin que parezca que le estás llorando
a un ser amado que recién ha muerto!
218
VENDEMOS PROPIEDADES...
I
Tengo un buen plan que nos dará dinero
(digo que nos dará porque hay un socio
que quiere acompañarme en el negocio
y yo también, que me acompañe, quiero).
Ser fanático ardiente es lo primero,
después, hacerse acreedor del ocio.
Una vez que se abrace el sacerdocio,
cualquier engaño sonará sincero.
Venderemos espacios de conciencia,
hectáreas florecientes de inocencia
por hipócritas lagrimas regadas...
A cambio, pediremos donaciones,
y haremos parecer los corazones
como filas de hogueras apagadas.
219
II
Venderemos parcelas en el cielo
—muchos quieren comprar el Paraíso
y dieran, por tal cosa, si es preciso,
las deudas contraídas en el suelo—.
Nadie osará miramos con recelo
si rentamos el alma de un occiso,
o si vendemos la porción de piso
donde edifica la viudez el duelo.
Todo será vendible en esta empresa,
lo mismo una traición que una promesa.
Le pondremos un precio a la verdad.
El derecho al poder será vendido,
para que tenga el hombre envanecido
el mundo entero de la vanidad.
220
CREENCIA
“¡Qué dulce es evocar la noche aquella!”
Clara en el prisma que la ve el asombro.
Siento un golpe de sangre si te nombro.
¡Cómo sangra el fulgor que me atropella!
El hombre, que al revés sigue tu huella,
se asusta con la piedra del escombro,
y si ve que la llevas sobre el hombro
nunca te ayuda a padecer con ella.
Un hombre escribe. Muchos hombres leen.
Muchos lectores donde todos creen
todas las fábulas del hombre listo.
Porque en fábulas tontas nunca creo,
me han querido tildar de ser ateo...
mas yo creo en tu Padre, Jesucristo.
221
SOY PATRIOTA
Yo soy patriota universal. No duermo,
desvelado por África y su hambruna,
por la América hispana sin fortuna
donde olvidan al pobre y al enfermo.
Me preocupa la gente que en un yermo
país del Asia habite ardiente duna,
o que un solo habitante nos desuna
y nos legue un sentir de paquidermo.
Tiene un falso valor del patriotismo
quien padezca de patrio infantilismo
y piense que su patria es la más bella.
Ser patriota es cumplir adulta edad:
saldar sus cuentas con la sociedad
y no esperar retribuciones de ella.
Ocho sonetos a un poeta tinerfeño
225
I
Poeta de las tardes tinerfeñas.
¿De qué auroras divinas tomas fuego
para romper el nocturnal sosiego
de las islas hermosas donde sueñas?
Esas islas de gentes tan risueñas,
—remansos del pastor y del labriego—
que sienten por la tierra noble apego,
con sus costumbres netamente isleñas.
Yo estuve un día a visitar a Telde,
el pueblo de mi padre. Una rebelde
mirada recibí de cada roca...
El pasado está allí, casi sin irse.
Sobre todas las rutas puede oírse
ese recuerdo que el pasado evoca.
226
II
Subí del Teide a la escarpada cima
por una caprichosa carretera,
que me dio la impresión de una escalera
que a los reinos del cielo se aproxima.
Sobre su altura disfruté su clima:
el mar, el valle, la planicie entera.
A la nube blancuzca y pasajera
la montaña le sale por encima.
Deslumbróme en la cumbre del coloso
el ancho panorama esplendoroso
donde el poeta puede hallar un vuelo.
Al bajar de sus cumbres me sentía
como un viajero del Señor que había
vuelto de un viaje al colmenar del cielo.
227
III
Tanta belleza Tenerife imanta,
que le prende un relámpago a la idea,
y luego el corazón relampaguea
con una inspiración que se agiganta.
A Tenerife, de grandeza tanta,
en ese suelo donde el sol flamea,
entre el céfiro puro y la marea
enternecido el trovador le canta.
El canto noble del amor isleño,
que acompañan las liras del ensueño,
se escucha como un himno solidario.
Encantan los paisajes a la vista,
y desea quedarse quien asista
al lírico archipiélago canario.
228
IV
Entiendo al vate que dejara a Hinojos,
cuando, hechizado por celestes panes,
lo atrajeron montañas y volcanes,
que, aunque duermen, chispean en los ojos.
La suerte satisfizo sus antojos
con la magia de viejos talismanes,
v llevado por bíblicos imanes
deshizo los telúricos cerrojos.
Es su huerto divino el retamar,
su piano melodioso, el ancho mar,
el Teide, su simbólica tribuna,
Las Cañadas su hacienda de recreo,
y se va por Güimar en un paseo
sobre el potro plateado de la luna.
229
V
De los vientos alisios tiene dosis
de húmedas caricias en sus faldas,
y en una cordillera de esmeraldas
la fauna vitaliza la simbiosis.
Pero en una brutal metamorfosis
palidecen las múltiples guirnaldas,
y se pierden en mar de flores gualdas
que sufren incurables. La neurosis
del doliente malpaís, la torna ocre
en su lado sureño. La mediocre
llovizna, se evapora con el viento...
Desde Monte Dorado —el arrecife—
con su forma poética de esquife,
esplende por el ancho firmamento.
230
VI
La historia que idealiza a los menceyes
en las tumbas que tiene la Orotava,
nos cuenta de una estirpe pura y brava,
amante de sus tierras y sus leyes.
Contaban con sus príncipes y reyes,
y un reino de verdor y otro de lava.
El grito de los guanches se nos clava
como el grito de nuestros siboneyes.
Y retumba la queja de Acentejo
repetida en el aire con el dejo
de Añerve, Polinor y Benaharo...
El camino se vuelve policromo
cuando cubren las manos de Bencomo
la pena derramada de Tinguaro.
231
VII
Yo me siento atraído por los siete
contornos de color esmeraldino,
que bogan por el ámbito marino
como siete chalanas al garete.
Hay veces que me visto de grumete
y me voy hacia ellas. Mi destino
es hacer del Atlántico un camino
y volver al pasado sin grillete.
El hombre que regresa a sus raíces
recobra sus orígenes felices:
en mi caso especial, Islas Canarias.
La tierra luminosa de mi ancestro,
un edén de reposo para el astro
que llamaron Las Islas Purpurarias.
32
VIII
De júbilo el amor revolotea,
más allá del rigor del oceano,
y saluda al poeta y al hermano
que en un mundo de gloria se recrea.
El sol de las pasiones alborea
con plena juventud de meridiano,
pero la aureola de mi pelo cano
la entrada de las sienes me rodea.
Ojalá que este vuelo que imagino,
no le corte las alas el destino
y regrese al jardín de mis mayores...
El suelo de mujeres encantadas,
de riberas con olas sosegadas
¡y fuente de poetas y escritores!
Otros sonetos
235
TRÍPTICO EN HOMENAJE
A Juana de Asbaje —Sor Juana Inés de la Cruz—,
en el 360 aniversario de su fausto nacimiento
I
Siglo de fiebre, de misterio y sombra,
fue el siglo aquel en que naciera Juana
––Juana de Asbaje–– aquella mejicana
que con asombro la palabra nombra.
Tiende a sus pies iluminada alfombra
la esencia de la estirpe castellana,
para que cruce, altiva y soberana,
esta alteza gentil que nos asombra.
De aquella etapa, que pasó confusa,
la humanidad aún toma el ejemplo
de la noble y genial Décima Musa.
¡Que al siglo diecisiete entró la luz,
cuando de paz iluminó su templo
Sor Juana, libre de tiniebla y cruz!
236
II
Sor Juana Inés, excepcional figura
que tras siglos de ser nadie supera;
fue la impronta precisa de una era
donde al género suyo se clausura.
Pero el arte, el talento y la cultura
le dieron voz y sitio dondequiera:
así gana un espacio en la cimera
sociedad de su edad, invicta, pura.
A tres siglos y más de aquel evento
cuando nace la musa de más gloria,
se recuerda su fausto nacimiento.
Y se rinde homenaje a la memoria
de esta dama de altísimo talento
que jamás repetir pudo la historia.
237
III
Estamos frente al hecho del prodigio
que no sólo asombró su propia edad,
sino que, en la moderna sociedad,
aún conserva su voz y su prestigio.
Víctima fue ––Sor Juana–– del litigio,
del orgullo del hombre y su maldad,
del mundo y su incivil desigualdad,
que la marcaba con su gris vestigio.
Pero aquella mujer de hechura recia,
erguida contra males de costumbre,
demostró no ser débil, dual ni necia.
Y bajo el cielo que le dio su lumbre,
como una diosa de la antigua Grecia,
ganó su nombre la más alta cumbre.
238
REFLEXIÓN EN TIEMPO DE NAVIDAD
El niño que nació en aquel Pesebre
—entre regalos de abundante sobra
según testigos de la ingente obra—
fulgía de ternura y de alta fiebre.
Fue de la paz el soñador y orfebre:
mas el empeño de su afán zozobra,
porque la noble idea no recobra
aunque el humano, ciego, la celebre.
Pretendía zurcir a un mundo roto,
pero ese amanecer está remoto:
Al pesebre tomaron las harpías.
Y vemos agotarse en una hoguera,
sin salvación, la humanidad entera…
¿Aún esperan por Él las almas pías?
2010
239
CUANDO CORRÍA EL AÑO 2096
Un siglo misterioso transcurría...
y gentes con opuestas credenciales,
juntaron las razones desiguales
que desarmonizaban la armonía.
El abismo que al mundo dividía
fue un reguero de notas musicales,
y por montes y prados y rosales
de la Paz el fulgor se repartía.
Cada humano tomó lo que era justo
—ni de más ni de menos ni por gusto—.
El prójimo encontró el lugar debido.
¡Al fin por la llanura de la Tierra
sin odios, egoísmo, sed o guerra
el hombre no marchaba dividido!
240
¡NAVIDAD!
Sacude un Atlas negro su melena
percudida de aceite y nubes grises.
Hechos ríos de sangre, los países
desembocan sus males en la arena.
El conflicto del hombre desordena
la paz del huerto, y rostros infelices
se asoman a mostrar sus cicatrices
en las barandas de la Nochebuena.
¡¿Y qué ven las pupilas con horror
donde mismo naciera el Redentor,
sino llamas al pie del monte altivo?!
¿Dónde ha ido la luz del hado bueno?
¿Dónde está la señal del Nazareno?
¿Dónde el pan, la paloma y el olivo?
241
LA CASA DE DIOS
Dios está aquí donde yo estoy, no donde
me quieran convencer que Dios está.
Si siempre que lo llamo me responde,
¿por qué debo buscarlo más allá?
Dios no huye de mí; no se me esconde,
ni cambia, ni se muda ni se va.
Para que cerca de mi vida ronde,
me basta con llamarlo y viene ya.
¡Que la casa de Dios es la erigida
para adorarlo con pasión ungida,
contradice un principio de razón!,
pues la casa de Dios es esa casa
en la que el hombre con su fe se abrasa
y lo quema el incienso de la unción.
1991
242
CUANDO UN AÑO COMIENZA
1997
Cuando un año comienza mucha gente
se endiosa propalando predicciones,
al tiempo que nos da las soluciones
que resuelven los males del presente.
Pero el mundo prosigue indiferente,
porque gira a través de evoluciones
que le dieron impulso hay ya millones
de siglos. ¿Es posible que haya mente
que pueda predecir que Dios mañana
salvará del dolor la estirpe humana?
Se sabe que Dios es quien determina,
quien todo lo establece o desordena...
¡Se sabe que Él inicia una condena
sin saber en qué tiempo la termina!
243
TIEMPOS OSCUROS
Hice un nido de cirios en la Altura
para un mundo que pía sin consuelo.
Lo rocié con la miel de la cordura
por un árbol crecido desde el cielo.
Inventé sobre el nido la más pura
de todas las sonrisas. El anhelo
en el nido emplumó, con la premura
de quien busca más sol para su vuelo.
Sabemos que a Jesús, seres impuros
le partieron el alma: vientos duros
apagaron su estrella... Con la fiebre
del odio, lo acosaron en la orgía.
¡Pero el mundo lo espera todavía
al calor celestial de su pesebre!
1993
244
TODO VIENE DE DIOS
I
Todo viene de Dios, hasta lo adverso.
Con su influjo organiza y desordena.
Él sacude a los vientos la melena
y se mueve, a su paso, el universo.
El dominio de Dios es tan diverso
que lo mismo desata que encadena,
e impone su perdón o su condena
igual al inocente que al perverso.
Su fuerza nos desbanda o nos controla.
Nos da con los vaivenes de la ola.
Del relámpago enciende el alboroto.
Sopla para que crezca el huracán.
Le atiza las tinieblas al volcán
y nos habla a través del terremoto.
245
II
Todo viene de Dios: El río manso,
y ese mar, que, fantástico, sereno,
tendido duerme como un ángel bueno
que en dulces horas recibió descanso.
Viene en la suave candidez del ganso,
en la savia del árbol y en el heno.
En la gracia de un halo Nazareno
sobre el techo del bíblico remanso.
Y viene con la flor en el aroma,
en el vuelo sutil de la paloma,
en el beso ardoroso que nos quema,
en el claro fulgor de la mañana,
en el fresco bullir de la fontana
y en la música ardiente del poema.
1994
246
¡SE ESPERA OTRO DILUVIO!
Ya es hora de volver a la comarca
que un celeste fulgor cubriera un día,
y, envueltos en un manto de armonía,
deshacernos del mal qua nos abarca.
Si el ámbito del mundo es una charca
que en toda su extensión está vacía,
¿qué apremio entonces el Señor vería
en quienes piensan reinventar el Arca?
Somos libres de optar por el suicidio,
pero el daño de aquel “humanicidio”
no puede repetirse con sus lodos...
En caso de que hubiera otro diluvio,
tiene que ser que, por un sacro efluvio,
¡nadie se salve o nos salvemos todos!
247
EL MENSAJE DESOÍDO
El mensaje llegó junto al alero
del pesebre. La noche, detenida,
sollozaba en la sangre de la herida
del hombre —maltratado prisionero—.
Pero fue desoído el mensajero
y su santa misión desconocida.
Lo hicieron devolver su propia vida
en la hirsuta inclemencia del madero.
Dos milenios después de la ocurrencia,
consumimos el tiempo en la creencia
de que es base del símbolo más fuerte.
Aunque dure mil siglos la tardanza
no queremos perder esa esperanza
¡y vagamos con ella hasta la muerte
248
LA HORA UMBRÍA
Como un rezago de fulgor occiduo
se muere en el crepúsculo la huella
del último reflejo, y una estrella
se detiene a morir en su residuo.
El ojo observador del ente asiduo
que sigue la neblina en que destella
el vago resplandor de la centella,
rescata del misterio al individuo.
Sin aliento se abraza de la sombra.
El grito de la casa que lo nombra
tan solo será un eco si retumba
en los mármoles fríos de los muros
que protegen celosos los oscuros
y cuadrados confines de ultratumba.
1996
249
COMO UN DIVINO COLMENAR...
I
Estamos casi a fines de un milenio
en que la ciencia conquistó la luna,
y aunque poco logró nuestra fortuna
cubrió la gloria el terrenal proscenio.
Mas no ha podido concebir el genio
cómo salvar al mundo de la hambruna,
o aliviar a los tristes, que, sin cuna,
perecen como el hombre primigenio.
Si no fuera por tanta hipocresía,
a la humana ambición le bastaría,
de la tierra usurpada, con dos palmos.
Igual que, si sus bienes compartiera,
el valle inmenso en que vivimos fuera
¡cómo un inmenso colmenar de salmos!
250
II
El hombre ya domina cielo, tierra,
aire, mar, voluntad... y, corrompido,
defiende lo usurpado o lo adquirido
con la vil “diplomacia” de la guerra
que arrasa las ciudades y que aterra
al pobre, al desarmado al desvalido...
¡Hasta las mismas fieras han corrido
en busca de refugio en la alta sierra!
Si no fuera por tantas divisiones,
y el hombre contuviera sus pasiones,
o razonara en los momentos calmos...
viviera más feliz, más sano y fuerte,
sin temores al hambre ni a la muerte,
¡en un inmenso colmenar de salmos!
251
NAVIDAD TARDÍA
Todo es claro y sereno; ni la nieve
ni el cierzo del azul descongelado
pasarán este invierno por el prado
donde enero florido canta y llueve.
No perturba la paz ni la más leve
brisa del norte que parece helado
donde todo se enflora en ordenado
concierto natural que Febo mueve.
Junto al amplio contorno del bajío
cual sierpe de cristal serpea el río
sobre piedras de mágica blancura.
No se sabe qué trino ni qué mano
hicieron que la caja de este piano
de repente vibrara en la llanura.
252
BENDICIÓN DE LA HECATOMBE
I
La mañana se agita de repente:
Avalanchas de tierra estrepitosa
trepidan por la inhóspita pendiente
y arrasan la campiña que reposa.
A su paso febril vibra la tierra
y el hombre suele huir despavorido.
El ganado se pierde por la sierra
o corre por el prado enloquecido.
Luego paz y fulgor lo cubren todo.
El despegue terrino se hace lodo
con el agua que llega escurridiza.
De nuevo resplandece exuberancia
y vuelven la alegría y la abundancia
y la estéril región se fertiliza.
253
II
Provistos de sus burros y sus trastos,
los labriegos esperan la vendimia.
A juzgar por los cientos de canastos,
la cosecha promete ser eximia.
Parece que la tierra castigada
redime la hecatombe con su trigo,
puesto que antes estuvo desolada
y se viste de flor tras el castigo.
Se sabe que los sismos del planeta
afloran a su faz por una grieta
producto de atmosféricos reveses...
Pero el mundo subsiste y tiene techo:
¡A pesar del temblor que lo ha deshecho
es más prodigo el suelo dando mieses
254
CUANDO PARTA
Ya no me iré a la tumba con la pena
de no haber regresado al patrio suelo;
¡ya me pueden cubrir en hosco velo
los cementerios de la orilla ajena!
Cuando alcance la paz ultraterrena
ya la historia será sólo un desvelo,
pero yo gozaré llevando el cielo
del terruño adorado en cada vena.
Que en la ida también abrazo el duelo
de la gente que hoy llora sin pañuelo,
mientras sufre, del tiempo, la condena,
¡poco importa! Ya tengo blanco el pelo.
Cumplí con mi deber y con mi anhelo.
¡Lo que viene después es sólo arena!
255
EL POZO DE LA VIDA
Ya el pozo de la vida se me agota
y su piso de rocas, mustio, seco,
asemeja la forma de un gran hueco
donde toda existencia quedó rota.
La lluvia que lo ungiera gota a gota,
se esfumó con su nube, fleco a fleco.
Por su oscuro costado rueda el eco
de una voz que se pierde, por remota.
Del brocal hecho boca lacia y seca
se desgrana la angustia de una mueca
parecida al erial donde me escondo.
Y al mirar hacia el lecho de granito
se rompen con la piedra de mi grito
los ardientes cristales de su fondo.
256
REMEDIO PARA VOLVER A LA HABANA
I
Para ir a La Habana no es preciso
nada más que unos pasos y unos pesos:
los pasos son bien simples: sólo ésos
de crearse en la mente el compromiso.
Hay que olvidar el vanidoso viso,
no temer ni a leones ni a sabuesos,
no soñar con patrióticos excesos
ni poner a la patria por el piso.
Recorrer el camino hacia La Habana
se logra de la noche a la mañana.
El triunfo no está lejos del fracaso
ni ha de estar lo distante de lo cerca...
La distancia es un puerto que se acerca
desde el punto que des el primer paso.
257
II
Yo te juro que el viaje está logrado
si lo tomas en serio y con más prisa;
sólo tienes que armarte de una visa
teniendo el pasaporte actualizado.
En un mes estarás en el Vedado,
o tal vez puedas ir hasta Artemisa,
darte un largo paseo por la Lisa
y volver por los mármoles del Prado.
¿No podría un erial vestir de huerto?
¿No pudiera en el áspero desierto,
tener un río la nación cubana?
Señalemos la fecha para el viaje,
¡desde ya nos espera aquel paisaje
romántico del cielo de La Habana!
Junio de 2000
258
JOSÉ MARTÍ
En el 145 aniversario de su nacimiento
El mundo te habrá visto de soslayo,
pero tú proseguiste el derrotero,
que te trazara la visión de enero
para prender, de la justicia, el rayo.
Ni cárcel, ni cadena, ni desmayo
te aminoran el ímpetu guerrero.
Tu mirada brilló como un lucero
la tarde aquella del glorioso mayo.
Las alas y las crines de tu equino
volaron por encima del Turquino,
—monumento que nadie te derriba—.
Y al reflejarse tu figura ecuestre
sobre las aguas del Contramaestre,
la corriente corrió montaña arriba.
259
II
Ser que ascendía en la visión de un ala.
Trazó la ruta del destino patrio.
Virtuoso sin igual de la palabra,
le dio su sueño un horizonte amplio.
Colocó la bandera sobre el asta
y salió a combatir sombra y escarnio.
En vez del vino de extranjera savia
gustó su vino aunque le fuera agrio.
No temió ni al dolor ni al sacrificio,
y fue la Patria lo primero siempre.
¡Así la historia lo conoce, digno!
Porque aquel hombre de mirada simple,
usó la piedra de su verbo fuerte
para el cimiento de una Cuba libre.
260
LA MARIPOSA
(Flor nacional de Cuba)
Por tener inquietud de mariposa,
esta flor nacional del patrio suelo,
en la tarde soleada tiende el vuelo
y en una estrella tropical se posa.
Cierta elegancia femenil la endiosa
y es envidia del lirio. Por modelo,
la azucena la imita con recelo
y se desvela en el rosal la rosa.
De su nívea textura siente celo
la fuente cuando bulle rumorosa
y toda la campiña es un desvelo
de celeste belleza... Primorosa
fulge la luz que le regala el cielo
a la flor nacional: ¡La Mariposa!
261
EL TOCORORO
(Ave nacional de Cuba)
Símbolo de la patria. Venerado
desde los tiempos de la noble gesta,
cuando la sangre, con viril protesta,
tiñó los campos. El apostolado
curtió la vida del mambí abnegado
y fue su suelo una solemne fiesta.
Y entonces una joya como esta
disfrutó de su gloria y su legado.
Su plumaje brillaba con un brillo
de color de lucero. Como anillo
lijado al temple magistral del oro...
y en verde, rojo, y en azul y gualda
volaba con sus plumas de esmeralda
por los montes de Cuba, el tocororo.
262
LA PALMA REAL CUBANA
(Árbol nacional de Cuba)
Yo conozco los pinos y los robles
que he visto prosperar de polo a polo.
¡Los árboles!: No olvido ni uno solo,
comprendo que los árboles son nobles.
Pero en Cuba, mi patria, un árbol crece,
que se empina y que casi toca el cielo:
es la palma, la real, que tiene un vuelo
que a su vez extasía y estremece.
Se levanta orgullosa en la llanura,
y tal es su simbólica figura
que la llaman el árbol nacional.
Además de cobija da palmiche...
Soy feliz cuando cubren mi trapiche
yaguas y pencas de la palma real.
263
EL AVISPERO
Cuentan que un día decidió un sitiero
recorrer su heredad de punta a cabo,
y en la copa florida de un guayabo
descubrió, sorprendido, un avispero.
El enjambre, agresivo, salió fiero,
como tigre que ataca. Como rabo
de nube tormentosa. O como nabo
que se pasó de hora en el caldero...
El sitiero roció un perfume fuerte
y el furioso avispero fue a la muerte
como si fuese volandera chispa.
Ya no hay panales ni agresividad,
y dicen que en aquella vecindad
¡no se vislumbra ni una sola avispa!
264
LA CUEVA
Es de piedra su piso como el techo
y las paredes. Seriedad de roca
tiene su cara que el temor provoca
cuando yace callada en turbio lecho.
Sobre su techo nace verde helecho,
que su tapia sin mármoles disloca,
y el cacto que se eriza cuando evoca
la fértil mansedumbre del barbecho.
De piedra son sus rasgos y de piedra
sus perfiles oscuros que, con hiedra,
la entrada a su recinto desfigura...
Por la espesa agonía de su calma
se pudiera decir que toda su alma
se formó de insensible grava dura
.265
LA PIEDRA
Ha tiempo, cuando yo viví sin tino,
y vagaba entre el viento y el chubasco,
junto a un monte de zarza y de peñasco
me encontré con la roca del camino.
Comprendí los dolores de mi equino
por la sangre en la llaga de su casco
y entendí que la ruta hacia Damasco
fue la ruta normal del peregrino.
El hombre, con las piedras de la vida
cementa su camino hacia la gloria
¡o tapia de su tumba la salida...!
A veces con la piedra tira y medra.
¡Que la piedra es origen de la historia
y una vida sucumbe ante una piedra!
266
ESA PUERTA
Cuando encuentres la ruta consumida
y la puerta hacia el bien esté cerrada,
vuelve tranquilo a la primera entrada
por donde entraste a conocer la vida.
La puerta que te dio la bienvenida
nunca cierra su marco ni es tapiada
por el polvo feroz, ni condenada
todo el tiempo a negarte la salida.
Quizá la ruta se tornó extraviada
con alguna intención desconocida.
Pero el Todo, que vino de la Nada,
puede hacer una puerta de una herida.
¡Busca esa puerta siempre iluminada
por donde entraste a conocer la vida!
267
VALPARAÍSO
Ciudad de piedra y de fulgor celeste
que deslumbra la vista del viajero;
perla engarzada en cuarzos del Oeste,
joya caída de un azul lucero.
Eres almohada para que recueste
la poesía su candor cimero.
Atalaya del arte viva en este
instante de buscar un sol postrero.
Pasar por ti sin desear quedarse
es lo mismo que amar para no darse
con plenitud de amor a quien nos quiso...
Ciudad romántica y acogedora.
¡Soñé con descubrir mi nueva aurora
y al fin la descubrí en Valparaíso!
268
ESTAMPA DE MONTE ADENTRO
I
Por la orilla escarpada de verde-oscuros cerros,
a cien leguas terrestres de pueblerinas voces
y entre el ruido heridor de relinchos y coces,
van ladrando jadeantes enloquecidos perros.
Siguen ecos confusos de lejanos cencerros,
de rebaños que cruzan las estepas precoces,
huyendo de monteros con látigos atroces
que rastrean audaces azorados becerros.
Cuando al fin los monteros, con ayuda canina,
recogen la manada, los cuartones de alambre
mugen ante los vahos de la oleada vacuna.
Llega la noche al llano. Con su luz mortecina
se ve una choza pobre comida por el hambre
y en su techo de paja cae a chorros la luna
.269
II
Sobre mullida cama de guijarro y floresta,
donde sólo la calma la quiebran junto al trillo
los monótonos cantos de un barítono grillo…
bostezada de luces, la noche se recuesta.
Cesan esos bullicios de la mundana fiesta
de la fauna y la flora; cesan música y brillo.
Distante canta un gallo. Como hiriente cuchillo
corta en tiras la noche. Cuando su larga siesta
termina en los primeros rayos del nuevo día,
otra vez sobre piedras se agarran las raíces,
y muestra su pesada casucha el caracol.
La historia se repite: la choza gris vacía,
con igual pesadumbre de viejas cicatrices
mientras sobre su techo cae a chorros el sol.
270
CEREMONIAL
Sigue el hombre creyendo los falsos testimonios
que otros hombres iguales escribieron antaño,
de un forma tan fina, que, a través del engaño,
se forjaron romances de eternos matrimonios.
Se llenaron las arcas de faustos patrimonios;
alcanzaron los templos gigantescos tamaños.
En medio del tumulto de amigos y de extraños
mezclaron a los dioses con santos y demonios.
Descubrieron el oro las manos enlodadas
de mineros con alma también de lodo impune,
y el oro —ya enlodado— perdió cabales brillos.
La gente se fecunda de ideas mal pensadas
y en los mismos conceptos casi siempre reúne
los humanos en castas para hacerlos caudillos.
271
ESPACIAL
Después de galopar las campiñas hirsutas
con acento de fuego sobre ardidos peñascos,
para estrenar distante sus charolados cascos,
mis corceles galopan las más lejanas rutas.
Desde aquellas regiones parecen diminutas
las montañas llovidas de ligeros chubascos,
y lucen las ciudades minúsculas damascos
perdidas entre nieblas de celestes virutas.
Se aligeran los trotes, las crines se alborotan,
con idénticas voces se yerguen y relinchan
y de polvo de estrellas percuden los caminos.
Se diría que mueven al mundo cuando trotan:
rebelados corcovos las bestias desencinchan
y son como un radiante trotar de remolinos.
272
PURIFICACIÓN
Al volcán que vomita sus lavas en la cumbre
y por valles floridos sus ríos ha encauzado
no debe recordarse por el horror causado
sino por la belleza que produce su lumbre.
Es verdad que consume la terrena costumbre,
pero después que cesa de voraz, lo incendiado,
al fin vuelve la pausa y al llegar lo pausado
queda el terreno libre de toda podredumbre.
Si la gente mundana que vive en este mundo
sufriera en sus entrañas los físicos volcanes,
pudiera renovarse de esos males que sufre.
Mas el mal que padece, se sabe tan profundo
que quizás es preciso soltar todos los canes,
del cielo, y atojarlos a cien ríos de azufre.
273
PERSPECTIVA
Vivo oteando el futuro con los ojos absortos,
voy en busca de ocultos horizontes lejanos
desde un punto de ciertos y fijos meridianos
capaces de encontrar los más extraños ortos,
donde lunas y soles padecen sus abortos
en los amaneceres de huracanes tempranos,
en que, tras la tiniebla, no vemos los arcanos
y los días se vuelven miserables y cortos.
De la brújula ausente recabo luz y rumbo:
me hace falta saber dónde perdí la huella,
dónde varó mi barco sin bahía ni puerto.
El tiempo se despeña por el alto derrumbo
como quien sin timón en la roca se estrella
y el ancho mar se vuelve lejanía y desierto.
274
MIEL DE BIEN
Tu cuerpo es un ardiente trapiche donde muelo
las cañas más sublimes de mis tierras mulatas
los azúcares brotan de tus labios en gratas
eclosiones de mieles oliendo a caramelo.
La cosecha ha crecido debajo de tu pelo
donde soles y lunas le cantan serenatas
y más tarde se vuelven fecundas cataratas
de olores embriagantes para dulce desvelo.
Qué cañas más sublimes esas cañas molidas
que llenan abundantes la canal de tus senos
inundando mi boca que ha esperado sedienta.
Estas mieles de ahora curan viejas heridas
antídotos urgentes contra muchos venenos
de los viejos rezagos de una edad cenicienta.
275
EL CICLÓN
Con una fuerza de ciclópea escoba
barre los pisos de la faz del Orbe.
A su paso no hay cumbre que le estorbe,
mueve a su antojo la terrestre alcoba.
El cedro milenario se joroba,
montes y valles y plantíos sorbe,
espacio, tiempo y claridad absorbe,
derriba la palmera y la caoba.
Arrasa con las torres y los templos,
se ensaña con los pobres caseríos,
y, para terminar con sus ejemplos,
los deformes cadáveres oculta
en las turbias corrientes de los ríos,
y en las fosas marinas los sepulta.
276
NO HAY PAZ POSIBLE
Sigue la humanidad en guerras intestinas
complicando del mundo toda posible paz…
Es que el ente desea, bajo negro antifaz,
en lugar de las rosas colocar las espinas.
Así, cuando reparte las esencias divinas
que despiden las rosas de su huerto feraz,
tiene el filo del cardo que, punzante y voraz,
hiere la contextura de las vetas más finas.
Al vibrar de las notas del concierto mundano
danzan con ritmo igual gentuza y burguesía:
nada detiene el ritmo cuando canta el alcohol.
Por eso ese plomizo fulgor del meridiano
igual sirve a los brutos que a la sabiduría…
Todavía la insania no se ha robado el Sol
277
PRESUMIR A COSTA AJENA…
La luna, presuntuosa damisela nocturna,
con su traje de nubes y su lujo de plata,
sale a dar su paseo de rutina escarlata
sobre nuestro planeta de cara taciturna.
Disipa la pesada tiniebla que embadurna
de tiznes ancestrales el rostro que retrata,
y repite en la misma tristona caminata
la misma trayectoria. La potencia diuturna
del sol es la que nutre, lo que aviva y sujeta
a la luna orgullosa. Pero en nada se inquieta,
y se atreve a decirle ––con injusta ironía,
al sol, que ni siquiera presume de fantoche––:
que al verlo tan enorme nunca sale de noche.
¡Siendo el sol el autor de la noche y el día!
278
TODO TIEMPO PASADO PARECE MEJOR
Llorar sobre la tierra del pasado ya extinto,
es hacer de las lágrimas infinitos eriales,
es lo mismo que darle candela a los trigales
o perderse en el monte llamado “laberinto”.
Lo de ayer ya pasó; lo de ayer fue distinto.
Volver a las casuchas de viejos arrabales
a vivir como viven las naciones tribales,
es forjar un futuro lóbrego sobre un plinto.
Con esos “lloriqueos” vivimos los cubanos,
pensando en un regreso que no es posible ya:
sin primos y sin tíos, sin padres, sin hermanos.
Todo lo que fue nuestro lo tenemos acá;
los hijos y los nietos son norteamericanos,
¡los cubanos legítimos se quedaron allá!
279
ABRUMAMIENTO
Buscar la enemistad del auditorio humano
es hazaña de locos o de cortos de idea;
allí donde la vista del mundo se recrea,
los límites del hombre no abarcan lo lejano.
Pareciera locura secar al gran oceano
o querer convertirlo, por antojo, en batea.
El mar, que sube y baja por arte de marea,
nunca podría nadie desaguar con su mano.
Así, la muchedumbre ––llamada mayoría––
es la mar sin orilla: mar de gente que abarca
la redonda mirada de horizonte a bahía.
Al fijar ese término, que los “límites” marca,
es el mar infinito quien nos abre esa vía,
limitada, que mueve nuestra efímera barca.
280
AL QUIJOTE Y SANCHO PANZA
(Homenaje a 400 años de su nacimiento)
De La Mancha en el suelo castellano
se hallaban el Quijote y su Escudero,
Sancho Panza. Un Rocinante ibero
desordenaba la extensión del llano.
Relampagueante de fulgor la mano
diestra del “ingenioso caballero”
bajo el fuerte dominio del acero
y la plomiza luz del meridiano.
Las espadas hirieron los gigantes
de hierro; cabriolaron los equinos
—imaginarias bestias de Cervantes—.
Tiñó el fuego del sable el arrebol,
y exánimes, caballos y molinos,
chorrearon por la herida sangre y sol.
281
SEIS DEL MES SEIS DEL AÑO SEIS
Este seis del mes seis del año seis
os procuro el mejor de los regalos:
que os liberéis de los trajines malos
que en las noches viciadas vos tenéis.
A los supersticiosos vos no deis
cabida ni en el alma ni en los halos
de la casa del Ser. ¡A piedra y palos
echadlos del lugar si vos los veis!
Ninguna mente que se intranquilice
con lo que el vulgo trasnochado dice
puede tener, al fin, una paz propia.
Vosotros que gozáis en esta farsa,
bailadores seréis en la comparsa
de una copia copiada de otra copia.
06/ 06/ 06
282
MERCEDES MATAMOROS
(La Safo cubana)
La musa del más bello consonante,
para darse en románticos apegos;
en la blanca ribera de Cienfuegos
la vistieron con galas de diamante.
Se nutrió de la esencia que, distante,
venía sobre barcas de altos fuegos;
conforme Safo erotizó a los griegos,
Cuba la vuelve su más fiel amante.
De su erótico verbo hace derroche;
los desnudos encantos de la noche
gozan de Eros en la ardiente llama.
Junto al verde cubano y el turquesa
de aquel mar caribeño a Safo besa,
y Cuba, como Lesbos, le dio fama.
Miami, mayo de 2008
283
EL VASO PERDIDO
A mi edad, cuando un vaso se me pierde,
ni yo mismo me pongo a hacerme caso,
lo releva al instante mi otro vaso,
¡y dejo que el olvido lo recuerde!
¡Que un vaso se perdió en la calle verde
que conduce a mi triunfo o mi fracaso!,
qué más da, si yo sigo firme el paso,
y el perro de la envidia no me muerde.
Otro vaso, otra alcoba y otra cama;
otro barco, otro puerto y otra dama,
sin que cambie mi ruta ni mi estrella...
¡Cuando yo me preocupo de verdad
es cuando vuelvo a ver con sobriedad
y no encuentro en mi cuarto la botella!
20 de junio 2000
284
LA MUJER DEL PIOJOSO
(Epigrama)
¡Piojoso!, le gritaba a su marido
cada vez que tenía una ocasión,
y tanto molestó su indiscreción
que el esposo vivía compungido.
Cansado de escucharla, enfurecido,
en un pozo la echó, con su razón;
pensaba que con esta decisión
habría con la ingrata concluido.
Pero luego creyó que él era el malo,
sin darse cuenta que del mismo palo
siempre han salido las peores cuñas.
Asómase al brocal del pozo, a ver,
y oyó que desde el fondo su mujer
le gritaba ¡piojoso! con las uñas.
285
COGE EL CUBO Y VAMOS
La fauna de las aves una vez
tuvo una junta urgente monte adentro,
llegando de mil puntos al encuentro
las especies de más exquisitez.
Acordaron, con mucha rigidez,
que los vistosos se quedaran dentro
ya destinados para ser el centro
de un homenaje, por su lucidez.
¡Los más feos irán a buscar agua!
—dijo un pájaro azul con mucha magua—.
El búho y la lechuza, sin reclamos
ni protesta posible, hicieron dúo...
y se escuchó cuando graznaba el búho:
¡Oye, lechuza, coge el cubo y vamos!
286
PARA SER POETA
I
Para ser un poeta y ser profundo
no sólo basta con tener talento,
sino desarrollar un pensamiento
que vea todo la tensión del mundo
Para llegar al manantial fecundo,
donde toda mirada tiene aliento,
palas y picos del vocablo invento
y en el abismo del saber lo hundo.
Como el minero que la tierra cava,
la mano recia en los filones clava
y barre cuanto sedimento estorbe.
Brotan soles al pie de la penumbra
Esa penumbra celestial que alumbra
la llanuras sin límites del Orbe.
287
II
Cuando el Orbe de Dios desaparezca
y la neblina en la borrasca bogue,
y en las últimas ánimas se ahogue
del último suspiro la fe, y crezca
el desamparo, donde nada ofrezca
una puerta de luz que desahogue
la penuria interior, donde epilogue
la pena y otro mundo reamanezca…,
sólo entonces el mundo será mundo
creado por un soplo en un segundo.
Sólo entonces el cielo será un cielo…
Y el mundo del abrazo y del adiós
podrá entonces creer que vino Dios
a enmendar la tristeza de este suelo.
288
RIMAR BIEN O NO RIMAR
I
Aquí varios defectos como norma
le impiden al llamado “sonetista”
que un soneto de clásico se vista,
ciñéndose a la más correcta forma.
La exigente razón no se conforma
con la nueva visión del modernista
que el fácil consonante lo despista
y las rítmicas cláusulas deforma.
Me parece una falta de respeto
contra la pluma de gentil esteta
deformar la figura del cuarteto.
Si en el arte buscamos una meta
no lo hagamos a costa del soneto
ni violemos las leyes del poeta.
289
II
Sabemos de la estrofa que han escrito
muchos bardos, en raro serventesio
y en vez de buen soneto, un adefesio
le han dejado a Cervantes, sin prurito.
Riman ansia y fragancia, gran delito,
y nos riman aprecio con magnesio
o consuenan desprecio y polinesio
como cosa normal en cualquier rito.
No creo que las leyes de la estrofa
merecen que se traten con tal mofa
cuando riman aprecia con amnesia,
o riman universo con almuerzo,
o arriman verso a la palabra fuerzo,
o juntan necia con la voz iglesia.
290
III
Carroza nunca es rima de la rosa,
ni playa es una rima de batalla;
no se debe rimar, nunca, medalla
con atalaya, porque es fea cosa.
La rima debe ser bien armoniosa:
la elle con la ye no da la talla,
que la Y griega sonora sólo halla
rima con “aya” para ser preciosa.
No es correcto rimar adiós con voz,
pues con eso causamos pena atroz
colocando al soneto en una cruz.
No se debe rimar jamás con paz
ni compás y quizás con capataz
ni se debe rimar Jesús con luz.
IV
He visto con asombro muchas veces
muchos bardos rimar feliz con lis,
que riman infeliz con tal país
y los meses con peces y sandeces.
Otros riman expreses con dobleces
o maíz y desliz con gris y anís,
cuando se sabe que desliz y gris
son rimas de distintas fluideces.
El caso y el abrazo; casa y raza;
y amasa, pasa y tasa con tenaza:
no son rimas que rimen, y por eso
evitar es preciso que a la brisa
le rimemos ceniza en vez de misa,
y el rezo no se arrime con el beso.
291
V
Los buenos juicios a lo bien rimado
de los clásicos versos que aquí copio,
aunque sean arranques de amor propio
llevan todo un principio equilibrado.
Es que el verso hay que oírlo musicado
––quizá verlo con vista libre de opio––
o a través del estricto microscopio
del audio filtrador de un ritmo alado.
Un soneto es igual que una guitarra
que si el músico experto no la afina
su música es un ruido que desgarra.
Catorce cuerdas de exquisitas notas
será el soneto que feliz culmina…
¡y no guitarra de las cuerdas rotas!
292
VI
Una vez escrutado lo de afuera
pasemos a mirar los pormenores
de los versos de tantos creadores
que lograron del arte justa esfera.
Padecemos de baches, que, a manera
de vulgares pedruscos sin colores,
les perturban las formas interiores
que Violante a los bardos exigiera.
Si Violante volviera en este día
y topase con tanto desacierto,
seguro que a morirse volvería,
tapiando con sordera cada oído…
pues sería mejor quedarse muerto
que sufrir el pavor de tanto ruido.
VII
Exentos de idiomático artificio,
poetas que pasaron a la historia
presentan al dosel de la memoria
la estética estructura de su oficio.
Recordarlos es justo beneficio,
pues están en la cima de la gloria
y no son de materia transitoria
sino como la esencia del silicio.
Cada uno de ellos fue mandado
por el Violante de su edad hacer
un soneto con verso bien rimado.
Por eso para estar del arte a tono
siempre es bueno estudiar o releer
a quienes honran del soneto el trono.
Miami, 2009
293
EL VIGÍA
Desde el alto dosel del colgadizo
lanza el lente de vidrio su azagaya
y se ve la marea cuando explaya
sobre el salitre del oleaje rizo.
Un sol ardiente, de caer plomizo,
se esfuma de la última atarraya;
deja que el viento desbocado vaya
por el valle del mar. Es el hechizo,
todo luz, todo cielo... Todo ensaya
torrentes de fulgores tras la raya
que sella el horizonte tornadizo.
Un prisma de colores se desmaya
junto al borde rocoso de la playa,
y la arena empercude el colgadizo
294
II
Pesca peces de lunas, El Vigía
que vela por la playa en altas horas
bajo el cielo de estrellas voladoras
que protege el confín de la bahía.
Coge perlas urgentes. Se diría
que un hato de ballenas paridoras
en un parto de mares hundidoras
parieron, en la noche, un nuevo día.
Porque Marte sacude oscuras proras,
la misión de las ansias pescadoras
su atarraya no cumple todavía.
Pero el fondo marino, de sonoras
llevadas y traídas, entre auroras
y oleajes, ¡será todo de El Vigía!
295
SÍMIL DEL MAR
I
Líquido tigre en una jaula ingente
construida de playas, sol y arenas;
ondas airadas curten tus melenas
y un halo de salitre se hace puente.
Distante orilla tu mirada abrasa
con fulgores de cielos sin país,
y reinos de sirenas de alma gris
perlas reciben en rocosa casa.
Cuarto creciente tu colmillo afila
y ruges de mareo en la tranquila
distancia que tu voz apenas toca...
¡Oh mar iluminado de azul bello!,
¡secuestra mi sonrisa en el destello
que aprisiona tu furia en una roca!
296
II
Monstruo marino de afiladas fauces
que hiere hueso y carne de la orilla
cubierta con la gracia de la arcilla
que te sujeta en apretados cauces.
La fuerza del oleaje bulle y salta
sobre una cordillera de arrecifes
cuando suelta la tarde los esquifes
y el horizonte de carmín esmalta.
El vaivén de las olas de tu vientre
abre puertas azules para que entre
la flota de los astros ––mil navíos—,
y te bebes de un sorbo casi largo,
para aliviarte del intenso amargo,
las dulces aguas de sinuosos ríos.
297
LLUEVE
Hoy ha llovido intermitentemente:
ha llovido tan fuerte y del tal modo
que el agua casi lo destruye todo
con una fuerza de bestial torrente.
Pasa el río corriendo bajo el puente
llevándose con furia piedra y lodo
y ha dejado en el borde del recodo
piedra y lodo y gravilla, la corriente.
Donde el río incesante serpentea
las aguas han formado una batea
que parte la corriente por el medio.
A lo lejos, y al pie de las montañas
los labriegos sin tierras ni cabañas
se mueren angustiados y de tedio
.298
FANTASÍA
I
Como campana del más alto timbre
con el badajo del metal más puro,
quiero timbrar del inmutable muro
todo silencio…, del jardín de mimbre
ha de cruzar por la copiosa urdimbre
como si fuera un musical conjuro
que, abriéndole caminos al futuro,
haga que el roble de la gloria cimbre.
Que el piano del jardín se desordene
para que el río una canción estrene
sobre la cuerda magistral del valle…,
que toda la natura se haga estreno,
que se hinche la nube con el trueno
y en la extensión del universo estalle.
299
II
Una lluvia de soles y de estrellas
caerá sobre el mar de la llanura
para borrarle de la noche oscura
los penúltimos visos y las huellas.
Soltaré mi rebaño de centellas
a que paste del llano la verdura,
a que beba en el río el agua pura
y se recree de montañas bellas.
Desde una verde sideral baranda,
el duende de la noche, su bufanda
de neblinas se puso. Ya la noche
llega en puntillas a la azul laguna…
Con celestes encantos ya la Luna
recorre la campiña en áureo coche.
300
LA MORDEDURA
Nació para morder mi dentadura,
mas no muerde con ansias de homicida;
cuando muerde, el lugar de la mordida
como en marcas de luz se transfigura.
Su signo de pureza es la blancura,
y en vez de dar la muerte da la vida;
no se nota ni rastro de la herida
que debiera dejar la mordedura.
Lo mordido me dice que yo muerdo
y queda tras el acto ese recuerdo
que no es posible que la marca pierda.
Morder es acto que su ardor no pierde
si quien muerde anestesia lo que muerde
y después la mordida lo recuerda.
301
EL AVARO
El mundo nunca expira en su confín
ni en la charca podrida del batracio;
el mundo, según Dios, es un espacio
en donde el genio desconoce el fin.
Las luchas de los necios es trajín
muy propio de los mozos de palacio.
¡Sus quejas sólo son un cartapacio
de inútiles papeles! De este esplín
tedioso, la ilusión se aburre y cansa...
¡Hasta la bestia más humilde y mansa,
cuando la empujan sin cesar, patea.
Con los tontos de siempre no termina
la contienda estrambótica que arruina
los más nobles conceptos de la idea.
302
TRÍPTICO A COATEPEQUE
(Ciudad en flor y cuna de “Nando”)
(José Bernardo Pacheco (Nanodo), periodista
salvadoreño, murió en California.
I
Tú, ciudad perfumada por la brisa
del cafeto. Por ti mieles derrama
la colmena del cielo. El panorama
que circunda en tu paz de sol te irisa.
Tú, ciudad que te hiciste una sonrisa
del tamaño sin fin de tu oriflama...
Yo te quiero cantar porque me llama
la piedra de tus calles... ¡Vengo aprisa!
Quiero ser una noche huésped tuyo.
Caminar por tu campo sobre cuyo
suelo fértil se incendia el aura pura.
Quiero darme a tu voz, estar presente.
Mezclar mi sueño con los de tu gente.
¡Ser un grano de arena en tu cultura
303
II
Coatepeque de soles y riachuelos;
de palomas de plumas blanquecinas,
que irrumpen en llanuras y colinas
con el arrullo de sus mansos vuelos.
El intenso azulino que en tus cielos
se inflama de centellas vespertinas,
se sumerge en las aguas cristalinas
y el lago de tu nombre siente celos.
Entre tu flora “intensamente verde”,
como un encanto natural se pierde
triste y monótono, el dichosofuí...1
1 Especie de ave en El Salvador.
Pericos, clarinetes y chiltotas
terminan picoteando las bellotas
que no son el manjar del colibrí.
304
III
Coatepeque. Ciudad en flor. Mimada
y hermosa tierra. Sin igual pedazo
de América. ¡Jardín! ¡Qué noble lazo
te fundió con el monte y la llanura!
Coatepeque de ensueños. Cuna alada.
La bondad es un niño en tu regazo.
Siempre gustosa para el noble abrazo,
eres himno y conciencia y llamarada.
Tu zenzontle canoro cuelga el nido
en tu árbol de fuego, que, encendido
de hermosos tintes, la pradera nimba.
Y en tus noches nostálgicas y bellas
se desgrana el maíz de las estrellas
sobre el surco de miel de tu marimba.
305
LAS TRES MEDALLAS
Para ese bardo que la lengua trata
como si fuese una moneda pobre,
traigo pulido medallón de cobre
y así le ofrezco mi noticia grata.
Que empine su infinita serenata
donde la vida del pudor zozobre;
tal vez con esto la razón recobre
y se consiga un medallón de plata.
La palabra requiere transparencia,
porque, a falta de música y esencia,
pierde el verbo la gracia del decoro.
Si fuera consecuente con su idioma
le podría ofrecer mejor diploma
con un radiante medallón de oro
306
LO TRANSITORIO
Tenuemente se ve en la oscuridad
una imagen de dos que yace quieta
(digo una imagen, porque la silueta
de los dos tiene forma de unidad).
Debe ser que el amor —necesidad
que sufren los vivientes del planeta—
sólo se logra cuando se concreta
la unión de una mitad y otra mitad.
Más tarde, si pueriles tempestades
dislocan la unidad, las dos mitades
ruedan perdidas hacia opuestos polos;
persiguen, a la vez, distintos puntos.
¡Por eso tantos que vivieron juntos
vagan ahora por el mundo solos!
307
A MIGUEL HERNÁNDEZ
En el centenario de su nacimiento
Este inmenso español de pura cepa
subió montañas e inundó los prados,
y trepó con sus versos los estrados
adonde el sol de los humildes trepa.
Quien apreciar su magnitud no sepa
es porque habita con los desterrados
o porque el fuego de temibles hados
en lo estrecho del alma no le quepa.
No sigo a don Miguel por esos toros
ni porque tenga sangre de los moros
(si la tiene) y le inunda su alta veta.
Lo admiro por rebelde y porque tuvo
los temples de poeta cuando anduvo
los caminos de espinas de un poeta.
308
CEGUEDAD
I
Anduvo en busca del hermoso sino
de la piedra fulgente y de la rosa,
pero a su cueva de intrincada losa
le tapiaron la puerta y el camino.
Cada humano se forja su destino
y se vuelve un esclavo de su cosa.
Una vez que sucumbe ante la fosa,
no distingue entre el ceibo y el espino.
Idolatra los dioses por herencia,
pero no se descubre la conciencia
por temor a que salga la mentira.
Es mejor comulgar con el engaño,
obediente al pastor de su rebaño,
que sufrir los embates de su ira
.309
II
El hombre sabe simular su empeño
bajo cierta apariencia de verdad,
al ponerle un fulgor de realidad
a la tiniebla que circunda el leño.
Se viste él mismo de señor y dueño
y oculta la soberbia en la humildad,
para que, cauta, en él la sociedad
piense que alcanza el añorado sueño.
Así a la ingenua muchedumbre pierde,
porque en el polvo miserable muerde
confundiendo la gloria con un cirio.
Sigue sus pasos la radiante huella
y descubre asombrada que la estrella
sólo alumbra el sendero del martirio.
310
EL LOBO
Estaba el lobo en su cubil tendido,
acechando el pasar de alguna oveja.
La atención alertada en cada oreja
le traía el mensaje a cada oído.
Pero el sabio pastor, que conocía
los fines de la fiera agazapada,
distrajo, con un ruido de manada,
al lobo, que, taimado, se escondía.
El pastor le echó mano a su trabuco,
aulló como otro lobo y ese truco
mantuvo al animal entretenido.
¡Disparóle un balazo entre las cejas!
Mas aun muerto intimida a las ovejas,
allí a la entrada del cubil, tendido.
311
EL NIÑO
(Fenómeno natural)
I
El Niño estuvo anoche aquí, en mi casa;
se ensañó con mi huerto, enfurecido.
El árbol de aguacate ha demolido
y del árbol de mango hizo una masa
de gajos retorcidos... Si rebasa
mi patio el ventarrón que lo ha batido,
podrá contar, después, reflorecido,
¡lo que sucede donde El Niño pasa!
Cuando este Niño colosal se ofusca
convierte la arboleda en charamusca
y con las flores del jardín arrasa...
Al ver todo el sembrado vuelto escombro
los vecinos descubren, con asombro,
¡que El Niño estuvo anoche aquí, en mi casa!
312
II
Este Niño —señor de piedra y palo
no parece tan Niño cuando llega.
A su paso los árboles doblega
y hace del bosque su camino ralo.
Se cree que el caserío es un regalo
que cual dócil paloma se le entrega.
Después que toma su botín, lo riega
con todo su impudor de Niño malo.
Talador sin conciencia, tiene un hacha
que suele manejar de racha en racha
y tala aquello que yo nunca talo.
Donde impone este Niño su paliza,
de las sombras esparce la ceniza,
mientras mata la luz a piedra y palo.
1998
313
TRÍPTICO
I
Desde los templos de la tarde el coro
de los dioses del bien busca la umbría
de la noche en silencio. En la vacía
tumba de un héroe recubierta de oro,
el angélico grupo irrumpe en lloro
triste que llena de región sombría,
como una queja que la luz envía
con música del himno más sonoro
que jamás ha cantado coro alguno.
La misión se termina y, uno a uno,
la tropa de querubes se disuelve...
Pero al día siguiente, en la mañana,
se ve al coro que en una caravana
hacia el palacio de la tarde, vuelve.
314
II
La misión de la hueste es repetida
de tiempo en tiempo: repetida llama
que palidece cuando el héroe clama
que está perdiendo su señal de vida.
En el mundo real, que el hombre cuida,
sobre los héroes que han ganado fama
no todo el tiempo su nación derrama
el honor sepulcral..., y hasta se olvida
la causa de sus actos y sus nombres.
Si los héroes forjaron a los hombres
con la sangre, y la lucha y el decoro...
¿Por qué negamos el hermoso ejemplo?
¿Por qué nos revelamos en el templo?
¿Por qué nos cubre mundanal desdoro?
315
III
Si lo mundano canaliza el juicio
de la moderna sociedad reinante,
¿qué dantesco camino alucinante
ha de ser corredor al precipicio?
Condenada a fallar desde su inicio,
la humanidad es ente deambulante,
que, si toma la piedra y el diamante,
de la luz diamantina hereda el vicio.
Y así, de infaustas ilusiones medra.
La piedra, que fue piedra, será piedra
mientras el Genio con sus llamas arde.
Y cuando el mundo la verdad recobre
y el fausto cese de humillar al cobre,
volveremos al templo... ¡Si no es tarde!
316
LA CHOZA
¿Ves allá, como brilla la cumbrera
de la choza del hombre labrantío?
¡Cuánta lluvia desciende rumbo al río
por su alero de guano y de madera!
Con el peso del tiempo, cual si fuera
la efigie de una bestia en el bajío,
con su carga de sol, luna y rocío
domina la extensión de la pradera.
Bajo el techo, que humea la colada,
somnolienta se va la madrugada
seguida por el último lucero.
Y frente al resplandor del nuevo día
denunciando la pena labrantía
lagrimean los ojos del alero.
317
MUERTE Y RESURRECCIÓN DE LA TARDE
Los aullidos lejanos de los perros nocturnos,
que resuenan allende las montañas de hielo,
son augurios de muerte descendidos del cielo
y estrujados por horas de continuos vulturnos.
Pasean unos duendes de elegantes coturnos,
de cadencias sombrías y en carrozas de duelo.
La tarde, que expiraba cantando un ritornelo,
se extinguía entre suaves inciensos taciturnos.
Una diosa embrujada por tormentas divinas
sepultó su cadáver sobre ardientes colinas
sin señales de muerte, donde Febo la llora...
Mas, de noche, en puntillas, sin que nadie lo sepa,
se sale de sus túmulos y corre hacia la estepa
de la inmensa campiña, disfrazada de aurora.
318
AMAR AFUERA
Un faro parpadea en la distante
extensión de mi tierra sin orilla.
El oleaje parece una flotilla
que no encuentra la ruta del Levante.
Recorro los astrales pasadizos
como quien ha perdido todo acierto
y busca la ribera de algún puerto
que le salve los días enfermizos.
Este mar que mi vida convulsiona
también tiene su luna y su marea
y vive de las muertes que ocasiona.
¡A veces me seduce a que zozobre!
Mas, si el genio fenece en la odisea,
¡el alma vivirá de lo que sobre!
319
ILUMINADOS VUELOS
Los sueños aletearon sobre un muro
que corre paralelo al horizonte.
Hallaron en el vértice de un monte
los amplios miradores del futuro.
Volaron presurosos por la cumbre
de los altos veneros de la suerte,
como un soplo divino que los vierte
en cascadas de música y de lumbre.
Empluman con el lujo de las aves
que recogen cadencias en las suaves
orillas de los lagos del estío...
Son bandadas de nítidas palomas
que persiguen los fúlgidos aromas
de las fértiles márgenes de un río.
320
SISMO
Me siento con las musas asustadas
por tormentas de auroras confundidas,
por altos vendavales consumidas,
en muchas primaveras olvidadas.
Me siento que perdí las alboradas
en la vida de ahora y de otras vidas,
en las etapas por mi ser vividas
en épocas distantes, ya pasadas.
Aparentes desórdenes me asombran:
Parece que las voces que me nombran
me cerraron la puerta desde adentro
y tiraron la llave en el abismo...
¡Si el epicentro no señala el sismo
llegaré por el sismo al epicentro!
321
SUICIDIO DEL RÍO
Por los altos caminos de los cerros
transita el agua en su lunado coche.
Distante, ladran tenebrosos perros
heridos por los dardos de la noche.
Como un espejo que asustó la sombra
más allá de la hermosa rosaleda,
al pie de la colina es una alfombra
la poca luz que en el espacio queda.
Se quiebra el cosmos con el trueno rudo,
y el río corre como un dios desnudo
y loco, por la tierra estremecida.
Sigue de prisa por la sed del llano,
y en los pozos del mar, como un anciano
que trasnocha en el tiempo, se suicida
322
UN RARO RÍO
Soneto sin sinalefa y sin la conjunción y. (Nota del autor). *
Corre veloz el transparente río,
derriba puertas de cristales puros.
Traspasa los antiguos intramuros
con sus fuerzas de fiero desafío.
Por extraños parajes desemboca
la constante corriente que socava
duros perfiles de rugosa grava,
¡que tiene siglos de llamarse roca!
Lo mueven fuerzas de fluvial empuje,
toda calcárea resistencia cruje:
se vuelve pobre, desigual arena...
Por el último miedo de la bruma
pasan navíos de sutil espuma
con hojarascas de la tarde buena.
323
TIEMPO TORMENTOSO
Porque el ancho universo no es de nadie
—no se sabe que a nadie pertenezca—
no se admite que el hombre lo oscurezca
y, cuando quiera su pasión, lo irradie.
No puede el fuego de infernal Vesubio,
en la divina placidez de un cerro,
pedirle al orto que el rosal y el hierro
se consagren y vivan en connubio.
Cuando el tiempo se rompe nos maltrata...
Igual que una tormenta se desata
en la noche de miedo y de ludibrio;
por ríos desbocados en sus cauces,
por mares que nos tragan en sus fauces
y montañas que pierden su equilibrio.
324
A MI PATRIA
Patria lejana. Por mis noches solas
me sigue la nostalgia del regreso,
y dulcemente me descubro y beso
la bellísima enseña que enarbolas.
Tu recuerdo palpita en las corolas
de las rosas que miro en mi embeleso,
y mis penas más íntimas te expreso
por la lengua del viento y de las olas.
Para cantar a tus reminiscencias
no son bastantes todas las cadencias
ni bastarían todos los arpegios...
Por eso al verte en la distancia oscura,
como un impulso de sin par locura
se me salen por ti estos florilegios.
325
ESTAS CANAS
Bajo estas canas de poeta adulto
—señal de clara senectud serena—
canta en perenne juvenil verbena
el niño viejo que me queda oculto.
Es el pasado que dejé insepulto
en las noches oscuras de la pena,
cuando vagaba por la calle ajena
perdido con la bulla del tumulto.
Juventud y vejez: hondo contraste.
Consiento que la vida se me gaste
y a su dictado la existencia ciño.
Me busco la respuesta en el espejo,
y descubro que tras el rostro viejo
vive latente la ilusión de un niño.
326
EL HOMBRE ES SÓLO UN ÁTOMO
El hombre es sólo una pisada leve
que siempre cubre polvoriento rastro.
Finge o pretende parecerse a un astro,
pero ni el monte ni el oleaje mueve.
Todas las veces que a reinar se atreve,
perturba el esplendor del alabastro.
Su cama no es de luz, es un camastro
o el colchón del olvido que es la nieve.
El hombre le mintió a la Humanidad:
Le contó que el rosal había crecido
para el nido de un ave pudorosa...
Pero el árbol —herido de maldad—,
en vez de abrir al ruiseñor el nido,
¡echó a volar la iluminada rosa!
327
EL HOMBRE
(Soneto eneasílabo)
El hombre al nacer es montón
de simple materia carnal;
principio de bien o de mal
según encamine su acción.
Si logra sembrarse ilusión
convierte en jardines su erial,
y alcanza la meta final
cumplida su santa misión.
El hombre no nace con una
estrella de gloria y fortuna
echando fulgor en el hombro...
El hombre tan solo es cimiento
que puede elevar el talento
o puede quedar para escombro.
328
EL TORRENTE
Este río no dice lo que trae
en sus aguas melódicas y puras,
pero deja un reguero de premuras
sobre los precipicios donde cae.
Tanta luz terrenal le pesa encima
y parece un cansado peregrino,
que en la dura mitad de su camino
la carga que lo alumbra lo lastima.
Amigo de los tórridos vergeles
transita por el sur de los laureles
con sus voces de arrullos y cristales.
Como un potro cerrero se desboca
y solo se detiene cuando toca
los arrecifes de los litorales.
329
EL TRUENO
La atmósfera de súbito se alumbra
desde una nube de sombría entraña.
Por una estribación de la montaña
desciende trepidante en la penumbra.
Cuando su estruendo la tormenta crispa
y arrecian por su furia los chubascos,
el trueno —bruto de encendidos cascos—
transforma el cielo en gigantesca chispa.
Un fuego se encabrita en la pradera:
como en un galopar de primavera
se desbocan los cauces de los ríos...
La campiña se nutre de agua y lumbre,
y desde el verde llano hasta la cumbre
florecen jubilosos los plantíos.
330
MILAGRO
Un milagro del prisma le retrata
los recónditos puntos a la idea,
en su mágico espectro los dilata
cuando el ojo del mundo parpadea.
Bajo el marco del iris escarlata
un río de palabras se hermosea;
al romperse en sonora catarata,
el ritmo de sus aguas centellea.
Al influjo febril que funde soles,
consigo que los pétreos caracoles
se presenten con alas luminosas:
Ya conocen los hábitos del vuelo
y pueden compartir el mismo cielo
que mis otras ardientes mariposas
.331
SIN HORA
El tiempo se ha quedado detenido:
El reloj —un redondo itinerario—,
sin la exacta secuencia del horario
y el minuto puntual, se llama olvido.
Las horas se deslizan al descuido,
ni siquiera se siente el campanario.
Queremos prolongar un calendario
que en el último mes quedó vencido.
Habrá que comenzar un mundo nuevo:
otra vez la semilla, el asno, el huevo,
la chispa, el leño y el reloj de arena.
A no ser que la historia cambie el curso,
al hombre no le queda otro recurso
que cumplir en la sombra su condena.
332
PERDÓNALOS, POESÍA
Poesía, perdona tanto insulto
de los que tienen la mentalidad,
que deben producirte en cantidad
para venderte calculada al bulto.
Tanto el poeta del estilo culto
como el que escribe por casualidad,
saben que en la virtud de la humildad
está el misterio de tu amor, oculto.
Tú no puedes morir ahora ni nunca.
La vida sin tu luz no tiene metas,
es como estar con la mirada trunca.
Solamente un prosaico aceptaría
un mundo despoblado de poetas
con una sociedad sin poesía.
333
EL TERRUÑO
Todo es claro y sereno. Ni un rasguño
se atreve a perturbar la serranía.
Tal un toro encendido llega el día
a la tibia fragancia del terruño.
Distante, como en una cordillera
de verdores de abril, reposa el monte.
Las palmas, para ver el horizonte,
engalanan de nuevo su escalera.
Por el fondo soleado del bajío,
sobre piedras de mágica blancura,
cual sierpe de cristal, serpea el río.
El viento de perfumes se satura
y moja con un llanto de rocío
sobre el verde esplendor de la llanura.
334
MÍO Y TUYO
Este soneto mío, es tuyo y mío,
que el sueño de tenerlo es mío y tuyo.
Con mis hondas tristezas lo construyo;
con mi anhelo sublime lo atavío.
Lo busco grande como un sol de estío,
y con noble intención lo disminuyo
a la dulce humildad con que un cocuyo
entra en la noche del jardín umbrío.
Es mío este soneto: es de los dos,
pues yo lo escribo pero tú lo inspiras
y llenas de alas, porque vaya en pos
del edén de un ensueño, en manso vuelo.
Es mío y tuyo, porque en él suspiras
y hermanas mi desvelo a tu desvelo.
335
IDILIO
Es noche y tarde ya. Sobre el paisaje
desciende vertical la luna llena.
Un misterioso encantamiento ordena
la uniforme espesura del boscaje.
Hay un leve temblor entre el follaje
y su gala mejor Natura estrena.
Suave coloquio perceptible suena
más allá del color y del ramaje.
El tiempo sigue su misión redonda...
El profundo secreto de la fronda
se descubre al impulso de la brisa.
Al quedar a la vista un claro trecho,
el noctívago fiel admira un lecho
y dos siluetas que se van aprisa
336
EL CARBONERO
Va el triste carbonero con su arria
de carbón de madera, cuesta abajo.
No pretende que nadie, con fanfarria,
celebre la virtud de su trabajo.
Entre el llano y la cumbre, la cazcarria
sus driles destiñó del tiro al bajo.
Valiéndose del pico y la mandarria
construye cuesta arriba nuevo atajo.
Por el áspero borde de la loma,
un día tras el otro baja y sube.
Doma las bestias, la montaña doma,
y doma el tiempo cuando está cerrero.
¡A unos pies del regazo de una nube
hornea su dolor el carbonero!
337
MÁXIMA
Me exaspera y repugna ese lenguaje
del que es pudiente y al pedir demanda
y no entiende las penas con que anda
el hombre que ha nacido sin linaje.
No tiene más valor que el de su traje
—este lo viste pero no lo agranda—.
La dureza del alma no se ablanda
y el valor no le pasa del ropaje.
Pero al salir en la final partida,
se ven con apariencias casi iguales
los que fueron distintos en la vida.
La máxima no es nuevo lo que encierra,
pero puede enseñar a los mortales
a vivir más humildes en la Tierra.
338
EL AMOR ES TODO...
El amor es todo, es
el alma eterna de un dios,
que se ha dividido en dos
para juntarse después.
Jesús Orta Ruiz
El amor es un todo, es un latido.
Mitades apartadas del gran todo.
Dos esencias iguales... de ese modo
se junta lo que “un dios ha dividido”.
Las dos partes del todo son unidas
al tener la atracción de su mitad.
Tras formarse esa rítmica unidad
el amor se alimenta de dos vidas.
La mitad de ese todo siempre aguarda.
La mitad de ese todo a veces tarda.
¡En muchas ocasiones ya es muy tarde!
Remiso o pobre, si fugaz se inmola.
Pero si una mitad se queda sola,
¡acaba el todo y en delirios arde!
339
ELLA... SIEMPRE ELLA
Alguien me espera, sin hablar, afuera
—afuera del silencio que me abrasa—.
No le pregunto ni por qué no pasa,
ni qué le debo, ni por qué me espera.
¿Quién la sedujo para que viniera?
Temible, muda, la quietud traspasa.
Yo le diese la sombra de mi casa
si ello bastase para que se fuera.
Pero ella sigue con su acoso avieso...
La boca ahueca para darme el beso
que es el preludio de la despedida.
Al fin me envuelve con su escalofrío
y yo la observo, tras perder lo mío,
que se va como un duende con mi vida.
340
RECUERDOS
Te recuerdo en la casa vespertina,
tras los rayos que pulen la distancia,
en la hora doliente en que mi estancia
con los fuegos de Venus se ilumina.
En la fuente que bulle cantarina
para darle calor a la prestancia,
en el lis que recoge la fragancia
y en la noble pasión que te domina.
En el lampo de un místico horizonte,
en la tarde perdida tras el monte
y en el cielo tapiado de fulgencia.
En la sombra que cubre cada olvido,
en la angustia de un sol palidecido
y en los dolores de la indiferencia.
341
YO SOY
Yo soy una existencia dividida
por un sinnúmero de sinrazones,
que sigue con agudas intuiciones
los puntos razonables de la vida.
Cuando busco la fuente repetida
junto al fresco fluir de las pasiones,
una montaña de interrogaciones
se levanta en las rutas de la herida.
Me siento, por la sangre, transitado,
como el río de un tiempo inusitado
que cruza por el polvo que me abrasa:
Como viento que pasa sin un nombre,
que pasa por el hombre, para el hombre,
pero el hombre no sabe por qué pasa.
342
LA ESPINA
Un amago de espada en el perfume,
para no ser ofensa, compartida.
Es parte del vivir, y da la muerte
desde el pálido seno de la rosa.
La rosa crece crédula en el huerto
y vive descuidada en su refugio
de pétalos de fuego, nacarados
por brisas de joyeros cardinales.
¡Cómo puede su filo, tan de corte,
convivir con la flor, tan de azucena,
tan de lirio azuloso y perseguido!
La cadencia, que hiere pero suave,
es espina en la hora de la angustia
y rosa cuando el beso la reclama.
343
¿CARDO SANTO...?
¿En dónde está la santidad del cardo?
¿Será en la multitud de sus espinas
que punzan como lanzas asesinas
sobre la noble candidez del nardo?
¡Ah, cardo!, ¿qué santísimo resguardo
en tu punzante alrededor dominas?
¡Si no sirvieras para medicinas,
fueras mi más encarnizado dardo!
Eso te salva de mi espada ardiente,
si no te llamaría: Cardo hiriente
con la daga del físico más duro.
Pero, hablando de espinas venenosas,
¿acaso no hay espinas en las rosas
y las rosas nos hablan de amor puro?
344
EL FÓSFORO
De tamaño pequeño, su apariencia,
por la forma que tiene, poco vale,
pero a un golpe de mano sobresale
la llama que ilumina la existencia.
En el mundo moderno su eficiencia
no ha tenido una pluma que lo avale,
aunque a dar su servicio siempre sale
cuando apaga sus luces la opulencia.
Le despeja las sombras al fogón
al hacer que la noche del carbón
transforme las negruras en fogata.
Y basta que lo atraiga la cerilla,
para darle a la vieja lamparilla
la lumbre con un círculo escarlata.
345
¿PAZ O GUERRA?
Dispersos por los valles de la Tierra
van los hombres hablándonos de paz,
con los rostros que cubre el antifaz
que enmascara los gestos de la guerra.
A quien pida o proteste se le cierra
la ruta de lo justo y lo veraz,
y, perdidos los bienes y el solaz,
para hacerlo un esclavo, se le aterra.
Toda voz que se eleva la derriba
una fuerza mayor que más arriba
con canciones paz enciende fraguas
de guerra. Deja al hombre arrinconado,
moribundo, sediento... O casi ahogado
bajo el torrente de sus propias aguas.
346
CUANDO MUERE UN POETA
Cuando muere un poeta marca el duelo
sus límites, con rayos tremebundos,
y en las horas se vuelven los segundos
como enjambres de penas en un vuelo.
La noche impone sobre el sol su velo,
y se ahueca de abismos tan profundos
que ladran como canes iracundos
los clásicos panteones. ¡Y arde el cielo!
Converge su camino en un recodo
del sueño ilimitado, donde el lodo
jamás se ha visto ni con voz remota.
Yo le auguro, de mármoles, un parque:
¡Base de un nicho superior que abarque
los ámbitos que el tiempo nunca agota!
347
¡ROSA ROJA...!
¡Ah, rosa! Rojo pájaro que trina
tonalidades de color y esencia,
junto a la enjardinada residencia
que la festeja como su inquilina.
Vive cerca del muro y de la esquina,
borracha de esplendor y de cadencia.
Si pierde su irisada incandescencia,
se refugia esquinada en una espina.
Cierta gracia de mirlo la trasciende.
¡Pájaro rojo! Rosa, chispa... Prende
los penúltimos cirios de la tarde.
Hace fulgir la anochecida estancia
hasta que se evapora la fragancia,
y al fuego de la luna a solas arde
.348
LA NOCHE
Más allá de los muros de la tarde
la penumbra camina torpe y ciega.
Con un paso impreciso pero cierto,
se adueña de la faz de la llanura.
Tal un monstruo sombrío, sigilosa,
avanza sobre el prado verde-oscuro.
No hay día que su niebla no mutile
ni piedra que no quede oscurecida.
Cuando llega a la orilla abandonada
por un sol del otoño, encandilado,
conmociones de fuego sorprendido
le incendian la pared al campo roto.
Y la luna, allá arriba, se detiene
¡tal un hueco en el techo de la noche!
349
CORRIENTE SUBCUTÁNEA
Nadie ha visto los ríos de mis manos,
pero las cuencas de las manos mías
son corrientes tan hondas y bravías
que endulzan los sedientos oceanos.
Entre soles de ardientes meridianos
trascienden las inmensas galerías,
repartiendo un caudal de sinfonías
a través de los valles cotidianos.
Son ríos que terminan en los dedos
de mis manos. Los líquidos viñedos
que les crecen a cada coyuntura...
Es toda arteria un subcutáneo río
que, cuando pasa por el cuerpo mío,
halla en mis manos desembocadura.
350
LA TARDE VA DESCALZA
I
La tarde va descalza bajo un cielo
de chispeantes añiles vespertinos.
Son símiles de múltiples caminos
los caminos de sol del arroyuelo.
Si traspone fulgente el alto monte,
cada huella esencial cifrada queda
sobre el piso de flor de la vereda
que recorre el confín del horizonte.
¡La tarde va descalza! Si retoza
aparenta la gracia de una moza
que huye del fogón y la ceniza.
¡La tarde va descalza! Libre como
quien escapa del mundo policromo
que viene de la luz donde se hechiza.
351
II
La tarde va descalza sobre piedras
y troncos marginados. Bajo vientos
desnudos de pudicias. Vaga rumbo
al lindero de un tiempo inusitado.
La persiguen los canes de la sombra
que temen a los truenos repentinos
—las voces que se callan de repente
mientras roban el huerto y el aljibe—.
Los fuegos siderales la calcinan
en plomizos horarios del invierno
que purpuran con éter la distancia.
¡La tarde va descalza! Pisa el polvo
fulgente que las horas les sacuden
a los rostros inmensos del paisaje.
352
¿QUÉ ES POESÍA?
Una cárcel de amor que me aprisiona:
un arroyo, un palmar, una montaña;
un arcángel de bien que me acompaña
donde un mundo funesto me abandona.
Sementera feraz: inmensa zona
que me ofrece los frutos de su entraña.
Amanecer que en su fulgor me baña
y cielo que de estrellas me corona.
La paz espiritual del sueño mío.
La quietud inviolable de un bohío.
Una bella que adoro con locura.
Un niño que me quiere con ternura.
El desvelo sin límites de un padre
y el beso curativo de una madre.
353
SOMBRA
“Mi sombra va detrás”, y perseguida
por ella va la voz de mi memoria.
Mi sombra viene a ser una ilusoria
reminiscencia que agostó la vida.
Río inmenso de sombra detenida
en el muro del tiempo. Transitoria
linfa que nadie bebe. Promisoria
ruta, ¡más clara cuanto más perdida!
Ya no queda ni sombra para un ruego.
Voy a tientas, sin luces... Ando ciego.
Con el peso del sol la fe se abisma
y en un hueco del alma se me esconde.
¡Pero es dardo de luz cuando responde
las tenaces preguntas de ella misma!
354
TU VOZ
Tu voz le puso a mi jardín un piano
para que cante allí la primavera,
y el jardín floreció como si hubiera
recibido un torrente de verano.
Sobre el surco fulgió tu ardiente mano
y lloró de rocío la alta esfera
para que el nuevo ruiseñor supiera
por qué se desplomaba el meridiano.
La mañana corrió por ancho trillo
y yo seguí tu voz como un chiquillo
que caza mariposas como un loco...
Si el piano vibra enloquecidamente,
no lo saben la brisa ni la fuente;
no lo sabe el fulgor... ¡ni yo tampoco!
355
EL SOL
Caballero ambarino de alto coro
que baja y besa la región extinta,
y a cuyo soplo la natura encinta
da a luz un vasto ruiseñor de oro.
Reviste el Orbe de un latir sonoro.
Montes y nubes de arcoíris pinta,
—sabio pintor de renovada tinta—
pinta el alba, la tarde, el meteoro...
Este infinito celestial monarca,
parte del mundo terrenal abarca
al vestirlo con túnica de huerto.
Mas siendo amo de la claridad,
va perseguido por la oscuridad,
de la nieve y la arena del desierto.
356
LA LUNA
Argenta dama que incesante ronda
los pétreos huertos de las azoteas,
y a veces baja por las chimeneas
con una ingenua placidez redonda.
Camina por el verde de la fronda
y las calles sin luz de las aldeas.
Impulsa la eclosión de las mareas
y se columpia en su añilada onda.
El mundo cubre con un tul de plata:
Se queda prisionera en la escarlata
belleza de la mística nocturna...
Después que sobre el universo gira
rumbo al negro poniente se retira
con un rostro de anciana taciturna.
357
CLARIDAD NOCTURNA
¡Que la noche es oscura! Ya nos consta.
Pero hay noches sonoras como un himno:
las noches esas que se duermen contra
los altos muros donde está el Olimpo.
¡Que la noche es oscura! Ya es un dogma.
Mas hay noches tan claras como un filtro:
las noches esas con que el cielo colma
de luces nuevas la extensión del limbo.
De la noche sabemos que es un monstruo,
pero hay noches serenas como un árbol,
que nos salvan del viento del insomnio.
De la noche sabemos que es perpetua,
aunque hay noches con hálitos de pájaro
y noches con perfumes de cuaresma.
358
¿QUÉ BUSCO?
Aquí estoy, frente a frente al universo.
¿A qué temo, qué busco, qué me ata?
Los fugaces arcángeles del mundo
ni siquiera me saben ni me han visto.
¿De qué huyo y por qué, cómo raciono
la porción de la culpa que me toca?
¿Cómo reparto, sin contar con ella,
la fortuna que tengo y que no guardo?
Vivir el esplendor del oro, el pobre
oro, que maravilla y que empobrece,
deslumbra por lo alegre y por lo triste.
De paso, la ilusión ha desnudado
un cofre de diademas retroactivas
que acepto como el último recurso.
359
EL PODER DE LA MUSA
La musa tiene el cielo por veranda,
desde cuyos asomos mira al mundo.
Un ojeo que indaga en la distancia
del recóndito ayer, lo más oculto.
Trasciende de lo ignoto la muralla
y toca más allá de cualquier muro.
La grieta, ni por honda ni por alta,
detiene la potencia de su impulso.
La musa brujulea el mar del tiempo
y divisa su Norte y marca un puerto
a donde siempre sus bajeles lleva...
La musa no naufraga en el oleaje:
Si seguimos la estela de su nave
al puerto de partida nos regresa.
360
AL REVÉS
Un soneto al revés pudiera andar
sereno por las calles de una nube
y los ojos anclados en el mar.
Un asombro endiosado de querube
se asoma por el júbilo solar
para ver, cuando sube, cómo sube.
Imagino que puede —pies arriba—
caminar el jardín de las estrellas,
y dejar en sus pétalos las huellas
que el tiempo no perturba ni derriba.
No sufro si el abstracto pavimento
estrena las pisadas de sus pies.
Yo pienso que, pensándolo al revés,
puede abrirme su puerta el firmamento.
361
LA CONSTANTE EVOLUCIÓN DEL AGUA
De regiones rugosas baja de banco en banco
el arroyo que brinca como un potro cerrero.
Recorre la florida dimensión del potrero,
y cruza de la sierra por el agreste flanco.
La luna que lo mira correr junto al barranco
lo sigue por las noches que van de enero a enero,
cuando, limpio de nubes, después de un aguacero,
se ve desde la cumbre como un hilillo blanco.
Ya es río y se desliza sobre la piel terrena;
se dijera que enmarca similitud de vena
y que esa vena nutre del mar la inmensa vida.
Después en forma acuosa del mar al cielo sube,
y, una vez en la atmósfera, se vuelve densa nube
que desciende en las gotas al punto de partida.
362
SECUESTRO
Las rutas del secuestro, casi agoto:
Esa ruta del tiempo —la más clara—,
la que parece que mejor ampara,
sólo me muestra su trayecto roto.
La ruta de la noche, la que noto
que quizá mis impulsos ayudara,
solamente me lleva a la más rara
presencia con reflejo de lo ignoto.
¿Por el secuestro de una rosa bella
secuestro la beldad de una doncella,
la idea de algún dios raro, siniestro?
No, yo sólo secuestro los encantos
de tus ojos azules, donde hay tantos
motivos con impulso de secuestro.
363
PARA SOÑAR
Cuando quiero soñar me voy al río
a contarle las piedras una a una,
le sigo las mudanzas a la luna
y le auguro rosales a oro estío.
Hermano la canción del extravío
al rumor de la plática montuna,
o navego en la paz de esa laguna
que rodea de verde el campo mío.
Les cuento los canutos a las cañas,
me deslumbro mirando las arañas
cómo tejen sus redes en las cuevas...
Espero por los rayos aurorales
y vuelvo con mi jaula de zorzales
por una ruta de ilusiones nuevas.
364
EVOLUCIÓN DEL AMANECER
Un hechizo de estrella taciturna
se cobija en la noche derrumbada,
y con tinieblas de la madrugada
los muros y los patios embadurna.
Cierra su cofre la deidad nocturna
y se duerme entre cirios, enjoyada;
por la puerta de luz de la alborada
se sale el sol de su radiante urna.
La aurora huye de la noche extinta,
y con la gracia de una moza encinta
da a luz al río sobre el nuevo prado.
Clava los ojos donde el día empieza
y los ojos transforman la belleza
en el himno del surco y el arado.
365
ENCARCELADO
Apenas puedo, el corazón herido,
sostener en las manos temblorosas;
a veces lo confundo con un mirlo
—minúsculo trovero de las frondas—.
Lo quisiera dejar gozando el trigo
que bandadas de místicas alondras
picotearon de sol junto al camino
alumbrado de espera, por las horas.
La tarde me secuestra, me subyuga.
Con un peso de asombro cotidiano
en su cárcel brillante me encarcelo...
Cada vez la mirada más confusa,
el corazón, que sigue mutilado,
¡apenas me permite sostenerlo!
366
LA POESÍA
La poesía siempre es una perla
que pocos tienen el valor de asirla;
como dijo un poeta: “Para verla
son los ojos del alma”. Podrá uncirla
quien abra el corazón para tenerla
y encuentre la paciencia de pulirla...,
no hallará simbolismos para hacerla
quien piense, a martillazos, esculpirla.
Para verla crecer y para amarla,
para estar orgulloso de abrazarla,
hacer que nos socorra y socorrerla,
no basta con pensar que vas a serlo
—que vas a ser poeta—, ¡sino hacerlo!
¡La poesía, amigo, es una perla!
367
POETAS DE VERDAD
Mis versos de esta edad son diferentes
a mis versos de ayer, de otros albores.
Acepto que los necios me critiquen
porque soy insensible a sus ñoñeces.
Los quiero acompañar en su camino
—por lástima quizá, no porque debo—.
Y es lógico que sepan que no dudo
que tengan un porciento de poetas.
Por esos que no saben que la rima
es franela esencial de este vestuario,
yo quiero hacer oír este mensaje:
No llaméis calderilla a las palabras
iguales, de los versos en las puntas,
que riman los poetas de verdad.
368
INQUIETUD
Un mundo sin fronteras ni destino
renuevo tras la lluvia que me acosa.
La tarde es más azul y más lluviosa
hacia el largo final de este camino.
Aunque tenga la miel, el pan, el vino,
y comparta los predios de la rosa,
un alma que anda errante no reposa
si cumple la misión de un peregrino.
Al calmar un instante el pensamiento,
vislumbra los fantasmas del tormento
bajo un cielo nublado y tempestuoso.
De regreso a las márgenes tranquilas
le embrujan de sosiego las pupilas
las palomas del bien y del reposo.
369
EL SILENCIO
I
El silencio abismal que me rodea
acosa con un ruido tan hiriente,
que pasa por encima de la mente
y destruye los ruidos de la idea.
En silencio constante torpedea
como una tonadilla persistente.
Me derrumba la voz ruidosamente
cuando, sin admitirlo, me vocea.
Debajo del silencio me acongojo,
calladamente el cascabel recojo
a donde no lo deshilvane el ruido.
En silencio ruidoso me sumerjo,
y del hondo mutismo nunca emerjo
por no verme callado, sin sonido.
370
II
Esa calma es igual que un grito mudo.
Retrospectiva voz que nos despierta.
Es como el alma de una cosa muerta
que vive presa de silencio agudo.
Hiere más, es más terco, raro y rudo
que la zarza en las rosas encubierta.
Lo mismo que el cerrojo de la puerta
que nos cierra las voces y el saludo.
El silencio se agacha entre la turba
y en lenguaje inaudible nos perturba
con la fuerza explosiva de una bomba...
No se sabe si es ancho, estrecho, corto,
largo... Se sabe que se queda absorto
quien perezca atrapado entre su comba.
371
VACÍO
El silencio es un hueco moribundo.
Sobre cuyos brocales, ¿quién solloza?
Charco de soledad donde se empoza
la corriente de un río nauseabundo.
No es ancho, ni sereno, ni profundo,
pero en él se sumerge la voz moza
de la joven conciencia que retoza
y se burla del bien de todo el mundo.
Este hueco, este charco, como mancha
se hace dueño del tiempo, si se ensancha
o busca un eco desde el pétreo fondo.
Este silencio, cada vez más parco,
traza las rutas de un inmenso barco
por su espacio minúsculo y redondo.
372
EL LLANTO
Frente a la tumba donde yace el llanto
,no con nostalgias de ilusión tropiezo,
sino que me arrodillo y canto un
¡Más bien le empino mi gozoso canto!
La paz del hombre ha padecido tanto
que a dudar de los místicos empiezo,
quebrando con martillos de bostezo
la mudez infernal del camposanto.
De ese llanto sin causa que a deshora
cierta parte infantil del mundo llora,
ni una pizca humedece el noble suelo.
Porque el llanto vertido sin decoro
nunca puede igualar el dulce lloro
de quien sufre de veras bajo el cielo.
373
DESDE MÍ MISMO
Nada importa que en vano me refugie
en las cosas de lujo que me compro,
y en silencio abismal mis penas rumie
respondiendo a los gritos que no oigo.
Nada importa que el ánima se angustie:
¡debo ser para el vulgo claro y sobrio!
Hay un tanto del hombre que me nutre
que a pesar que no es mío, lo remolco.
Nunca un mal ha podido ser perpetuo,
ni acepta más de un mal un solo cuerpo
sin morir bajo el peso que lo diezma.
Este mal se me va cuando lo sufro.
Parece que se asusta con mi triunfo
y toda la intención se vuelve neutra.
374
AMOR COMPARTIDO
Tengo un minuto de silencio, puro,
sincero, universal y compartido,
por esos acosados que se han ido
sin propia voluntad y con apuro.
La muerte se aparece con oscuro
antifaz de fantasma sin sentido.
Ha calculado para qué ha venido,
así traspasa el tenebroso muro.
Por eso sufro cuando un niño muere.
Un niño aporta lo que menos hiere:
la sonrisa en lugar de la violencia.
Para los seres que el recelo humano
no derrama las mieles de su mano,
¡cultiva su rosal la omnipresencia!
375
EL MENDIGO
Tras de burlarnos en su propia cara
vamos al templo a confesarlo al cura,
pero en el templo no hallaremos agua
para limpiarnos la inmensa culpa.
Para entender su soledad hambreada
preciso es ir a su intemperie muda;
hay que llegar a su arrabal sin casa
y compartir su callejuela sucia.
Acércate a su acera sin abrigo
y acaricia sus míseros despojos
desnudos de metálico egoísmo...
Al palpar su orfandad y su miseria,
sentirás que te grita por los poros
la voz de sal de su callada pena.
376
LÁSTIMA
Dulce muchacha de la risa triste
en nocturnal exhibición constante.
Vendedora escondida y ambulante
que al amor verdadero se resiste.
Te denuncia la gracia que te viste
—menos valiosa cuanto más brillante—.
La mano que te ofrece su diamante
es la misma que luego te desviste.
El torpe comprador a quien le vendes
no entiende tu penuria, ni tú entiendes
el gusto con que él paga tu penuria.
Te mira como a un vaso desechable
o una flor de papel... ¡Tan inestable
como el tiempo que dure su lujuria!
377
AL FILO DE LA MEDIANOCHE
La lluvia cae estrepitosamente
tocando el filo de la medianoche,
cuando la oscuridad es más oscura
y la distancia aúlla como un lobo.
En medio del temblor de tanto miedo
—la lluvia en alta noche siempre aterra—,
yo me escondo debajo de la colcha
y rezo, a no sé quien, un rezo largo.
Comprendo que no tengo quién me ayude,
porque el mundo se muere ensordecido
por las voces del tiempo y del tumulto.
Después de mi trasnoche interminable,
me asomo a la ventana y me ilumina
el sol encaramado en la montaña.
378
CONTRASTE EN LA MADRUGADA
Entre la sombra de la madrugada
y con el canto arrullador de enero,
felizmente camina un carretero
hacia donde dormita su boyada.
Al pie de la carreta, ya cargada,
enyuga y encuadrilla, muy ligero.
De allí despunta, sin narigonero,
rumbo a la pesa. Con la brisa helada
el rocío, en la paja, se congela.
De un caguazo contiguo, la candela,
un viejo esclavo de la zafra atiza.
Y, sobre el campo que la llama dora,
lentamente en el viento se evapora
el tibio resplandor de la ceniza.379
Caguazo: (cubanismo) Caña de azúcar de baja calidad.
EL POZO
Un pozo es un camino vertical
hacia la fuente de un país redondo.
Oscuro, estrecho. De perfil redondo:
Desde el mismo misterio del brocal
hasta donde comienza el manantial
hay un secreto indescifrable y hondo.
Bulle en su firme redondez, orondo.
El agua envuelve vibrador cristal.
No sé qué noria, con qué amor rural,
lo ronda siempre del pretil al fondo.
El pocero, ese artífice que cava
en piedra dura o movediza grava,
¡ya tiene su diploma de minero...!
Un pozo en realidad es una mina
con el oro del agua cristalina
que pule la paciencia del pocero.
380
AL OLMO LO SALVA UN SIGNO
“No pidas frutos al olmo.”
Bajo el toldo de un árbol frutecido,
un pillo, con maldad en la mirada,
experto en el pillaje y la pedrada,
apedreaba el ramaje, enfurecido.
No sólo le tiraba el muy bandido,
a la fruta en sazón y madurada,
sino que, de manera despiadada,
destruía el botón recién nacido.
Desde un olmo cercano, un labrador,
al ver la ingratitud del malhechor
murmuró con pesar: “Esto es el colmo,
este ingrato maldice de quien medra,
sin embargo, no tiene ni una piedra
con el fin de lanzarla contra el olmo”.
381
PUENTE
Si supiese el instante lo que ansía
su majestad el corazón, le diera
el dulce canto del jardín. Hiciera
centenares de ríos. Les pondría
—inventados de nueva fantasía—
bajeles de color de primavera,
o por un mar azucarado fuera
en larga y fascinante travesía.
Inventara una forma diferente
de juntar las orillas. Ola y puente
como mis ayudantes contratara...
Nada distante ha de quedar lejano
y bajo los dominios de mi mano
no habría división que no juntara.
382
IMPREVISTO
Armado de valor, de pico y pala,
cava un mozo infeliz en campo seco.
A medida que cava crece el hueco
y un húmedo vapor la tierra exhala.
La negra roca, donde el pico cala,
herida suelta la canción de un eco.
—La roca se deshace fleco a fleco
como una rosa que se despetala—.
Tira a paladas la deshecha roca,
con su polvo y su cieno, por la boca
del vacío cuadrado. El aire zumba
como tromba que baja de la sierra,
y el montón infernal de grava y tierra
sobre el ingenuo cavador, derrumba.
383
LA JACA
La jaca trota y trota, con lentitud se aleja.
Trota rumbo al mercado desde su gris manigua,
sobre su lomo herido lleva una albarda antigua,
sobre la albarda antigua lleva una alforja vieja.
Sobre la alforja vieja va un anciano; va y deja
su carga de ilusiones en la plaza contigua
a la iglesia del pueblo. La tensión amortigua
y por horas la jaca disimula su queja.
De regreso, en la tarde, de una carga distinta
viene llena la alforja. Por la pradera encinta
de frutos pasa un ave. Y tras la verde ceja
de monte, a la derecha, como un disco candente
que huyera de la noche que parece inminente,
sobre un potro de luz, el Astro Rey se aleja.
384
ROSA BLANCA
Rosa blanca, de mármoles y losas
—argénteo pájaro de tardes lilas—,
que en vuelos de lavadas clorofilas
despliega la belleza de las rosas.
Aun la rosa crecida entre las fosas
tañe fragancias como las esquilas.
Al entrar en su bosque, las pupilas
se turban de luciérnagas hermosas.
Se enflora de resol y, enajenada,
deja los pétalos en la cascada
donde lava los polvos del verano.
Vestida de rocío, se hace reina,
y la brisa olorosa que la peina
torna rosal de nieve el meridiano.
385
LA ABUELA
¡Parecen perlas sus callosas manos!
Con el rostro de dicha envejecido,
la nieve de la edad es como un nido
que anida nobles devenires canos.
Su vida se gastó en los cotidianos
quehaceres del tejer y del zurcido.
Su cuerpo angelical está curtido
por soles de benévolos veranos.
Las arrugas que afloran en su tez
son símbolos de honor de la vejez
—medallas concedidas al respeto—.
Su mirada se vuelve más alerta
cuando siente que tocan a la puerta
las sutiles manitas de su nieto.
386
EL TEIDE: FABULOSO MIRADOR
Arriba, espacio inmenso y azulino.
A un lado, milenarios murallones.
Al otro, de las viejas erupciones,
peñascos que vigilan el destino.
Distante, el horizonte cristalino
con luces de celestes dimensiones.
Las nubes pasan como embarcaciones
sobre el reflejo del azul marino.
Subyacente, ese mar de retamales
cubriendo los oscuros roquedales:
lava que los relentes han curado.
Al descender, con estupor, perplejos,
El Teide nos parece, allá, a lo lejos,
como un gigante gris petrificado.
387
EL PAVO REAL
Un día, en una feria, un pavo real,
haciendo ostentación de su belleza,
sus alas extendió con gentileza
y cubrióse los pies. En el corral
la admiración por él fue general:
lo creyeron un miembro de la alteza
de un reinado divino... Una rareza
de artístico esplendor ornamental.
¡Que cante el pavo real!, gritó un borrico,
y el lustre esmeraldino del plumaje
abriósele a manera de abanico...
Pero al oír su rústico lenguaje,
la fauna murmuró: “Que calle el pico
antes que arruine su vistoso traje”.
388
PÁJARO CARPINTERO
Picoteó laborioso al resistero
cual si tocase una perenne aldaba.
Con los golpes del pico perforaba
la corteza de un tronco. El agujero,
a manera de nido, en el madero
le sirvió de cobija: allí guardaba
olores de la piel de la guayaba
y esencias de la flor del cocotero.
Un reptil invadió su casa estrecha
y tuvo que marcharse sin amparo,
expuesto a los rigores de la flecha
que un mozuelo lanzaba en plena huida.
Mas, no murió por el hostil disparo
sino de ver su dignidad herida.
389
EL DICCIONARIO
Cofre que guarda la sabiduría:
Nos basta, por ejemplo, que se abra
y se lea el vocablo “abracadabra”,
¡ya con eso aprendemos fantasía!
Si queremos saber de astrología,
nos deja fascinado esa palabra,
y si pasamos a la voz “macabra”
lo que entendemos nos escalofría.
Este joyero del vocabulario,
en lugar de llamarse diccionario
debería llamarse caja de oro...
Porque su espacio, casi reducido,
es tesoro de un sol desconocido,
¡y amerita encontrar ese tesoro!
390
REFLEXIONES
“La cama del pesebre resplandece”
y termina la noche de la Tierra.
¡Hay cantares de paz! Pero la guerra
no demora en llegar... Y se aparece
al reinado de Cristo. Lo estremece,
avasalla a su pueblo, al niño aterra...
El hombre se hace el sabio pero yerra.
La torpeza lo obliga a que tropiece
y repite el tropiezo. Luego, un rezo;
se olvida del tropiezo y de la roca
y con la misma roca aquel tropiezo
se repite una vez cada segundo.
Y quiere así, que en su carrera loca,
lo salve el sabio Salvador del mundo.
391
LA PAZ
I
¡La paz! ¿Qué es eso? La predica el hombre
desde que Cristo anduvo por la Tierra,
pero el mundo ha vivido siempre en guerra
porque el hombre la inventa y le da nombre.
De la paz, sólo quiere que lo encumbre
sobre el triste que muere en el suplicio,
pero es la guerra su mejor oficio
y la lleva en la sangre por costumbre.
La paz ha de venir tan sólo cuando
el hombre no se alíe con el bando
que corrompe el ambiente con el robo...
La paz alcanzará su permanencia
el día que no exista divergencia
y la oveja perdure sobre el lobo.
392
II
Para lograr la paz entre la brusca
madeja que enredó la humanidad,
busca el hombre la luz de la verdad
¡pero no tiene fe cuando la busca!
Por eso vive en general conflicto,
se olvida del hermano colindante,
y creyéndose Juez, dicta arrogante,
su injusto, inapelable veredicto.
La paz está a la vuelta de la esquina.
Basta con deshacerse de la inquina.
No llevarse del prójimo las luces,
y cumplir simplemente ciertos puntos:
¡Que el hombre no ventile sus asuntos
con las palabras de los arcabuces!
393
III
Cuando sea la paz establecida,
y del justo reparto esté a la vera,
la debe hallar la humanidad entera
al pie del monte del amor tendida.
No tiene que formarse a la medida
de quien la parte de más oro quiera,
sino puesta a crecer de una manera
que dé al género humano plena vida.
Que proteja a los pobres y dé abrigo.
Que el perdón no haga falta ¡ni el castigo!
Que persista un fulgor de bienandanza.
¡Que terminen el odio y la lujuria!
y acabe para siempre esta penuria
que le cierra el camino a la esperanza.
394
TRAGICOMEDIA
Tragicomedia: Si la vida es eso,
comedia trágica hasta el mismo fin,
¿a qué se debe el infernal trajín
que tiene el mundo para ser avieso?
Si todo llega por normal proceso,
a nuestra meta, el ideal jardín,
el cuerpo pasa por un raro esplín
y no resiste el abrumado peso.
Así vagamos sin saber por qué,
el alma triste, la razón sin fe,
el tacto muerto, la mirada en otros.
Pero, al mirarnos a nosotros mismos,
nos asustamos ante los abismos
que nosotros abrimos en nosotros.
395
LA MONTAÑA DE LA VIDA
Una vida es igual que una montaña:
un día tras el otro la subimos;
al llegar a su cumbre recibimos
la luz divina que la meta baña.
En algunos, las fuerzas de las alas
no tocan de la altura los bautismos,
y mueren visitando los abismos
sin glorias, sin ascensos, sin escalas.
La montaña invisible cuenta cien
divisiones que forman el sostén
de su base de tiempos y peldaños.
Los que logren la gloria de la cima,
seguro que el Señor los aproxima
a la meta feliz de los cien años.
396
MEDIA CAMA
Entre mi esposa y yo quedó acordado
partir a la mitad cuanto existiera
en nuestra posesión, de esa manera
tomaba cada cual lo que ha ganado.
Hasta la misma cama hemos cortado,
pero, en vez de cortarla y que saliera
cada parte con pies y cabecera,
la cortamos de un lado al otro lado.
Pero ahora ella cuando verme quiere,
al ver mi triste posición de rosca
en mi fracción de cama, casi muere
de una risa burlona, mientras clama
que parezco una sierpe, por la tosca
manera de yo usar mi media cama.
397
SONETO DE MADERA
Construir un poema es muy sencillo:
bastan tiempo y espacio y una mesa;
un serrucho, unos clavos, un martillo
y unos cuantos maderos. Ya con esa
cantidad de materia y un cintillo
ayudan a sanear la parte gruesa.
Después una escofina y un cepillo
lo depuran un poco. Lo procesa
para darle figura, el ebanista...
Un poema es así: madera dura,
si no viene a salvarlo un estilista
que con tonos artísticos lo pueble.
Un poema sin alma y sin ternura,
en vez de ser poema es tosco mueble.
398
TU CORAZÓN NO ES CORAZÓN
Para admirar tu corazón de diosa,
quise abrirle a tu pecho una ventana;
tu corazón no es corazón, es rosa
que un jardín de ilusiones engalana.
Además de ser rosa es otra cosa:
no de sangre de corriente humana
que irriga de ternura venturosa
el marchito vergel de mi mañana.
Al quedar tu interior al descubierto,
ya sé que crece de tu ser un huerto.
¡Lo que late en tu ser es una flor!
Una flor que perfuma mi existencia.
Tu corazón es rosa cuya esencia
le embriaga los sentidos al Amor.
399
UNA BELLA
Tal un suspiro que tuviera un ala,
me enmielo con la abeja luminosa
que habita los palacios de la rosa,
la rosa que tu risa despetala.
Como un poema que tuviera escala,
me pierdo por la tarde primorosa
para darle mis versos a una diosa,
la diosa que tu sueño deshojala.
Herido de rebeldes primaveras,
a dos auroras del sutil rosal,
¡dos auroras divinas: tus ojeras!,
ya no queda más sol: el de tu paso:
¡con la aurora del lirio y del panal
me siguen las tinieblas del ocaso!
400
EL ASTRO REY
El Sol está tendido en su camastro
de plumas siderales, allí duerme,
pero no oculta, porque yazga inerme,
la magnitud universal de un astro.
Dormita o juega sobre el limpio rastro
sin que su fuerza omnipotencia merme.
El mundo acabará cuando se enferme
y quede convertido en alabastro.
Las estrellas se salen de su sombra
cuando este sol la inmensidad abarca
y hace con ellas rutilante alfombra.
No existe sombra que a su luz estorbe,
porque el Sol es el único monarca
que rige el reino colosal del Orbe.
401
CAMINO AL CEMENTERIO
Voy hacia él por el camino viejo
que se cansó de soportar mis pasos,
cuando, yendo camino a los ocasos,
buscaba el último fulgor bermejo.
Por lo pobre y sombrío del cortejo,
se ve que los amigos son escasos.
Los tiempos de prisiones y fracasos
no atraen como el goce y el festejo.
Nos quieren por los vinos y manjares,
pero en días de sombras y pesares
nos huyen, nos esquivan o nos dejan.
Lo demás ya se sabe: ¡pura historia!
Pero basta quedar en la memoria
de quienes se nos van y no se alejan.
402
TENTACIÓN
Muchacha deleitosa y casquivana,
por mis ojos intrusos descubierta
a través del cristal de la ventana
que dejaste en la noche medio abierta.
Como sintiendo una pasión profana
pusiste los sentidos en alerta,
y mostraste a la luz de la persiana
el marco semi abierto de la puerta.
Aunque era fácil alcanzar el lecho,
antepuse al ardor de los antojos
la inviolable pureza del derecho
—más segura que todos los cerrojos—.
¡El deslumbrante brillo de tu pecho
clausuró las ventanas de mis ojos!
403
EL POETA
Es mensajero del Señor, que tiene
en sus viñas fragantes y profusas,
el embrujo inviolable de las musas
y el rumor infinito de Hipocrene.
Tras el signo de luz de la sandalia
de cirios nuevos que calzó Pomona,
un misterio de ritmos lo eslabona
a las místicas ondas de Castalia.
Yo imagino que sube en su Pegaso
a repetir los encuentros de su lira
por la cumbre infinita del Parnaso,
y se llena de gloria, porque sólo
su numen colosal prende la pira
que alumbra el reino natural Apolo.
404
INVERNAL
Una noche de invierno, la más fría
la más larga del año, la más sola...
el fuego de tu sangre y de la mía
prendieron el instante. Con la estola
de mis besos tu gracia se cubría.
Te protegí del viento y de la ola
que azotaban el patio de la umbría
estancia de tu frágil amapola.
Tus labios, como idílicos otoños,
crecieron en románticos retoños
y tuve el néctar de tu cáliz tierno.
Quedé prendado del sutil vergel.
¡Por el recuerdo del momento aquel,
el alma goza de un otoño eterno!
405
EL REBAÑO
I
El día, con fulgor de primavera,
llegaba por el verde acantilado.
El color de la rica sementera
despertaba el instinto del ganado.
Al abrirse la rústica tranquera
no quedaba una res en el cercado;
aquel enjambre de las reses era
como un bibijagüero sobre el prado.
Después de ratos de pastar tranquilo,
el inmenso rebaño hallaba asilo
junto al fresco rumor de un arroyuelo.
Abrevaba en el agua cristalina
y se echaba a rumiar en la colina
bajo un sol detenido a medio cielo.
406
II
Al abrirse las tumbas de Occidente
se desordenan sol y meridiano.
El rebaño, uniforme y diligente,
se reagrupa y regresa al verde llano.
La misión repetida es complaciente
a pesar que el trasiego es cotidiano.
Distraído en la tarde opalescente,
el montero gentil, sonríe ufano.
Cuando llega la noche, aquella grey
a la afín mansedumbre del batey
con genial maestría pastorea...,
El pastor se retira a su casucha
y en la negra región solo se escucha
el ladrido de un perro que rastrea.
407
DESAFÍO
Señor, me desconcierta el desafío
con que llega Luzbel a vuestro establo;
en el instante mismo en que a vos hablo,
quiere atacaros con su hierro frío.
Si su furia os hiriera, Señor mío,
el Bien tendría que acosar al Diablo,
arrancarle el veneno a su venablo
y tirarlo en el pozo del vacío.
Es increíble que su mal se atreva
a concebir desde su oscura cueva
que el mundo debe dirigirlo Él...
Es fácil distinguir entre los dos,
al mundo debe dirigirlo Dios
sin la sombra maldita de Luzbel.
408
EL FUTURO
Si el pasado del mundo mal ha sido
responsable indirecto del presente,
¿quién le niega al futuro ser ausente
en un punto lejano y confundido?
Haciendo historia de lo no vivido
y pensar que la cosa está vigente,
es solo propio de un clarividente
que la senda futura ha recorrido.
Para el ente común, el tiempo sobra,
porque nada que vale le concierne.
Gasta la vida en perennal zozobra
y no ve la tormenta que se cierne
como signo inmortal sobre la obra
visionaria y febril de Julio Verne.
409
EL MILAGRO DE TU VOZ
Cuando regreso de escuchar tu canto
traigo tanta dulzura en cada oído,
que creo que mi huerto está llovido
por las nubes del cielo del encanto.
Y pudiera jurarte por Dios Santo,
que tu voz amanece en el sentido,
que me pone a vivir con su latido
y me cubre de dichas con su manto.
Tu voz es un lucero que reintegra
la quietud a mi ser que se abatía
en la noche más frígida, más negra.
Es brújula, es aliento y claro día
que al irradiar el horizonte alegra
un alma que en la sombra se perdía.
410
PARA HALLAR A MARTÍ
Para ver a Martí no es necesario
transitar por fastuosas avenidas,
porque todas las rutas conocidas
nos llevan al jardín de su ideario.
Para hablar a Martí el vocabulario
no requiere de frases escogidas,
pues tenemos aquellas aprendidas
en su hermoso y divino itinerario.
Para entrar a Martí basta con ser
un patriota que sigue su idealismo,
sin pasiones de fama o de poder...
Para oír su palabra hecha un crisol,
hay que emular su santo patriotismo
y morir por la Patria, cara al sol.
411
UN FALSO ADORNO
No creas que el sonoro consonante
tiene un puesto esencial en poesía.
Lo poético siempre está escondido
en la imagen sutil, en la rareza.
La rima solamente es una forma
endulzando el oído a quien la oye,
porque en lírica música nos hunde
aunque siga vacío todo el verso.
La rima viene ser como un arete,
un collar, un anillo, falso adorno…
¡o un túnico de pobre zurcidura!
Un poema medido y bien rimado
que le falte belleza en lo que dice
pasará sin saberlo, por el mundo.
II
Si la rima aparece simple y llana,
sin tener que vestirla de artificio,
412
es muy bueno acoger su beneficio
pues el verso con ella se engalana.
El ritmo de la lengua castellana
hace al verso rimado más propicio,
pero debe exhibir desde su inicio
la fuente virginal de donde mana.
La rima rebuscada o la que abunda,
se apodera del verso y lo circunda
como sombra de tiempo indeseado.
Si la rima no brota con limpieza,
resulta con más gracia la belleza
del verso que la rima ha rechazado.
413
PRIMAVERA
Amo la gracia de la enredadera
que, bajo el iris que la tarde flama,
asciende al árbol de la seca rama
entre el arrullo de la primavera.
En medio de amarilla sementera,
reverdece y enflora el panorama
mientras el cielo su fulgor derrama
y endulza mayo la campiña entera.
La fauna entona su canción montuna.
Los espléndidos rayos de la luna
quiebran la sombra de la rama herida...
La nueva savia sobre el árbol vierte
y viste la penumbra de la muerte
con la verde esperanza de la vida.
414
CUATRO SONETOS OBLIGADOS
No busques palabras cadenciosas
de un idioma castizo y estudiado.
Las praderas del trópico dan rosas
sin que nadie las haya cultivado.
Juan de Dios Peza
I
Cultiva la expresión con alto esmero,
que, limpia como brisa de verano,
toque la gracia del jardín lozano
y disfrute su embrujo mañanero.
Que parezca tu lira, de un jilguero
los trinares dispersos por el llano,
suavísima de esencia en el temprano
coloquio entre las mozas y el montero.
Por cada rosa que al rosal desprendas
haz que al fulgor de tu vocablo prendas
con voces de cadencias luminosas.
Pero sé bien sencillo, en su medida.
Para hablar de lo simple de la vida
no busques las palabras cadenciosas.
415
II
Sigue del río la corriente suave.
Contempla apasionado la grandeza
que nos deja, al pasar, naturaleza
con el vuelo y el cántico del ave.
La luna, arriba, cual celeste nave,
derrama su fulgor, y es una alteza
que ha dejado esculpida su belleza
en las alturas de la noche grave.
Sobre todo el encanto de natura
cantaron los poetas sin cultura
en verso libre y en renglón rimado.
Porque para cantarle al mundo bello
nunca el poeta se valió del sello
de un idioma castizo y estudiado.
416
III
Al suelo de su patria, esmeraldino,
cantó El Cucalambé con fresco arrullo
y no hubo un bardo que con más orgullo
comprendiera el dolor del campesino.
Con un nombre a la altura del Turquino
y un Cauto regalándole el murmullo416
desprendió de la espiga y del capullo
perfumes para el verso cristalino.
Con la miel del cafeto y de la caña
y esencias de la flor de la montaña
se puso a emborrachar las mariposas...
Dio rosas a Rufina en cada encuentro
pues, aun bajo el rigor de tierra adentro,
las praderas del trópico dan rosas.
418
IV
Por las anchuras que el planeta abarca,
¿quién el jardín universal cultiva
y en su forma distante y primitiva
refleja siempre su indeleble marca?
Lo mismo en la hortaliza del monarca
que en la huerta del pobre, una emotiva
fuente ha de iluminar la perspectiva
de todos los que habiten la comarca.
Los árboles crecidos forman monte
y con tintes de añil del horizonte
la cúpula despliega su bordado.
Por los valles del mundo y las riberas,
ceibas crecen, acacias y palmeras,
sin que nadie las haya cultivado.
418
GOTA A GOTA
No es la palabra que irascible brota
la que logra grabarse en otra mente;
es la palabra cadenciosa, ardiente,
la que nos deja su indeleble nota.
Se hace más en un año, gota a gota,
que en un solo minuto de torrente.
Nada vale un efluvio en una fuente
que está vacía, desolada y rota.
Pon un grano de arena y otro grano.
Dedícale a tu afán amor profundo,
mirando en cada prójimo un hermano.
Usa la savia de tu ser fecundo,
y habrás alzado con tu propia mano
el más hermoso pedestal del mundo.
419
DESENGAÑO
¡Desengaño! Jamás pensé que un día
el silencio sellara tu palabra,
y quedara en la sombra el alma mía
sin que esa puerta luminosa se abra.
Ya no siento tu voz con su armonía
regando el prado que mi sueño labra.
Nunca fue, de la espera, la agonía,
tan larga, tan terrible, tan macabra.
Hoy le pido al Señor como consuelo,
cual mendigo que pide su mendrugo,
alguna luz de tu abundante cielo...
Mas sucumbe mi vida en su desvelo,
porque darme esa dicha a nadie plugo
y queda trunco mi divino anhelo.
420
BRINDIS
¿En qué copa mejor que un soneto
brindarte puedo de mi afecto el vino?
¿Qué cristal es más limpio y más genuino
que el que se funde con un noble objeto?
Al hacerte este brindis, cuán inquieto
se me ha puesto este numen que domino,
que no es fácil servir licor tan fino
en cadenciosas cláusulas sujeto.
Pero si logro que esta copa empines
desde el fondo hasta el borde en sorbo largo,
dormirás tu embriaguez en mis confines...
Y tus sueños más hondos y más tersos,
sentirán en dulcísimo letargo
las catorce campanas de estos versos.
421
DIVINO HALLAZGO
Risueño amanecer de mi existencia
fuiste tú, que llegaste hecha canción,
trayéndome una aurora de ilusión,
de amor divino, de divina esencia.
Cuando yo dormitaba la inocencia
en la noche eternal del corazón,
vinieron a encenderme de pasión,
de tus ojos insomnes, la fulgencia.
Acabóse la noche en que yacía
sin tu voz, sin tu aliento, sin tu abrigo…
Y he soltado a volar mi fantasía
por el bello esplendor de mi pradera.
Ya me siento feliz porque contigo
es la vida un jardín en primavera.
422
TIEMPO Y DISTANCIA
El tiempo y la distancia no son nada
si esperando un amor el tiempo se ha ido;
esperando tu amor es que he vivido
y me llegas al fin, mujer soñada.
Me dijiste que sí una tarde alada
y nunca tan dichoso me he sentido;
lució como si hubiera florecido
un hermoso jardín por tu mirada.
Desde entonces tu sí, tu prometida
palabra de ser mía es claridad
que alumbra mi existir en esta vida.
Por eso cuando busco la verdad
del motivo feliz que en mi alma anida,
se me vuelve este sueño realidad.
423
MENSAJERA
¡Mensajera sutil!: Tu voz es fuente
donde el verbo romántico se posa,
como una iluminada mariposa
en vuelo sideral incandescente.
Gota de luz que se volvió torrente
a las quejas sublimes de una diosa;
acento de una lira cadenciosa
en riego musical intermitente.
¡Qué delicado este conjunto siento
cuando la reina mágica del viento
me la viste de lírico atavío...!
Para ver el feliz florecimiento
de tu huerto bañado de rocío,
yo me crezco con ímpetus de río.
424
DOS VERDADES
Me invitaron a entrar en un certamen
y he salido a cumplir a toda vela,
como alumno que va para un examen
en la tarde más dura de su escuela.
Si triunfara, presumo que me aclamen;
si perdiese, me iría con cautela,
pues temo que a mi pluma y mi velamen,
un mundo sin amor, les den candela.
Los que ganan, aun siendo con errores,
reciben entre aplausos delirantes,
diplomas y medallas y favores.
Los que pierden, aun siendo conocidos,
los llaman prematuros e ignorantes
y quedan para siempre escarnecidos.
425
LA MÉTRICA
Aunque suele negarlo la caterva,
en el arte, la métrica es un molde.
Cualquier verso creado nulo de ella,
se deshace raquítico y deforme.
Tal vez suene divino en la taberna,
si no sabe de verso quien lo oye,
pero, dicho en la alcoba del poeta,
se descubre enseguida por discorde.
Una simple cabaña sobre un cerro,
se construye basada en las antiguas
costumbres de los cálculos: el metro.
Un verso que no quede suave y limpio,
con todas las cadencias requeridas,
le rompe las escuadras al sonido.
426
A MI ESPOSA
Ocho lustros tenemos transitados
de todas las maneras concebidas,
con flechas en el alma y los costados
y escollos torturándonos las vidas.
Vivimos muchos días angustiados
al final de las rutas recorridas,
en un viaje de penas por los lados
de un valle de pasiones destruidas.
La senda ha sido larga, triste y dura,
por instantes, tan áspera y oscura
que fue túnel sin fin ante la suerte.
Mas, pidámosle al cielo lo Divino,
a ver si nos ayuda en el camino
que tenemos que andar hasta la muerte.
1991
427
EL TAJO
El alma tuve como un río seco
con un piso de piedras por debajo.
El pecho daba la visión de un hueco
de donde un árbol se salió de cuajo.
Marchéme a España, y en España un eco
de cadenciosa elevación me atrajo:
Sentí que el brazo colosal del Greco
pintaba un río del color del Tajo.
Entró en mis venas desbordado un río:
el río musical de aquel terruño
se hermanó con amor al tajo mío.
Ya no queda del hueco ni un rasguño.
Ahora canto y escribo a mi albedrío
como si el Tajo me pulsara el puño.
428
LA BANDERA CUBANA
La bandera cubana, mi bandera,
esa, que libre de rencor tremola,
perdura circundada por la aureola
que reúne los triunfos de una era.
La dignidad eternizó la hoguera
donde la Patria su valor inmola.
El agua del martirio la acrisola
con púrpura del tiempo, dondequiera.
Un mambí la vistió de patriotismo
y le dio la visión de lo inmortal
al rociarla con sangre de heroísmo.
Junto al mármol del limpio pedestal
se levantan las voces del civismo
que defienden la enseña nacional.
429
OÍR MUCHO Y HABLAR POCO
Al defecto de un hombre de hablar poco
lo salva la virtud de escuchar mucho.
Por medirme al hablar, no me equivoco,
y aprendo un poco si callado escucho.
Si hablara mucho me dirían loco
y en contra de esa desventaja lucho;
con lenguaje muy simple reciproco
a quien me educa para hacerme ducho.
Tenemos los dos oídos y una boca
para que oigamos más y hablemos menos,
o hablemos solamente si nos toca.
Hablar mucho no es causa para sabios,
pues siempre ciñen a inflexibles frenos
los corceles que trotan por sus labios
430
SONETO TRIDECASÍLABO
(Sin sinalefa)
Inspirado poeta, tus versos halagan.
La dulzura por ellos expuesta, sublima.
Interpreto que tienen cadencias. Embriagan
a los seres amantes del ritmo: la rima.
He notado que vibran, susurran, indagan
y recorren el vasto rosal de la cima.
Al sentirte, los astros sus luces apagan.
La voz tuya se torna fulgor de la prima.
Yo te diera, del peso del mundo, lo sano
y lo puro, que guarda la vida del hombre
indulgente, vestido de modo cristiano...,
si me dieras la forma divina del arte,
que prestigia tu pluma, tu numen, tu nombre,
y no pueden los sabios sin verso, quitarte.
431
LAS MANOS DE LOS CUADRÚPEDOS
Si en los cuadrúpedos existen manos
estas tienen que ser las dos traseras.
Notemos que sus patas delanteras
tienen rodillas, cual los pies humanos.
Con las patas de atrás suelen rascarse
y las patadas son sus manotazos.
Las patas delanteras no son brazos,
ya que las usan para arrodillarse.
Es obvio que hay un gran contrasentido:
la mano no es la pata con rodilla,
es la que tiene codo, ¿esclarecido?
No sé cómo explicarme de otro modo,
o de forma más clara y más sencilla,
que la mano es la pata con el codo.
432
¡AH!, LOS BÍPEDOS NO TIENEN PIES
¡Ah!, los bípedos; bípedos no son,
porque sus únicas extremidades
—las que resuelven sus necesidades
de movimientos o de traslación—
tienen sus codos y, en su animación,
las usan como “manos”. Son verdades
que el humano a través de las edades
nunca ha hecho tan clara distinción.
¡Cómo llamarles pies a los extremos
que claramente se les ven los codos!
¡Estas son manos!, porque como vemos
carecen de las clásicas rodillas…
¡Debiera ser muy fácil para todos
entender estas cosas tan sencillas!
433
MEDITANDO
¡Amor! Amor que todo lo redimes.
Virtud hermosa que al humano alienta.
Cuando el alma sucumbe en la tormenta,
en nuestras penas la bondad imprimes.
Con tu inviolable paz juzgas y eximes
de toda culpa al que una culpa cuenta,
y como antorcha tu razón sustenta
los principios más nobles y sublimes.
Porque amé mucho, en tus ternuras cupe;
y porque entraste en mí como un torrente,
de tus primicias y dulzuras supe...
Y sintiendo el placer de ser amado,
voy de tu influjo a la serena fuente
a posar mi suspiro enamorado.
434
MUJER-DIOSA
Diosa y mujer: Tu plenitud de rosa
se prolonga en la luz de tu sonrisa,
y en el piano sublime de la brisa
se difunde tu forma cadenciosa.
¡Tu palabra es tan bella y luminosa!
¡Tu mirada es tan honda y tan precisa!
Florece el suelo que tu planta pisa
y te sonríe el mundo, mujer diosa.
Así campeas entre lauro y cirio;
así te embriagas entre beso y lirio
al influjo sensual del sentimiento,
y florece tu amor en armonía,
por un bello jardín: tu fantasía.
y un manantial de luz: tu pensamiento.
435
HIJA ANA MARÍA
¡Cómo pasan los años! Aquel día
en que viste la luz por vez primera,
me hiciste muy feliz. Como si hubiera
amanecido en ti mi fantasía.
Te cantaron entonces la armonía
del valle, del arroyo y la palmera,
y el sublime vergel de mi quimera
retoñaba en mi pecho y florecía.
Al volver al pasado el pensamiento
y mirar el rincón donde naciste,
me pareces venida de algún cuento,
pues, tan irrealizable me pareces,
que toda aquella dicha que me diste,
agiganta el placer que ahora me ofreces.
436
DIANA
Para ser dulce es demasiado fina;
para ser buena, demasiado buena.
Luce gota de risa nazarena
o capullo de rosa que camina.
Es tan tierna, tan grácil, tan divina,
que parece de un alma ultraterrena;
su vocecilla-luz todo lo llena
en diminuta gracia qua fascina.
Cuando la tomo entre mis brazos viejos
ya quisiera enseñarle el buen camino;
ya quisiera decirle mis consejos...
Y al prevenirla de infecunda pompa,
la apretujo hacia mí con gesto fino
porque no se me caiga y se me rompa.
437
MI NIÑA INVÁLIDA
Mi niña vive inmóvil... a mi niña
no le importan las flores ni el perfume.
En un mundo muy suyo se consume.
No siente ni el halago ni la riña.
No le inquieta si llueve en la campiña,
que se aclare la atmósfera o se abrume,
que aparezca una estrella o que se esfume,
o que el cielo se tiña o se destiña.
Sin moverse, en su asiento mira absorta,
como quien busca un algo en un vacío...
Pero, ¿cómo sabré que no le importa
el mundo material que la rodea?
¿Acaso me demuestra su extravío
si puede coordinar alguna idea?
438
ANTONIO MACEO
Un siete de diciembre
Valiente General: Por la entereza
con que empuñar supiste tu machete,
es que salvaste a Cuba del grillete
y forjaste una Patria con grandeza.
Tus hazañas crecidas en nobleza
adornadas están de áureo ribete;
si peleabas en forma de jinete
brillaba en tu bravura la proeza.
Hoy, al cumplirse un nuevo aniversario
de tu muerte gloriosa en Punta Brava,
resplandece tu sueño libertario...
La bandera te llama como entonces,
porque está triste y sola y vive esclava
esperando tu brazo hecho de bronces.
439
NUNCA ES TARDE
En tus ojos se asoma la tristeza
de un amor no olvidado y ya perdido;
tu mirada me dice que has sufrido
y que amaste en la vida con terneza.
Fue tu amor tan profundo en su pureza
que no puedes echarlo en el olvido.
¿Acaso por lo mucho que has querido
quiere Dios castigarte con rudeza?
Yo no creo que merezcas sufrir tanto,
y si viertes por ello amargo llanto
alguien puede tus penas enjugar...
Y recoge de paso este consejo:
En amor y en amar nunca se es viejo.
Todavía hay tiempo de volver a amar.
440
INCENSARIO
Algunas primaveras he pasado
junto al rosal de tu cariño inmenso,
y mi amor no se apaga; es más intenso
cada vez que me tienes a tu lado.
Tú fuiste la ilusión, el bien soñado;
el ánfora, la llama y el incienso;
así me sublimizas cuando pienso
regalarte mi beso enamorado.
A lo largo del tiempo transcurrido
prodigando ternuras y caricias,
con amor sin fronteras me has querido.
Y es por eso que en cada aniversario,
más se crece el placer en mis primicias,
y más arde el amor en tu incensario.
441
CANTO MATERNO
Fue lo primero que arrulló tu cuna,
quizás cantado por tu madre buena;
canción sublime, inspiración serena
rebosada de gracia y luz de luna.
Luego, en la infancia, te llevó por una
ruta de dichas —existencia amena—
y no la viste como cosa ajena
porque volviese tu canción montuna.
Desde entonces la llevas en el alma
—arrullo tierno de la verde palma—,
espíritu emanado de la flor.
No la olvides, ultrajes, ni renuncies
a su encanto divino. No lo anuncies,
no te des a ti mismo ese dolor.
442
EXIGENCIA
Un soneto me exige un petulante
y piensa que me pone en un apuro.
No sabe que el soneto lo procuro
con la misma pureza del diamante.
Lo puedo componer en un instante,
pero quiero de todo estar seguro,
por eso las palabras no apresuro
y busco, cuidadoso, el consonante.
Para hacerle creer que soy un tonto
al tiempo de Violante me remonto...
Él goza cuando ve que no me llega
el terceto final. Ya se imagina
que me puede enseñar esta rutina
que Violante ensayó en Lope de Vega.
443
EL ESTRAMBOTE
Si un soneto requiere un estrambote
ya pierde su valor como soneto;
un hombre conocido por un mote
ya pasa de ser hombre a ser sujeto.
En las catorce líneas hay un brote
de verdadera concepción. Yo veto
la añadidura de cualquier bigote:
el estrambote, que parece un peto.
El estrambote lo inventó un poeta
que no le cupo su noción completa
en catorce jirones como es norma.
El estrambote para mí es un rabo
que viene a resultar en menoscabo
al clásico soneto y su actual forma.
444
UN SONETO ESTRAMBÓTICO
Añádele al cuarteto otro cuarteto:
Si logras dos cuartetos parecidos
ya puedes comprender por los sonidos
que lograste el dominio del soneto.
Le arrimas al terceto otro terceto
con cadencia agradable a los oídos,
y, si sientes que laten tus sentidos,
ya sabes que el poema está completo.
Mas, eso nada más, es tontería.
Luego debes ponerle fantasía
y hacerlo que camine por sí solo.
Debes ir en las alas de Pegaso,
recorrer las fontanas del Parnaso
y beber de sus linfas con Apolo.
Si después de acabado está confuso,
añade el estrambote (ya en desuso),
y te harás entender de polo a polo.
445
A UN ESTILISTA DEL VERSO
Explícame estilista del verso alejandrino,
cómo caza tu pluma las imágenes bellas.
¿Acaso te remontas a soles que, de estrellas,
barnizan las alturas sin barro del camino?
No habrá zonas lejanas que no sientan el trino
de tus aves canoras y sus hondas querellas.
Entrarás a la historia para cantar con ellas
las nuevas expresiones del glorioso destino.
Explícame, pocero del agua que te nombro,
si el peso que fatiga las cargas en el hombro
es parte de la carga que el Hado te acrecienta.
Explícame, joyero, si el verso que se parte
en crudos hemistiquios se puede llamar arte.
Explícamelo en versos y pásame la cuenta.
446
SIN DUDAS
En la casa vetusta del planeta
se aglomeran ateos y creyentes.
Esperan con oídos impacientes
la anunciada visita del Profeta.
Lo esperan el prosaico y el poeta
para verlo con ojos persistentes.
Cada cual entre dudas diferentes
lo ve por el abismo o por la meta.
El poeta le cree y así lo nombra
creador de la luz y de la sombra;
de la ruina fatal y de la fama;
de la gota de llanto y de la risa;
del violento simún y de la brisa;
de la lluvia sutil y de la llama...
447
SIN NADA
Yo quiero cuando me muera
sin patria pero sin amo…
José Martí
Después de proveerse con otros militares
de las armas mejores fabricadas en Prusia,
un soldado de América se fue a pelear a Rusia
del lado de los ricos; al mando de los zares.
Perdió la guerra inútil en los hielos polares,
cerca de la Siberia, por su falta de astucia;
al volver a su predio, con su avitualla sucia,
lavó sus uniformes con aguas de pesares.
Regresaba más viejo, más herido, más triste,
su casa había perdido; sus hijos, su mujer;
su patria ya no era la misma que él dejara.
¡Volver tras ese tiempo donde ya nada existe
no marca un fin seguro, pues es triste volver,
y volver a la estepa que ya ni Dios ampara!
448
INALÁMBRICA
Extraño tu palabra si no llega
por el hilo invisible del correo;
lejana como estrella azul te veo,
la luna de tu cielo casi ciega.
¡Cómo la luz de tu palabra riega
mi jardín agostado de ajetreo!
Me crece el corazón por el deseo
del agua que la vida ya me niega.
No me niegues tu río ni tu fuente,
ni te vuelvas un valle indiferente...
Mis pájaros se mueren sin nidales.
Permite que los ricos surtidores
que te llenan de lirios y rumores
fertilicen de nuevo mis eriales.
449
LA CAMPANA REPICA
A los viejos que pronto van a guardar el carro
en ese hueco oscuro que otros llaman garaje,
les advierto que es hora de dar el justo viaje
que dejaron dormido detrás de algún cacharro.
Como viejos, recuerden que hasta por un catarro
pueden perder de pronto su pellejo y su traje;
volvérseles de noche la aurora en el paisaje
y hacérseles el oro montañas de guijarro.
No esperen por el hombre ni por el sustituto.
¡Que si mueren ahora, o si mueren mañana;
que si mueren diez años a contar de este día…!
Escucha la campana, mi amigo, no seas bruto.
Tan sólo por un muerto repica esta campana.
¡Si puedes escucharla, no has muerto todavía!
450
EL VALOR VERDADERO
Pedirle al Hacedor felicidad
con amor para ti, no es pedir mucho:
tú mereces la dicha y mucho más,
la dicha deparada para el justo.
Tú mereces, por noble y pasional,
la dicha que produce todo el mundo.
A los seres que viven de agua y pan
la tierra los bendice con su arrullo.
Tú tienes que ser rica por ser buena,
tú tienes que ser buena por ser justa,
tú tienes que ser justa porque en esta
caminata terrena, con tu ayuda
alcanzamos la gloria que es eterna,
y adoramos a Dios que no se oculta.
451
INESPERADO ROSAL
Ni el mágico país que tuvo el cuento
de las Mil y una noches, me daría
este embrujo de inmensa fantasía
con que tú me engalanas el momento.
No sabes lo dichoso que me siento
al tener tu palabra y su armonía.
¡Ha tiempo que mi pecho no sentía
tan hondo-espiritual arrobamiento!
Con tus voces de arroyos y trigales,
viniste desde el sur de tus rosales
a mi estrella clavada en septentrión.
El mensaje poético ha llegado
como una mariposa que ha volado
desde las rosas de tu corazón.
452
LA ENVIDIA
Envidia es la planta que en el alma pobre
crece cultivada por la mala sombra.
Venenosa sierpe que en rastrear salobre
la razón socava; sinrazón se nombra.
Del Señor reniega si esculpida en cobre
la mostrara un templo con sutil alfombra,
pero a un Judas de oro lo coloca sobre
la virtud del cielo, su fulgor le asombra.
La envidia trabaja contra el buen ejemplo,
trepadora yerba que, si se enraíza,
destruye las bases del humano templo.
Debemos temerle porque, cual rescoldo,
prende la candela que nos carboniza
y queda encubierta con su falso toldo.
453
TUS OJOS
Tus ojos son dos cirios que del cielo
del austro descendieron cierta noche,
¡y era Dios que bajaba en un derroche
de estrellas y de llamas a tu pelo!
Entonces de la cumbre bajó un río
sobre caminos de incendiada roca,
y al sentir los rumores de tu boca
te dio el encanto de su murmurío.
Y fuiste rumorosa y danzarina
viajera del amor... Desde una esquina
del viento, caminaste hacia mis dalias.
Después te fuiste en desdeñoso giro...
¡Yo soy un soñador que, en un suspiro,
persigue el resplandor de tus sandalias!
454
HA MUERTO UNA MADRE
La muerte de una madre ¡duele tanto!
que rasga el pecho como herida dura.
Madre es esa que cubre de ternura
las horas de inquietud y de quebranto.
¡Que vuele el pensamiento al camposanto
donde hoy reposa inmaculada, pura...!
Allí se torna en manantial de albura
el suelo que se nutre con el llanto.
Su monte se pobló de siemprevivas;
sus árboles, de lámparas votivas,
atenuando la angustia que me puebla.
Es su última casa, augusta casa,
con un techo de estrellas que rebasa
los hollines del tiempo y de la niebla.
455
¿QUE SI TE QUIERO, AMOR...?
¿Que si te quiero, amor? Me lo preguntas
con gesto triste de desilusión.
¿Acaso no oyes a mi corazón
cuando tus besos a los míos juntas?
¿Que si te quiero, amor? ¡Cómo me asustas
cuando te pones a juzgar mi amor!
¿Acaso no oyes desde mi interior
el grito que te dice que me gustas?
¿Que si te quiero, amor? ¡Torpe sospecha!,
pues de tu amor me atravesó la flecha...
¿Que si te quiero, amor? Todas las puntas
del signo de Cupido, que venero,
te dicen que te quiero, ¡que te quiero!
¿Y todavía, amor, me lo preguntas?
456
PARA QUERERTE, AMOR...
Para quererte, amor, para quererte
como lo ordena el corazón amante.
Para sentirte cerca, para verte
reír ilusionada en todo instante...
Para aspirar tu aliento, para hacerte
un camino de flor, en lo adelante.
Para tener tu amor, para tenerte
como una fuente de pasión vibrante...
Tu paso sigo con delirio loco,
en cada cosa tu recuerdo evoco
y te juro mi amor hasta la muerte.
Para quererte así, tal sólo vivo.
¿Habrá quién goce de mejor motivo
para quererte, amor, para quererte?
457
GRACIA PLENA
Prendida de sublimes llamaradas
ardió su vida en voluptuosas horas,
como si hubiera, en un jardín de auroras,
recogido las ígneas pinceladas.
Nos dice de las cosas elevadas
que laten en las almas soñadoras
que han abierto con manos seductoras
las puertas de las nuevas alboradas.
Conoce el río que creció la lluvia,
gusta del monte que aparece altivo,
sabe del sol de la sonrisa rubia...
Aprendió con el canto y con la queja
la búsqueda de un sueño fugitivo
que está cercano cuando más se aleja.
458
EL ÁRBOL DE LA BANDERA
El árbol inmortal de la bandera,
para cada patriota da un retoño.
Sus flores del invierno y del otoño
son frutos de verano y primavera.
Del árbol de esta gloria, la madera,
excede en cualidades las del olmo.
Es leso criminal quien llegue al colmo
de querer consumirla en una hoguera.
Es Árbol que creció para que irradie,
no para darle una fogata a nadie
en el gesto fatal de inútil ira,
ni para ser consumo de la llama
de un deseo mezquino, aunque se inflama
de patriótico amor ¡como una pira!
459
A LA MADRE PATRIA
La genial intuición de un gran marino
en intrépido viaje hacia Occidente,
descubrió, de este embrujo esmeraldino,
la belleza vibrante y esplendente.
Al final del misterio ultramarino,
abrióse para el mundo un Continente
de exuberancia tropical, ¡divino
a los ojos del buen Clarividente!
Dotado del esfuerzo y la paciencia,
construye primitiva residencia
en la extensa campiña americana...
Y al sembrar en su suelo la semilla
musical del idioma de Castilla,
le creció árbol de la lengua hispana.
460
VENGO POR TI
He venido por ti, vengo inspirado.
Ya me cansé de que no estés presente.
Te quiero desterrar del subconsciente
y verte de perfil, maravillado.
Soy hombre, soy poeta enamorado.
La mujer me fascina intensamente.
Yo corro con locura tras la fuente
que ilumina mi sueño sublimado.
Te he venido a decir cosas sencillas:
estoy muriendo por amor de antojos
y pretendo vivir de maravillas.
No quiero que te crezcas en sonrojos;
no quiero que me sientas de rodillas
si vengo por tus labios y tus ojos.
461
ERES LA GLORIA Y LA ILUSIÓN, MUJER
Te vislumbran mis sueños como una
princesa del reinado de los cielos,
que ha vivido bailando sus desvelos
en el salón celeste de la luna.
Quizás pudiera descubrir alguna
que pretenda emular tus altos vuelos;
mas, quien sienta tu amor y tus anhelos,
sé que no voy a descubrir ninguna.
Tú naciste del sol, de sus fulgores,
y creciste en la esencia de las flores.
Eres llama de un nuevo amanecer.
Eres pan, eres paz, eres abrigo.
La bondad del Señor llega contigo.
Tú eres la gloria y la ilusión, mujer.
462
COLOQUIO
Estábamos tú y yo cerca del llanto,
de la noche divina bajo el peso.
Jamás me vi tan cerca del encanto
ni vi tan cerca, de tu boca, el beso.
Llorar es mi costumbre si no canto.
Es como limpio el corazón de exceso
de pesares, de angustia y de quebranto.
¿Acaso tú también lloras por eso?
El coloquio ya estaba hecho un destello.
Me parecía demasiado bello,
demasiado hondo... Se acabó el coloquio
como cosa que acaba de repente,
pero tú estás sin marchitar, vigente
en mi eterno y vibrante soliloquio.
463
MI DOLOR
Échame a mí la culpa, yo soy fuerte,
yo la puedo cargar, yo la resisto.
Acúsame si quieres de no verte,
de no verte sufrir como te he visto.
Acúsame de inerme; esa es mi suerte
—una existencia donde yo no existo—.
He de llevar mi cruz hasta la muerte
y morir sin blasfemias, como Cristo.
Yo tengo mi dolor, dolor muy mío.
Es la irrealización de lo que ansío;
ansia sublime que ha quedado trunca.
Así se gasta, sin cesar, mi vida,
en un perenne desangre por la herida
que no veré cicatrizada nunca.
464
NIETA LAUREN
Menudita y sutil, como un capullo
de rosa sin abrirse todavía,
es tu risa de arcángel un arrullo
que supera en acordes la armonía.
Te contemplo extasiado con orgullo
—es orgullo de abuelo, nieta mía—,
y te quiero decir en un murmullo
lo mucho que ha crecido mi alegría.
Tu llegada me abrió brillantes puertas,
que, para entrar al mundo de la fe,
jamás imaginaba ver abiertas...
Y, como ahora por ti feliz camino,
le he pedido a la suerte que te dé
el tesoro más bello del destino.
465
DOS BANDERAS
Hoy icé la bandera americana,
con legítimo orgullo, en el alero
de mi vieja morada; el mundo entero
la admira por gloriosa y soberana.
Y mi heroica bandera, la cubana,
la puse a tremolar sobre el cantero
de mi eterna ilusión, porque no quiero
que muera sin mi beso, allá en La Habana.
Esa estrella con franjas; ese hechizo,
un mañana que veo muy cercano
adornará otra vez mi colgadizo.
Que el hecho de sentirme americano,
no ha mermado mi amor y no deshizo
el derecho a existir y a ser cubano.
466
DESDE EVA
Desde el bíblico tiempo de Adán y Eva,
alcanzó la serpiente un digno espacio
lo mismo entre las plumas de palacio
que entre rocas hirsutas de la cueva.
La serpiente sensual es la que lleva
insinuante ante Adán el ceño lacio
y la grácil figura que, en despacio
gesto, desnuda cada vez más nueva.
La serpiente se tiende junto a él
y le enciende y provoca el cascabel
en sus noches eróticas y ardientes.
Después de consumado el acto erótico,
regresa con su atuendo más exótico
al nido donde incuban las serpientes.
467
FAMILIA DE LAS AVES
Hubo días que fueron las serpientes,
como los pájaros, con bellas alas,
y anduvieron por todas las escalas
de las regiones entre continentes.
Sobre lagos de fuego y lava ardientes
hicieron nidos entre hirsutas balas
y defendieron de unas fieras malas
sus pichones de cobras inocentes.
En la edad que brillaron los reptiles
eran cuerpos con almas muy sutiles,
compañeras de santos y de brujas,
que salían llameantes de las rocas
mostrando la negrura de sus bocas
y dientes afilados como agujas.
468
SERPIENTE CLOROFILA
Atado junto al cuerpo lleva un haz
de aquietadas serpientes venenosas,
tan adorables en sus mismas cosas
que se confunden con la misma paz.
Hay veces que las suelta en el solaz
de su patio, entre lirios y entre rosas,
y allí conversan con las mariposas
que adornan de la tierra la gris faz.
Al verlas con la piel rosada o lila
o el verde o el azul… el clorofila
brillante de la tarde se nos pierde.
Las serpientes, al sol que reverbera,
ondeantes como mares sin ribera,
hacen la tarde una culebra verde.
469
SENSUAL
Toda la fuerza del amor se inflama
cuando en Eros intrépido se anuda
la serpiente del sexo y se desnuda
Afrodita en el blanco pentagrama.
Lo dulce del veneno que derrama
la serpiente del poro que más suda
hace que un dios universal acuda
y queme los inciensos de la cama.
La serpiente, muy rítmica y sensual
tanto en la carne como en lo ideal,
según leyendas de la prehistoria…
sostienen una estrecha relación
con los deseos de la excitación:
¡el efímero instante de la gloria!
470
SON OVÍPARAS
La serpiente procrea cual las aves
y de ovales estuches, los embriones,
salen las serpentinas. Los pichones
antaño fueron de plumillas suaves.
Tiempos de fratricidios, días graves,
dieron a las serpientes maldiciones,
se fueron a silbar en los panteones,
exentas de sus plumas y sus naves.
¡Pero el huevo está ahí!: la suficiente
historia de que el ave y la serpiente
estuvieron, ha siglos, hermanadas
por la misma costumbre de alto vuelo.
Por eso ahora hay que pedirle al cielo
que deje a las serpientes liberadas.
471
NIDO DE VÍBORAS QUE DIOS JUNTA
Cuando en “nido” se piensa, se figura
un remanso de paz dulce y sagrado,
donde todo es de idilio consumado
bajo la luz de la esperanza pura.
Pero hay nidos de víboras en dura
piedra que conduce a pozo helado,
donde queda el pudor petrificado
y la noche se vuelve una locura.
Las serpientes son nobles, pero, juntas,
para verles los cabos y las puntas
hay que buscar la punta por el cabo.
Una vez que separes cada pieza
por los ojos verás que la cabeza
en nada puede parecerse al rabo.
472
CHUPANDO EL PEZÓN
Hay la leyenda extraña del majá
—especie de serpiente del Caribe—
que fresca leche con placer recibe
del lechoso pezón de una mamá,
si a su hijo en la noche el pecho da
quien recién ha parido y se lo exhibe.
A dormir con su hartura en el aljibe,
tras chuparle la leche, después va.
Leche y sangre se roba del pezón
lo cual provoca la desnutrición
del hijo que, famélico, se cría
¡sin saberlo la madre, que, inocente,
ha nutrido en su pecho una serpiente
en vez del hijo que nutrir debía!
473
DIABÓLICAS CULEBRAS
Tu nombre, por sí solo, es el modelo
de cúmulos de honor que da la gloria.
Quien ponga piedras en tu trayectoria
sólo entiende el camino a ras de suelo.
Donde la gloria de tu voz es vuelo
no llegan ni la infamia ni la escoria.
No es igual darle vueltas a la noria
que darle vueltas al color del cielo.
De sus cuevas de fango y egoísmo,
las voces del rencor y del cinismo
sacaron sus diabólicas serpientes...
Pero tú, que con águilas transitas,
¡las conviertes en mil estalactitas
y te sirven de hamacas relucientes!
474
SERPIENTE PITÓN
La serpiente se asocia con el Diablo
pues alguna maldad el alma encierra
desde lo más indigno de esta tierra
hasta lo más sublime de un establo.
Parece que el veneno del vocablo
ha descendido desde la alta sierra
y en negra celosía el alma cierra
tras cerrojos de espina y de venablo.
¿Por qué tanta desidia y tanto horror?
¿No fueron la serpiente y el amor
matrimonio casual desde el origen?
Aquí vemos en marco transparente
que el rostro virginal de la serpiente
nos refleja la cara de una virgen…
475
EVA REPETIDA
(Por el día del amor)
En el principio de la humanidad
una idea brotó de Adán por Eva;
en el fondo sombrío de la cueva,
el amor incendió a la oscuridad.
Al paso de los tiempos —de la edad—
el amor crece a diario y se renueva;
desde ayer su virtud sutil nos lleva
hacia esos mundos de felicidad.
Ha pasado en la vida más de un evo
y en Amor continúa un niño nuevo
(el alma del amor es siempre nueva).
Los mismos pedestales se le erigen
al grandioso misterio de su origen,
porque en cada mujer repunta Eva.
476
LA PALMA REAL
Como faro prendido en la llanura
—esplendente de sol y clorofila—
bajo el fuego del alba, su pupila
se dilata en el río que murmura.
Cuando llega la noche, la negrura
que el verde de los árboles trasquila,
cada penca es cual ojo que vigila
la distante región, desde su altura.
En el punto elevado de su antena,
descubre la borrasca que resuena
tras el denso barómetro de mayo...
Y resiste, inmutable, su veranda,
la furia que en el trópico desanda
el dueño de las nubes y del rayo.
477
ESTAMPA CAMPESTRE
Un toro de Don Pancho está perdido
y ya se presupone que esté muerto;
ni su can oteador ha descubierto
el punto donde estuvo desvalido.
Solamente las auras, en sentido
circular, han de darle punto cierto;
dos días han pasado; monte abierto
le muestra la verdad, y (adolorido,
desliga la ternera de la vaca)…
monta don Pancho su briosa jaca
y galopa hacia el fondo del potrero.
Se agotan la esperanza, la paciencia…
y padece don Pancho en impotencia
el fastuoso festín de aquel aurero.
478
RECORDANDO A ROSQUILLA
Unión de Reyes tuvo su viandero
con el nombre sonoro de Rosquilla,
quien colocaba sobre su rosilla
los cerones con vianda. Bodeguero
ambulante. De malanga amarilla
y todos los productos del sitiero,
aquel lomo rosillo era un venero
de melones de agua y de Castilla.
En frutas no faltaban mamoncillos;
ciruelos verdes, blancos, amarillos;
¡ah!, y la muy cubanísima batata
(el boniato). Y sus hablas picarescas:
Traigo, señoras, mis posturas frescas
y está mi yuca que se desbarata.
479
A QUIEN PUEDA INTERESAR
Yo no digo que tengo si no tengo
pero desdigo a los que tienen trono
y ostentan lujos que no van a tono
(acordes con su rango, su abolengo).
Si yo digo que tengo, lo sostengo
con firmeza y razones que pregono,
esas visiones que me dan su abono;
a lo que pueda suceder me atengo.
No me va a distraer quien vano diga,
ya sea que me ofende o me bendiga
y diga que posee industrias tales…,
lo que tengo lo tengo bien logrado;
en los muros del tiempo recostado,
reviso las opuestas credenciales.
480
CONGRESO AVIAR
Hay tantas golondrinas en el foro
que la viña se va quedando pobre;
no sé qué van hacer con tanto cobre
cuando retome su prestigio el oro.
Ha de cerrar su pico el torpe loro
cuando sobre su pluma nada obre;
el ancho mar, en su plañir salobre,
remedará en su canto al tocororo.
Y, entonces, a vestir a la lechuza
y al búho con linajes de gamuza
y atavíos de plumas de un zorzal.
La inmensa envidia por la codorniz
es que duerme en el suelo y es feliz,
¡y que mande la granja el pavo real!
481
SOY POETO
Si ciertas encantadas poetisas
insisten en decir que son poetas,
habrá que convertir varias facetas
y dejarlas usar nuestras camisas.
Iremos a los misos y a las misas
a confesar secretos y secretas,
y si las profetisas son profetas
dejarán de existir las profetisas.
Si las cosas se cambian de esa forma,
contrarias al sentido de la norma
del correcto decir y del respeto...
Yo le juro a Cervantes, por San Pablo,
que he pensado inventar otro vocablo:
desde ahora diré que soy poeto.
482
DIOS PERVERSO
La gente, con un credo santurrón,
pretende apaciguarnos tanta fiebre;
yo no creo en la Virgen del pesebre,
en Cristo, ni en milagro, ni en Sansón.
Yo entiendo en la primera creación
quien creó el universo: el gran orfebre;
no es justo que a cualquiera se celebre
por hechos de tan simple dimensión.
Mucho antes del cuento de la mula
y la Virgen y el niño... ¡se calcula
que millones de años!... Universo
fue creado por Dios Omnipotente.
Y apenas ha dos siglos, rara gente
ha venido a crear un dios perverso.
483
NAVIDEÑO 2019
La gente se ha cansado de lo mismo,
se ha cubierto el pinar de marabú,
vencido por la sombra y su tabú,
reciclado por burdo dogmatismo.
No teniendo otra forma de lirismo,
lo conforma una flauta de bambú;
dormido han la paloma y el sijú
en el muerto rosal del fanatismo.
En este mismo mundanal terreno,
lo malo, a veces, nos parece bueno
(depende de la plata con que brilla).
Y, si en el cielo el marabú creciera,
el hombre encontraría la manera
de sembrar en su predio su semilla.
484
REYES MAGOS
Me dijeron de chico que los Reyes
Magos bajaban por la chimenea,
y les puse en el piso azul batea
que llenaba la noche de mameyes.
Junto a esta dejaron unos bueyes
con su arado de hierro; una tarea:
esa obligada asignación que crea
el mismo ente con “divinas” leyes.
Y aré la tierra y la sembré de todo
lo que daban los reyes. De ese modo
me enteré del misterio y los halagos
de esta historia sutil de los camellos,
cuando, crecido, me junté con ellos
y yo fui uno de los “Reyes Magos”.
6 de enero de 2016
485
EL POLÍTICO CRIOLLO
Recuerdo que un político cubano,
en tiempos de reñidas elecciones,
a gentes en terribles condiciones
se llegaba estrechándoles la mano.
Ofrecía de todo, y siempre ufano:
carreteras, caminos y mansiones;
“hemos de mejorar los barracones
y las míseras chozas”: yagua, guano.
“Vamos a hacerles elevado puente
para que pueda transitar la gente
bien desde el uno al otro caserío”.
Aquí su subalterno se le acerca:
y le dice: “Señor, no hay ríos cerca…”.
“¡Pues entonces fabríqueles un río!”
486
EN BLANCO Y NEGRO
Trataré de escribir este momento
como si mi recuerdo más sangrante
fuera una pesadilla, que, ignorante,
continúa negando lo que siento.
Arrugada la nuez del pensamiento
me anula lo que fuera ya distante;
yo asumo, en la derrota, vacilante,
el antídoto amargo y polvoriento.
Pueden juntarse el cielo con la tierra
y cambiar nueva ruta de proyectos
de un águila real que un ciclo cierra.
Mas nunca olvidaremos los efectos
que les causan al monte y a la sierra
la plaga de los hombres, como insectos.
487
DEL TIEMPO
Voy rigurosamente en contraataque
voy incansablemente en defensiva,
si lograra encontrarme a la ofensiva
fuera entonces más fácil el ataque.
Quizá nunca el ataque se me aplaque
y bajo el mismo ataque siempre viva
no entiendo si culpar por la deriva
a los vientos que sopla el almanaque.
Si a la saga que apila tanto lastre,
al hacerse inventario del desastre
en catástrofe anónima deviene….
El resultado irrumpe en todo clima
y les pasan al tiempo por encima;
el mismo tiempo, ni su tiempo tiene.
488
ES DE MATAS
Hoy ha venido un podador de matas
a podarme, de mango, el árbol mío;
mi cuerpo se cundió de escalofrío
cuando trepaba por el palo, a gatas.
Los podadores son como las ratas,
van detrás de la presa: lo sombrío;
lo arengo a que inmunice el sitierío
cundido de un millón de garrapatas.
Cada vez que me podan este palo
es el año siguiente año muy malo
en producción, el árbol que refiero.
Yo, cerca de mi estancia no querría
a quien venga a matar la mata mía:
¡matadores de matas no los quiero!
489
PARA DECIR PADRE
Si digo padre pienso en bien: aludo
que quizá no ha llegado a ser abuelo,
ni han crecido las canas en su pelo
que reclamen bastón perdido, mudo.
Recuerdo que mi padre siempre pudo
levantar dura carga en cualquier suelo,
y quien fue para mí un padre modelo;
para todos en casa: estrella, escudo…
Cuando al fin llegó a ser abuelo y padre,
cierto día expresó a mi anciana madre
que sus tiempos febriles se habían ido.
Y empezaron sus sueños por las cañas
(los bastones) que suben las montañas
y ayudan a bajar las que han subido.
490
EL DIÁLOGO
Yo pienso que la luz siempre salió
de fuertes discusiones, en la historia;
cerrar justa salida a la oratoria
es cortarle el camino al “tú” y al “yo”.
Callarse porque al “otro” no gustó
una falta que es sólo transitoria,
es ponerle un vacío a la memoria
y nunca descubrir ¡dónde se erró!
Aquí pega la historia bien sabida
de esconderse debajo de la arena
por no ver las miserias de la vida.
El mundo debe abrir más ese puerto
a la palabra que perdió la escena
cuando quien discutía cayó muerto.
491
LA TIERRA
La Tierra es un suburbio de trabancos
que cualquier día de estos se despeña
desde un nuevo Himalayas de alta peña
y cae cual pedrisco en sus barrancos.
Al mundo entero llenará de mancos
con vida temporaria, muy pequeña,
y sólo ha de tener como gran dueña
la muerte que vistió de lirios blancos.
No se sabe si acaso los poetas
podrían emigrar a otros planetas,
porque, en contra del caso de Noé,
la creencia del Ser es muy distinta:
¡ya la Natura no se queda encinta
con el simple milagro de la fe!
492
GANDHI
Gandhi quiso estudiar en Inglaterra:
se propuso graduarse de abogado;
con altos porcentajes fue graduado
(una especie de sabio de su tierra).
Su patria liberó sin hacer guerra
ni ser del cristianismo un rescatado,
ni ser del opresor un doblegado,
ni terrorista que al humano aterra.
Un día, al almorzar junto a los tercos,
su profesor le dijo: ¡Oiga, los puercos
nunca ves con las aves almorzando!
Y Gandhi respondió con gran aplomo:
Pues si tal es el caso, aquí no como:
¡querido profesor, me voy volando!...
493
DIEZSILÁBICO
Matamos tiempo mientras nos mata.
este es un tiempo que no se muere,
o tiempo muerto que más nos hiere
cuando matarlo gris sombra trata.
Matamos tiempo de forma ingrata
sin conocerlo si así os lo quiere,
porque la vana ambición sugiere
que tiempo herido no nos delata.
Tampoco pienso que mis catorce
renglones breves la ley escorce,
las dimensiones que se procuran.
Así que pienso que quien lo mate
ha de estar muerto cuando le trate
las mil edades donde lo apuran.
494
CARTEREADO
Robaron a mi amigo en Buenos Aires
una cartera en que tan solo había
unos papeles de inferior cuantía;
almacén de recuerdos y desaires.
Huyó de allí el sujeto con desgaires;
fue chatarra infeliz lo que valdría,
cuyo importe no sé a qué llegaría;
al paso de las noches y otros aires.
Nunca tuve que ver con tal evento
pero de pronto me observó violento
habiéndole sido yo niño muy manso.
En la noche castigo cruel me puso:
a que roncara sin cesar me impuso
y le ronqué a su amigo sin descanso.
495
CANTO CÉLICO POR EL NIÑO DE LAURA
Columpia, Laura, en el azul columpio
de algodones y gasas de tu vientre,
un niño blando donde se enternece
la ninfa desvelada del Danubio.
Un niño blando, como el alba, puro,
traído de la mano de algún duende,
del monte, del rocío y del relente
acariciado de un ensueño pulcro.
Parece, Laura, angelical, tu niño;
¡cómo le tiendes colorida alfombra
bajo el techo de soles de tu nimbo!
¡Deja que cante desde estancia bella,
la que lo mira cuando se te agolpa
la sangre de tu río en cada vena!
Julio 13, 2019
496
YO LO HICE
¿Has oído hablar, tú, del tal Mar Rojo?,
¿quiénes pintaron su profunda agua?,
¡fuimos yo y un pintor de Nicaragua
que superar a Goya fue su antojo!
Otro mar (el Mar Negro) con enojo
lo pinté de pintura de majagua,
sobre inestable y rústica piragua,
y ayuda de un pintor cegato y cojo.
Un día me enfadé con el Mar Muerto,
y la muerte le di cuando su puerto
me negaba que anclase en su bahía.
Luego nos escapamos hacia el Bósforo
yo y mi novia, que ardía como fósforo
y nos dieron refugio allí, en Turquía.
497
TORNERO
Si este joven tornero sigue en torno
a su padre el tornero, y torna bien,
no tengo dudas que será también
un gran tornero para su contorno.
Este tornero no será un bochorno
para quien a tornar lo enseñe. En
los talleres del padre ya lo ven
como torna su idea en un adorno.
Espero que si en todo sigue al padre
haga las cosas que mejor le cuadre,
y si acaso le nace escribir verso,
que no lo haga como sacrificio
sino como descanso del oficio...
¡que del arte no vive el Universo!
498
ELOGIO DE UNA MADRE
A mi amigo Francis
Al morir nuestra autora se nos cae
el infinito espacio, igual que piedra
de un muro que vestía verde hiedra,
y el más amplio horizonte se contrae.
Ya nada nos envuelve o nos distrae;
nada en los riesgos este viaje, medra;
la más mínima angustia nos arredra
(que nada, por muy bello, nos atrae).
Ya no se oye en los vientos la guitarra;
ruin nudo en el garguero nos amarra;
callan las voces de armonioso timple…
Todo paso que damos torna en grave
consecuencia la vida, ¡y ya sin llave
afrontar el camino no es tan simple!
26 de agosto de 2018
499
NUESTRO ANIVERSARIO 67
A Eloísa
Cada día que pasa más me admiro
de haberla conquistado como esposa;
si aquel día la vi dulce y hermosa
hoy la siento que vive en mi suspiro.
Es más, puedo añadir que no deliro
si dijera que es alma de una diosa
que en las alas de excelsa mariposa
aún es un vuelo sobre azul retiro.
Ya en momentos difíciles, ya fáciles,
ha sido pródiga, de gestos gráciles;
dispuesta para regalarme el hombro…
¡Ya tras sesenta y siete años de unión,
entre las sombras de este corazón
no puedo menos que sentir asombro!
Agosto 25, 2018
500
ASEDIO
Ya no me quejo más. Ya no habrá forma
que me pueda servir de algún remedio,
quejarse algunas veces es el medio
del que ya, sin remedio, se conforma.
Enfermedad no admite formar horma,
que es en la vida como un falso tedio
que buscamos usar como un asedio
contrario a lo que ya perdió́ su norma.
Pero en la oscura noche vi un destello:
agarré a la serpiente por el cuello,
la arrastré por el suelo malherida.
A rastras se escapaba, moribunda;
allí la rematé, porque la inmunda
no merece ni un átomo de vida.
Junio, 2021
501
DESASTRE
Aquí vedme tranquilo, en este banco
donde duermo mi sueño más profundo,
hasta ver como el dueño de este mundo
lo despeña del tiempo en el barranco.
Si la faz terrenal quedase en blanco
o se convierte en lodazal inmundo,
entonces ya en el último segundo .
pudiéramos a Dios hablarle franco.
Cuando el huerto se torna en marabú
nada como hablarle a Dios de tú a tú,
lejos de intrusos y de intermediarios
que repartan parcelas en compendios.
No se puede acabar con los incendios
mientras servimos a los incendiarios.
Junio, 2021
502
CAMBIO DE PERSPECTIVA
En el principio imaginé a la muerte
confiable, dependiente, evolutiva,
con pena como esta, quien la viva,
la muerte resultaba mejor suerte.
Pero me dije: mira, que has de verte
sin tener otra opción en perspectiva
de encontrar una senda regresiva,
porque la muerte nunca se revierte.
Entonces decidí darle otro paso
diferente, camino hacia el ocaso,
haciendo cambios en velocidad.
Total, allá dispongo de bastante
tiempo para matar a ese gigante
que es conocido por Eternidad.
Mayo, 2021
503
MI NOVIA JARDINERA
Eloísa, mi esposa, cumple años,
y yo le cantaré de madrugada
lo mejor de mi lírica tonada,
exento de ñoñeces y regaños.
Reconozco de cerca sus amaños,
distinto a conocerla de pasada,
y ya sé que, de oírles su balada,
ha podido dormir a mis rebaños.
En los anafes hechos para mí,
me tuesta cucuruchos de maní
mi Eloísa, mi novia jardinera,
que con relentes del atardecer
ha enseñado las nubes a llover
y enjardina mi sueño a su manera.
Mayo 31, 2021
504
LOCURA COMPARTIDA
Un psiquiatra tenía su demente
y empezó a contagiarlo la locura,
pero aquella locura prematura
desarrolló en locura permanente.
Entonces, por acuerdo del docente,
viendo que él mismo requería cura,
del hombre más cercano la procura
y de docente se volvió un paciente.
Y mucho tiempo, sin mayor urgencia,
fue escena de locura compartida
el techo de la misma residencia.
A veces por razón desconocida
debemos apartarnos de la ciencia
y ahondar en las raíces de la vida.
Mayo, 2021
505
VISIONARIO
Allende noche fría, sin contacto
que tanto vidrio universal imanta,
hay un vacío colosal que espanta
y cualquier infinito es inexacto,
me vacío mis aguas por el cacto
de secaos y piedras que diamanta,
en donde canta la paloma y canta
la corriente del río, más exacto,
y la moza cerril carga su cesta
la madura eclosión de la floresta,
y canta el gallo de la madrugada...
allí me encontrarás (sonriente gozo),
mirando en lo profundo de mi pozo
estrellas de la noche, constelada.
Mayo, 2021
506
LA TOLERANCIA
Llega el momento en que la tolerancia
se agota, como todo en la existencia,
a pesar que hagas uso de paciencia
hasta la más extrema circunstancia.
Tolera quien conserva una distancia
entre ambiente sereno y la violencia;
es el vivir en paz con la conciencia,
pero darle a tu signo su importancia.
La tolerancia es parte de una ciencia
que rinde frutos para la indulgencia
y te estrena el impulso en consonancia.
No requiere de mucha inteligencia,
sino de dualidad, y que en su anuencia
te hagas acreedor de una constancia.
Mayo, 2021
507
DIVORCIO CON RENUNCIA
Ha terminado al fin nuestro divorcio
de veinte abriles de un concubinato,
(equivale a quererse sin contrato)
pero termina siendo buen consorcio.
No hay ataduras como en matrimonio,
ni el más mínimo gesto de un regaño,
en lo que se contrata siempre hay daño,
puede meter sus manos el demonio.
Para no sumergirla en desconcierto
yo la puse a creer que yo era muerto
y con la muerte todo se termina.
Nadie nunca envidió su azul oscuro
me dio varios problemas, se los juro,
pero en verdad extraño mi Lumina.
Mayo, 2021
508
EL VEGUERO Y SU VEGA
Antes habrá de echarse el semillero
y esperar a que nazcan las posturas,
se trasplantan a surcos sin honduras
para que libres crezcan. El veguero
las calza con llovizne mañanero,
verdín y abono, desbotonaduras,
cuando las hojas ya lucen maduras
van, del corte, al encuje y secadero.
Llega el momento del despalillado,
remojo en cocimiento de empalado
y untado, con ron y miel oscuros.
Al fin viene planchado y escogencia
de la rama que tiene más esencia...
¡para que la elegancia inhale puros!
Mayo, 2021
509
UN CANARIO EN CUBA
En Cuba ves los pesos a patadas
(isla situada allende el oceano,
les contaba el viajante cotidiano
a los hijos de las Afortunadas.
Así fueron canarios en manadas
a la espléndida tierra del cubano,
(los criollos llaman, al dinero, guano
o yira) entre sus formas alocadas.
Este canario sale hacia La Habana
y se amanece en Cuba una mañana
con brisas del Caribe, y el canario
halla en el muelle un peso, lo patea:
¡ya empiezan a joderme!, y se recrea.
¡Nunca más en el piso vio un erario!
Mayo, 2021
510
BASADO EN UN CUENTO
A don Guillermo, el de la esclavitud,
mucho esclavo fingía estar enfermo:
“Yo sentirme muy mal. amo, no duermo,
angustia horrible quiebra mi salud”.
Un sanitario ordenóque un ataúd
se colocase afuera, en patio yermo,
y le dijo en voz alta a don Guillermo:
“Mañana, a los más graves de actitud
los mata y hace un caldo bien caliente
y alimenta a los sanos, muy paciente”;
todos, o cada cual, llevóse al hombro
su apero de trabajo. En poco tiempo
todos estaban bien, sin contratiempo,
y la hacienda creció, con gran asombro.
Mayo, 2021
511
NO ES IGUAL PERO PARECIDO
Si el tomar es lo mismo que el beber,
yo me tomo esta rosa, me la bebo,
y de aquí me saldré como mancebo
por los caminos de otro amanecer.
Ya con todo ante mí para “yo ver”
todas las cosas como verlas debo,
en su espacio veré rayos de Febo
y en mi ardiente solar “veré llover”.
Si ya todo el tumulto se calló
y hasta el más elevado se cayó,
nos sentiremos sosegados hasta
que el amor a la patria nada mine,
y por siempre los aires ilumine
la bandera que amamos en el asta.
Mayo, 2021
512
EL GRAN ENGAÑO
Felicia se fue al pozo de la fe
y vino con un cubo de fe loca,
pero la fe cobarde se le apoca,
vacía regresó por lo que fue.
Para encontrar lo que buscaba se
necesita tener mente de roca,
pero de la locura que disloca
esa que, por abstracta, nadie ve.
La fe ha de mirarse como a un muro
que existe terco, irracional y duro
y le cierra la entrada a la verdad.
Que llega tarde o la que nunca llega,
que toda luz a la verdad le niega,
¡el gran engaño de la humanidad!
Abril, 2021
513
SOMBRA Y LUZ Y VICEVERSA
Los chinos dicen que nosotros hemos
ya heredado lo oscuro de esta tierra,
donde se instiga al odio y a la guerra
y nos vamos a todos los extremos.
Pero también nosotros acá vemos
que a ellos un horrible mal aterra,
y que a toda injusticia los aferra:
“allá no tienen lo que aquí tenemos”.
Yo no le encuentro solución al caso,
mientras ellos están en pleno ocaso
nosotros disfrutamos plena luz.
A todos igual sombra nos embarga,
y cargamos, iguales, la igual carga,
la miserable carga de igual cruz.
Abril, 2021
514
PERSECUCIÓN
Le persigo los pasos a su sueño
que sueña lo mejor de Navidad,
a pesar que los días de la edad
carbonizan la aurora con su leño.
Este mal nada tiene de pequeño:
ya llega al punto de calamidad;
ni Dios con su infinita Potestad
se presenta con cara de risueño.
Vivimos un presente sin futuro
pues el día resulta más oscuro
donde la noche se retira, negra.
La luz no la posee nadie, nada
sugiere coloridos de alborada…
¡y la idea más nimia nos alegra!
515
EL GALLERO
Angelito, el mulato, era gallero
y mozo de labranza de papá,
disponible al minuto si mamá
requería limpiar el gallinero.
Un día se asomó bajo mi alero,
me regaló un gallito, desde ya
era una parte de mi hacer allá
el gallístico lance dominguero.
Lo preparamos para la batalla,
un domingo la cita fue la valla
en contra de cenizo más experto
que además parecía ser “untado”,
fue un único revuelo y el malvado
¡dejó por tierra, mi gallito, muerto!
Abril, 2021
516
ALUCINACIÓN
El pozo de la vida es muy profundo
y por ir hacia el fondo las querellas
discuten cual si fuesen mil doncellas
en tropeles de un ruido tremebundo.
Cuando mis ojos en sus aguas hundo,
no más busco el fulgor de las estrellas
que descendieron como ninfas bellas
desde cielo que abarca nuevo mundo.
Bajé desde el brocal al mismo fondo
y vi que en él, su azul claro y redondo
en vez de aguas inmensas es la mina
que ponen en las manos del pocero
las diosas fulgurantes de un lucero
dueño de alguna fuente diamantina.
Junio, 2021
517
BOTIJA DE ABUELO PANCHO
Abuelo Pancho fue de Gran Canaria
y en Cuba pensó hallar fácil erario
que dejase escondido algún corsario
desde oscura leyenda centenaria.
Aun de anciano iba, en obsesión diaria,
abriendo hoyos en su entorno agrario,
persiguiendo un tesoro imaginario
de una historia ya vuelta legendaria.
Abuelo nunca halló aquella botija
que procurara con su mente fija
como el más anhelado de un tesoro.
Pero obtuvo, al final, en la vejez,
un preciado tesoro, la honradez,
brillantísimo y caro como el oro.
Mayo, 2021
518
ESTA PIEDRA
No sé desde dónde arrastro esta piedra,
quizá desde la fecha, o la hora
de un ancla de aureola
choqué con ella.
No voy a tropezar jamás con esta,
me dije al verla triste y loca,
te meteré por horma
bajo protesta.
Me la llevé colgada a dondequiera,
la protegí junto a la choza
de toda la floresta...
Ahora es ella misma quien tropieza
conmigo, se hace sombra
¡y cae muerta!
Abril, 2021
519
¡ESTE RÍO!
Al río San Andrés —novillo gacho—
las lunas le bebió mi potro pinto,
cruzaba por la finca el Laberinto
como si fuera trovador borracho.
Esta ermita de agua donde agacho
mi espíritu a rezar, es mi recinto,
una jaula de sol de un astro extinto
que ilumina de nuevo mi penacho.
Aquí quedó la primavera encinta
de una rosa que debe ser distinta
a las tantas que ya parió Natura...
He logrado mi sueño: desde ahora
arriendo los balcones de la aurora
¡para oír cómo el río este murmura!
Abril, 202
520
MI EPITAFIO
(Para usarlo 10 años más tarde)
Aquí yace el poeta don Francisco,
apellidado Henríquez, sin más sello:
sin medallas colgándole en el cuello
y más fibras de dócil que de arisco.
Francisco del arado y del aprisco,
que buscó de la vida lo más bello.
No vivió destellado en un destello
ni creyó merecerse un obelisco.
A los que leen mi epitafio ahora
también les llegará la misma hora
teniendo que vivir igual angustia.
Es hora de que escriban su epitafio
a no ser que les toque un cenotafio
bajo cipreses de enramada mustia.
4 de enero, 2010
521
Fredo Arias de la Canal, presidente del Frente
de Afirmación Hispanista con sede en México,
entrega a Francisco Henríquez la medalla de
Premio José Vasconcelos. Sentadas a izquierda
Eloísa Henriquez, esposa de Francisco y Arleen
King, esposa de Fredo. Extrema derecha don
Odón Betanzos Palacios, Director la Academia
Norteamericana de la Lengua Española,
con sede en Nueve York.
12 de octubre de 2005
El mismo día 12 de octubre de 2005, don Fredo
Arias de la Canal, de pie, con su esposa Arleen
King. su derecha Francisco Henríquez.
Revista Norte dedicada Francisco Henriquez,
premio José Vasconcelos, Miami, 2005.

Francisco Henriquez visita a la poeta Carilda
Oliver Labra, en su hogar en la ciudad de
Matanzas, Cuba, junio de 1998. Carilda es
Premio José Vasconcelos 2002´.
Cinco ganadores del Vasconcelos: Brígido
Redondo Domínguez, México, Rodrigo
Pesántez Rodas; Ecuador, Francisco Henríquez
Dominguez, EUA-Cuba.,, Odón Betanzos
Palacios, EUA-España, Alfonso Larrahona
Kästen, Chile.
.Recibe la Medalla Mérito Cultural
del Gobierno de Telde, en la isla
Gran Canaria, Canarias, 2013.
Visita su lugar de origen. En el río San
Andrés, Finca El Laberinto, Unión de
Reyes, Matanzas, Cuba.
Juan Ruiz de Torres, premio José Vasconcelos
2004. Fue un poeta, narrador y ensayista español.
Después de una carrera como profesor e ingeniero
principalmente, se dedicó a la promoción cultural
desde 1980, en la Asociación Prometeo de Poesía,
y a la creación en poesía, narrativa y ensayo literario.
Fecha de nacimiento: 13 de julio de 1931.
Fallecimiento: 24 de abril de 2014
Manuel de la Puebla, España 1924-Puerto Rico 2021
Premio José Vasconcelos, 2001.
BIOGRAFÍA.
Bárcena de Campos, Palencia (España), 1924.
Reside en Puerto Rico. Dr. Estudios Hispánicos.
Profesor universitario de Literatura (jubilado).
Fundador, director (1979-1999) de la revista
y ediciones Mairena, revista Julia (2000). Crítico
ensayista, cuentista, antólogo. Colaborador del.
I.R.P.E. Caballero Orden de la Encina, Miembro
Honorario, A.P.P. Pasó su juventud en Argentina.
Poemarios publicados: "Unos apuntes líricos" (1972),
Presentación / 11
En la vetusta Casa del Planeta
I / 14
II / 15
III / 16
IV / 17
V / 18
VI / 19
VII / 20
VIII / 21
IX / 22
X / 23
Sonetos de fe
I / 27
II / 28
III / 29
IV / 30
V / 31
VI / 32
VII / 33
VIII / 34
IX / 35
X / 36
XI / 37
XII / 38
XIII / 39
XIV / 40
Romance entre patos
En el patio floridano de Ana y Frank. Bajo el techo de la tarde / 43
La cosecha / 44
En el séptimo día / 45
El proceso / 46
Sigue el proceso / 47
El parto / 48
Pariendo / 49
El primer aventurero / 50
La primera experiencia / 51
Erotismo vegetal
Papayo / 55
Evolución vegetal / 56
Erotismo vegetal / 57
La enredadera / 58
El musgo / 59
El maíz / 60
Los jagüeyes / 61
El cacto / 62
Gestación / 63
La chayotera / 64
Erotismo senil
Erotismo senil / 68
Rapto / 69
En el baño / 70
Un nido / 71
Violado / 72
Aventura / 73
Inmaterial / 74
Nocturnal / 75
Recuerdo / 76
Búsqueda / 77
Camino de Belén / 78
Sublimación / 79
Éxtasis de medianoche / 80
Primorosa / 81
Afiebrado beso / 82
Ex profeso / 83
¡Esta dama...! / 84
Sexo / 85
Sonetos de la Buena Muerte
I / 93
II / 94
III / 95
IV / 96
V / 97
VI / 98
VII / 99
VIII / 100
IX / 101
X / 102
XI / 103
XII / 104
XIII / 105
XIV / 106
XV / 107
XVI / 108
XVII / 109
XVIII / 110
XIX / 111
XX / 112
XXI / 113
XXII / 114
XXIII / 115
XXIV / 116
XXV / 117
XXVI / 118
XXVII / 119
XXVIII / 120
XXIX / 121
XXX / 122
XXXI / 123
XXXII / 124
XXXIII / 125
XXXIV / 126
XXXV / 127
XXXVI / 128
XXXVII / 129
XXXVIII / 130
XXXIX / 131
XL / 132
XLI / 133
XLII / 134
XLIII / 135
XLIV / 136
XLV / 137
XLVI / 138
XLVII / 139
XLVIII / 140
XLIX / 141
L / 142
La Conquista de América
I / 145
II / 146
III / 147
IV / 148
V / 149
VI / 150
VII / 151
VIII / 152
IX / 153
X / 154
XI / 155
XII / 156
XIII / 157
XIV / 158
XV / 159
XVI / 160
XVII / 161
XVIII / 162
XIX / 163
XX / 164
XXI / 165
XXII / 166
XXIII / 167
XXIV / 168
XXV / 169
XXVI / 170
XXVII / 171
XXVIII / 172
XXIX / 173
XXX / 174
XXXI / 175
XXXII / 176
XXXIII / 177
XXXIV / 178
XXXV / 179
XXXVI / 180
XXXVII / 181
XXXVIII / 182
XXXIX / 183
XL / 184
XLI / 185
XLII / 186
XLIII / 187
XLIV / 188
XLV / 189
XLVI / 190
XLVII / 191
XLVIII / 192
XLIX / 193
L / 194
LI / 195
LII / 196
LIII / 197
LIV / 198
LV / 199
LVI / 200
LVII / 201
LVIII / 202
LIX / 203
LX / 204
A José Santos Chocano. “Autóctono cantor de América” / 205
Adioses a personajes y cosas caídos
A Pablo Neruda / 209
A Juan Pablo II / 210
A Octavio Paz / 211
A Libertad Lamarque / 212
A Rafaela Chacón Nardi / 213
A Heberto Padilla / 214
A las torres gemelas / 215
Fábulas / 218
Poetas locales / 219
Vendemos propiedades... / 220
Creencia / 222
Soy patriota / 223
Ocho sonetos a un poeta tinerfeño
I / 227
II / 228
III / 229
IV / 230
V / 231
VI / 232
VII / 233
VIII / 234
Otros sonetos
Tríptico en homenaje / 237
Reflexión en tiempo de Navidad / 240
Cuando corría el año 2096 / 241
¡Navidad! / 242
La casa de Dios / 243
Cuando un año comienza / 244
Tiempos oscuros / 245
Todo viene de Dios / 246
¡Se espera otro diluvio! / 248
El mensaje desoído / 249
La hora umbría / 250
Como un divino colmenar... / 251
Navidad tardía / 253
Bendición de la hecatombe / 254
Cuando parta / 256
El pozo de la vida / 257
Remedio para volver a La Habana / 258
José Martí / 260
La Mariposa / 262
El Tocororo / 263
La Palma Real cubana / 264
El avispero / 265
La cueva / 266
La piedra / 267
Esa puerta / 268
Valparaíso / 269
Estampa de monte adentro / 270
Ceremonial / 272
Espacial / 273
Purificación / 274
Perspectiva / 275
Miel de bien / 276
El ciclón / 277
No hay paz posible / 278
Presumir a costa ajena… / 279
Todo tiempo pasado parece mejor / 280
Abrumamiento / 281
Al Quijote y Sancho Panza / 282
Seis del mes seis del año seis / 283
Mercedes Matamoros / 284
El vaso perdido / 285
La mujer del piojoso / 286
Coge el cubo y vamos / 287
Para ser poeta / 288
Rimar bien o no rimar / 290
El vigía / 295
Símil del mar / 297
Llueve / 299
Fantasía / 300
La mordedura / 302
El avaro / 303
Tríptico a Coatepeque / 304
Las tres medallas / 307
Lo transitorio / 308
A Miguel Hernández / 309
Ceguedad / 310
El lobo / 312
El Niño / 313
Tríptico / 315
La choza / 318
Muerte y resurrección de la tarde / 319
Naufragio mar afuera / 320
Iluminados vuelos / 321
Sismo / 322
Suicidio del río / 323
Un raro río * / 324
Tiempo tormentoso / 325
A mi Patria / 326
Estas canas / 327
El hombre es sólo un átomo / 328
El hombre / 329
El torrente / 330
El trueno / 331
Milagro / 332
Sin hora / 333
Perdónalos, Poesía / 334
El terruño / 335
Y tuyo / 336
Idilio / 337
El carbonero / 338
Máxima / 339
El amor es todo... / 340
Ella... siempre ella / 341
Recuerdos / 342
Yo soy / 343
La espina / 344
¿Cardo santo...? / 345
El fósforo / 346
¿Paz o guerra? / 347
Cuando muere un poeta / 348
¡Rosa roja...! / 349
La noche / 350
Corriente subcutánea / 351
La tarde va descalza / 352
¿Qué es poesía? / 354
Sombra / 355
Tu voz / 356
El sol / 357
La luna / 358
Claridad nocturna / 359
¿Qué busco? / 360
El poder de la musa / 361
Al revés / 362
La constante evolución del agua / 363
Secuestro / 364
Para soñar / 365
Evolución del amanecer / 366
Encarcelado / 367
La poesía / 368
Poetas de verdad / 369
Inquietud / 370
El silencio / 371
Vacío / 373
El llanto / 374
Desde mí mismo / 375
Amor compartido / 376
El mendigo / 377
Lástima / 378
Al filo de la medianoche / 379
Contraste en la madrugada / 380
El pozo / 381
Al olmo lo salva un signo / 382
Puente / 383
Imprevisto / 384
La jaca / 385
Rosa blanca / 386
La abuela / 387
El Teide: fabuloso mirador / 388
El pavo real / 389
Pájaro carpintero / 390
El diccionario / 391
Reflexiones / 392
La paz / 393
Tragicomedia / 396
La montaña de la vida / 397
Media cama / 398
Soneto de madera / 399
Tu corazón no es corazón / 400
Una bella / 401
El Astro Rey / 402
Camino al cementerio / 403
Tentación / 404
El poeta / 405
Invernal / 406
El rebaño / 407
Desafío / 409
El futuro / 410
El milagro de tu voz / 411
Para hallar a Martí / 412
Un falso adorno / 413
Primavera / 415
Cuatro sonetos obligados / 416
Gota a gota / 419
Desengaño / 420
Brindis / 421
Divino hallazgo / 422
Tiempo y distancia / 423
Mensajera / 424
Dos verdades / 425
La métrica / 426
A mi esposa / 427
El Tajo / 428
La bandera cubana / 429
Oír mucho y hablar poco / 430
Soneto tridecasílabo / 431
Las manos de los cuadrúpedos / 432
¡Ah!, los bípedos no tienen pies / 433
Meditando / 434
Mujer-diosa / 435
Hija Ana María / 436
Diana / 437
Mi niña inválida / 438
Antonio Maceo / 439
Nunca es tarde / 440
Incensario / 441
Canto materno / 442
Exigencia / 443
El estrambote / 444
Un soneto estrambótico / 445
A un estilista del verso / 446
Sin dudas / 447
Sin nada / 448
Inalámbrica / 449
La campana repica / 450
El valor verdadero / 451
Inesperado rosal / 452
La envidia / 453
Tus ojos / 454
Ha muerto una madre / 455
¿Que si te quiero, amor...? / 456
Para quererte, amor... / 457
Gracia plena / 458
El árbol de la bandera / 459
A la madre patria / 460
Vengo por ti / 461
Eres la gloria y la ilusión, mujer / 462
Coloquio / 463
Mi dolor / 464
Nieta Lauren / 465
Dos banderas / 466
Desde Eva / 467
Familia de las aves / 468
Serpiente clorofila / 469
Sensual / 470
Son ovíparas / 471
Nido de víboras que Dios junta / 472
Chupando el pezón / 473
Diabólicas culebras / 474
Serpiente pitón / 475
Eva repetida / 476
La palma real / 477
Estampa campestre / 478
Recordando a Rosquilla / 479
A quien pueda interesar / 480
Congreso aviar / 481
Soy poeto / 482
Dios perverso / 483
Navideño 2019 / 484
Reyes Magos / 485
El político criollo / 486
En blanco y negro / 487
Del tiempo / 488
Es de matas / 489
Para decir padre / 490
El diálogo / 491
La Tierra / 492
Gandhi / 493
Diezsilábico / 494
Cartereado / 495
Canto célico por el niño de Laura / 496
Yo lo hice / 497
Tornero / 498
Elogio de una madre / 499
Nuestro aniversario 67 / 500
Asedio / 501
Desastre / 502
Cambio de perspectiva / 503
Mi novia jardinera / 504
Locura compartida / 505
Visionario / 506
La tolerancia / 507
Divorcio con renuncia / 508
El veguero y su vega / 509
Un canario en Cuba / 510
Basado en un cuento / 511
No es igual pero parecido / 512
El gran engaño / 513
Sombra y luz y viceversa / 514
Persecución / 515
El gallero / 516
Alucinación / 517
Botija de abuelo Pancho / 518
Esta piedra / 519
¡Este río! / 520
Mi epitafio / 521
Desde el cósmico umbral de la memoria, «Antología de sonetos» de Francisco Henríquez, ha sido publicado por Ediciones Deslinde en Madrid en 2021, gracias al auspicio del Frente de Afirmación Hispanista, A. C., México. Tirada inicial: 500 ejemplares. Tanto la edición impresa como la versión digital de esta obra, y otros títulos de Deslinde, pueden adquirirse en el sitio web: www.edicionesdeslinde.com
Los textos vendrán más tarde
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